Sé lo que hiciste...

Querido diario,

Que situación tan absurda. Llego a casa y en lugar de salir a mi encuentro, Samy se decida a pedirme perdón a su manera, lo que consiste en huir de mí, tirarse en el suelo panza arriba, agachar las orejas y poner cara de "yo no he roto un plato en mi vida". Es decir, que como puede, me está diciendo: "ya sé que lo he hecho mal, pero no me riñas". Así que entro en casa, dispuesto a encontrar vete tú a saber qué destrozo, y nada. Nada de nada; todo está bien, o al menos todo lo bien que estaba cuando nos fuimos esta mañana. Pero claro, es más que evidente que ha hecho algo mal, y ella lo sabe, así que me encaro con ella, la miro con cara de mala hostia, le pego un par de gritos y me doy la vuelta, fingiendo enojo; aunque a ella no se lo parezca, es una situación bastante cómica. Y llevo diez minutos ignorándola, aunque creo que debería ya hacerle caso, porque hoy se ha pasado todo el día sola. Intuyo (es lo único que se me ocurre) que lo que ha hecho ha sido pegarse una siesta encima del sofá, lugar que tiene terminantemente prohibido, pero creo que ya es suficiente castigo...

Por cierto. He cambiado el logo, después del polémico comentario hecho ayer. Claro que eso no tiene absolutamente nada que ver, pero el anterior llevaba ya mucho tiempo y me apetecía algo más "limpio"; este es mucho más sencillo, aunque quizá se pase un poco. Como mínimo, no puede negarse que es bastante evidente, ¿no te parece?

Hasta luego, tú.

Dieciséis de julio

Querido diario,

Lo que hoy te voy a contar no te va a gustar. Empezaré diciendo que no me considero una persona racista, a pesar de que todas las personas que no se consideran racistas comiencen a menudo diciendo justo eso; tampoco voy no obstante a caer en la corrección política. En cualquier caso, es mi experiencia personal. Hoy he pasado aproximadamente media hora al teléfono intentando explicarle a cuatro operadores de Telefónica, uno tras otro y en llamadas independientes al 1004, que tengo puestas dos reclamaciones correspondientes a dos facturas diferentes y que quiero saber en qué estado se encuentra la primera, ya que una de ellas ya está resuelta. No consigo hacerles entender esa sencilla cuestión, ya que insisten en asociar la devolución que se ha hecho del importe de la segunda factura a la primera factura, a pesar de mis reiterados intentos de convencerles de que se equivocan y explicarles de la manera más sencilla la duda que les planteo. La cuestión, y aquí viene el meollo, es que los cuatro eran, a decir por su acento, de origen sudamericano, y ninguno de los cuatro parecía entender lo que les decía.

Estoy seguro de que hay muchos sudamericanos capaces de desempeñar correctamente el trabajo de atención al cliente de Telefónica y cualquier otro que les pongan delante, por difícil que sea, pero mi experiencia personal hasta la fecha es que de cada diez llamadas atendidas por personas de esta "nacionalidad", nueve no consiguen gestionar mi problema correctamente, y no sólo eso, sino que tampoco me dan una respuesta satisfactoria. Más bien al contrario, lo habitual es que cada uno de ellos me de una respuesta diferente a las anteriores. Y la verdad, tengo bastante trato con los servicios de atención al cliente de las grandes empresas (ONO, Telefónica, Endesa, Gas Natural, Iberdrola, etc.). No sé (ni me importa, sinceramente) si es incapacidad personal, falta de formación interna o problemas en los procedimientos internos de Telefónica, pero este tipo de problemas y falta de claridad (a veces hay dos reclamaciones, a veces una, a veces ninguna, a veces la han devuelto, a veces se reembolsa por transferencia, otras por cheque, otras por descuento en la próxima factura...) es algo que no suele producirse cuando me atiende alguien con acento español.

A pesar de que mi pareja comparte mis experiencias, y más de un compañero de trabajo, me resisto a pensar que esto es algo generalizado, aunque me ponga en guardia con sólo oir el acento. Por hoy, desisto de hacerme entender. Mañana volveré a llamar, a ver si la persona que me coge el teléfono, haya nacido donde haya nacido, es capaz de darme una respuesta coherente al problema que tengo de una puñetera vez.

Hasta luego, querido diario.

Catorce de julio (II)

Querido diario,

Hola de nuevo; hoy es la segunda vez que escribo, aunque esta tarde no ha sido demasiado productiva. La somnolencia y el malestar me han hecho quedarme en casa, y aunque el pañuelo de papel y yo seguimos siendo tan íntimos como solíamos serlo años atrás, creo que me encuentro algo mejor; me sigue doliendo ligeramente la cabeza, pero menos que este mediodía y desde luego menos que esta mañana. Tampoco me encuentro tan agilipollado, y supongo que las casi tres horas de siesta han ayudado en eso. Desgraciadamente, y como era de esperar, no he disfrutado de ellas, sino que me he levantado sudando, para variar. Todavía no sé si mañana por la mañana estaré en condiciones de ir a trabajar, aunque espero poder ir por la tarde o el miércoles como muy tarde.

Como decía, no he aprovechado demasiado la tarde. En realidad, el día en su conjunto ha sido bastante estéril, excepto en su vertiente más excretiva (¿?), por decirlo de alguna forma. He estado leyendo cómo el Gobierno estadounidense nacionalizaba el quinto banco más importante del país, Indymac, y cómo parece que el "efecto subprime", si quieres llamarlo así, está muy lejos de acabarse; Fannie Mae y Freddie Mac lo saben muy bien. Por supuesto, aquí quien pierde es principalmente el ciudadano de a pie; muchos se han hecho multimillonarios con todo este montón de mierda financiera, pero de esos sólo pillarán a unos pocos. Sigamos. En la línea de lo dicho, Lehman Brothers se parece cada vez más a un cadaver y aquí al otro lado del charco, y a raíz de la situación de Fadesa-Martinsa, las promotoras siguen pidiendo ayuda, tensando la cuerda con las entidades bancarias ("No les interesa convertirse en inmobiliarias") en un tonillo más que sospechoso. Lo mejor de todo esto, si es que hay algo bueno, es que todas las predicciones y análisis que prestigiosas entidades bancarias y financieras hicieron hace tres meses ya no sirven de nada, porque son incapaces de predecir nada: no dicen absolutamente nada de lo que está pasando ahora, por lo que las cosas han cambiado tanto que tocará volverlos a hacer; esa es la razón por la que la economía, por mucho que a algunos les pese, sólo puede considerarse una "ciencia" explicativa, en la línea de la sociología o la historia, y no predictiva, como las matemáticas o la física. En otras palabras, y en lo que me toca más de cerca (seré iluso), que aunque hay estudios que dicen que el BCE podría subir otro cuartillo de punto antes de final de año, mañana Alemania se puede ir a la mierda (y nosotros con ella) y entonces quizá bajen; y eso no lo sabremos hasta mañana, por muchos índices y valores que consultemos. Seguramente eso lo podría saber alguien, pero ese alguien muy probablemente estaría aprovechando esa información para hacerse de oro y diamantes. Así de caprichosa es la economía, pero ya hablaremos de eso en otro momento.

Antes de irme, dado el espesor, me parece interesante remarcar el profundo subnormalismo de Jennifer López, también conocida como JLo, que, según dice elmundo.es: "Jennifer López insiste en vestir a sus gemelos con un nuevo diseño de ropa cada día. Con 38 años, a la estrella casada con Marc Anthnoy, no le gusta que sus hijos de cinco meses, Emme y Max, lleven la misma ropa dos veces." Lo que te decía: subnormalismo profundo, o abismal. Te dejo, pásalo bien. Yo sigo sudando, y empiezo a preguntarme si no tendré algo de fiebre, ya que me da la sensación de que calor mucha no hace... Mañana te cuento, si puedo.

Hasta luego, querido diario.

Catorce de julio

Querido diario, Hoy me he levantado hecho una auténtica mierda, por decirlo pronto y claro. El pasado viernes me quedé dormido en el sofá sin camiseta, y en el tránsito a la cama me olvidé ponérmela; el ventilador enchufado toda la noche hizo el resto, y así estoy desde entonces, mucho me temo que en proceso de incubación de vayan ustedes a saber qué; y me siento como un protagonista de Alien al decir eso. Aún no tengo el "alivio sintomático" que anuncia el Frenadol, pero espero que falte poco para ello, porque tras tres cuatro cafés en tres horas sigo estando agilipollado, y lo que me queda. Y sigo teniendo calor. Me muero de calor.

En otro orden de cosas, estos días no han sido especialmente interesantes. En el ámbito público, no falta el trabajo. En el privado, en esa parte que es publicable, duermo mal, tengo calor, sudo, y ahora además toso y no me aparto de los Kleenex, "Pañuelos con loción · 4 capas · extra suaves", para ustedes. Ayer estuve viendo La Guerra de Charlie Wilson, lo que viene a ser una estupenda narración del quién y cómo dió los medios al fenómeno del terrorismo internacional de Bin Laden; les recomiendo que no se la pierdan. Como decían por ahí muy acertadamente, Cría cuervos y te sacarán los ojos.

Hace unos días salió en televisión que tres chavales, uno de los cuales se acababa de sacar el carnet, se habían matado en una curva, al parecer por un exceso de velocidad; las fotos de los fallecidos que aparecieron en televisión hablaban bastante mal de ellos, aunque esté mal juzgarlos una vez muertos. La cuestión es que todos los fines de semana hay accidentes en los que gilipollas que vuelven de fiesta borrachos, drogados y pensando que son Emerson Fittipaldi se matan contra un camión, contra un autobús, o se empotran contra un turismo que ni pincha ni corta, matando a gente que simplemente estuvo en el momento equivocado en el lugar equivocado. Por ese tipo de cosas, la muerte de este tipo de personas no me da pena; más bien al contrario, es una suerte que encontrasen antes una curva que mi coche o el de cualquier otro, y perdónenme la crudeza del argumento.

Nada más. Intento sobrevivir, pero mis dedos no responden. Ya hablaremos, y no se olviden de la película; es entretenida, informativa y les gustará.

Hasta luego, querido diario.

Seis de julio

Querido diario,

Mi hermana partió el sábado por la noche hacia Limerick, Irlanda, en lo que se supone que es un viaje subvencionado para aprender inglés. Claro que teniendo en cuenta que se ha ido con una de sus mejores amigas, es muy posible que su vocabulario no se incremente sustancialmente durante las tres semanas de estancia; tampoco creo, en mi ignorancia, que Irlanda sea el mejor lugar del mundo para aprender el idioma anglosajón, por aquello del acento (tuve un compañero irlandés en Atlanta al que no entendían ni los propios americanos), pero esa es otra historia. Su viaje empezaba cogiendo un autobús de línea de la compañía ALSA, que les llevaría de Valencia a Barcelona, donde tenían que coger otro hasta Girona, uno de los primeros aeropuertos de Ryanair, y allí finalmente el vuelo hacia el norte. Hasta aquí, todo parece muy normal.

El problema es que el conductor de la línea Valencia - Barcelona no conocía el camino, y se perdió. Se pasó la salida y se puso a preguntar a los clientes si alguno sabía ir a Barcelona. Sí. Como se lo cuento. Así que entre unas cosas y otras, entre llamadas a unos y a otros, me pierdo, no me pierdo, es por aquí, no es por aquí, el autobús pasaba por Castellón cerca de las cuatro de la mañana; es decir, que le costó tres horas y media hacer un trayecto de 70 km. Como era de esperar, tampoco conocía Barcelona. Se equivocó de entrada y se la cruzó de punta a punta, con lo que un viaje que tenía que durar unas cuatro horas se alargó más de siete horas, con lo que llegaron al bus de Girona y al avión casi de milagro. Pero llegaron. Ya sé que parece increíble que un conductor de una línea regular de dos grandes capitales como Valencia y Barcelona no conozca el camino, pero les juro que es verdad.

Es posible que si mañana tengo tiempo, me acerque a rellenar una hoja de reclamaciones. Ya veremos. Y aunque tenía alguna otra cosa apuntada, si les parece lo dejaremos aquí, que en esta silla estoy sudando como vayan ustedes a saber qué, y además es hora de cenar. Bueno, quizá sea algo tarde para eso, pero tendré que comer algo.

Si puedo, mañana más.

Bona nit, querido diario.

Tres de julio

Querido diario,

Hace unos cuantos días que no me pasaba por aquí, por cuestiones de trabajo y falta de tiempo. Entre trabajar, la piscina, ocio personal variado (poco) y comprar algo en las rebajas, confieso que no me queda demasiado tiempo libre para pasarme a dejar unas palabras. Algo saco, sin embargo, como puedes ver. Como es evidente por lo dicho, continúo con el firme propósito de convertirme en el próximo Johnny Weissmuller, si no Mark Spitz; sé que queda lejos, pero como dice el anuncio, Impossible is Nothing. Cincuenta piscinas tres o cuatro veces por semana es el objetivo por ahora, en mi opinión más que suficiente de momento; como era de esperar y gracias a Dios ya no me duele la espalda, aunque sigo sudando como vayan ustedes a saber qué animal, puesto que como un cerdo no puede ser (gracias, Agus :^). No, no jadeo, por si alguien tiene curiosidad. En definitiva, que estoy empezando a sentirme algo en forma, y he perdido algo de peso; poco, pero menos es nada y tampoco es que me sobren quince kilos.

Dicen las estadísticas que en estas rebajas cada españolito de a pie se gastará una media de casi cien (100) euros. Yo llevo ya cuatrocientos (400), entre dos trajes de Pedro del Hierro, unas corbatas, unas camisas y un cinturón, así que siguiendo la regla estadística correspondiente, tres personas de este país no se gastarán ni un duro; no les va mal, tal y como están las cosas; además, eso viene a ser lo que habitualmente gastaba yo en rebajas, por lo que lo único que he hecho es compensar mi saldo histórico. Parece mentira, pero tengo ganas de estrenar la ropa nueva; quién me iba a decir a mí, hace tres o cuatro años, que me haría ilusión estrenar un traje una camisa o una corbata. Creo que de momento esa será toda mi aportación al gasto común, al menos en relación con, llamémoslo así, el uniforme de trabajo. Es posible que caiga alguna cosilla adicional, pero serán zapatillas o algo más relacionado con mi tiempo libre y mi "estilo" indumentario. Hay una gorra que me gusta, pero lo admito, no me siento tan guay, y no me veo con ella; no es que no tenga edad, es que no tengo ni un Mini ni un Golf. Y disculpen mis prejuicios, pero nunca dije que no tuviese.

Estoy pensando en elaborar una serie de entradas de coches estéticamente feos, o peor. Quizá alguno de mis lectores posea uno de ellos, pero como todo el mundo sabe, no se puede contentar siempre a todo el mundo. Se me ocurren sin pensarlo demasiado cuatro o cinco modelos, aunque seguro que alguno más surge. Aparte de eso, no tengo demasiadas ideas en relación con el blog, como es evidente por la periodicidad de publicación; estoy pensando en recuperar algunos de los textos antiguos que más me gustan, y que gran parte de mis lectores seguramente no hayan leído. Quizá parezca que es una medida "de relleno", pero creo que puede funcionar y a algunas personas les gustará; sería como reponer una vieja serie de televisión.

Y hablando de series, hemos consumido ya la tercera temporada de la genial The Office, aunque la cuarta ya está en emisión al otro lado del charco, pero en inglis; no es que los subtítulos me cansen, ya que casi podría verla sin subtitular —no así la versión de la BBC—, pero puedo esperar, seguro. La otra gran estrella del "canal DVD", o "canal portátil" si quieren, Anatomía de Gray, tampoco tiene una cadencia suficiente para colmar la parrilla televisiva semanal, por lo que voy a intentar implantar el día de The Wire, el día de Los Soprano y quizá hasta el día de Roma; tengo no poca resistencia ajena, pero con un poco de esfuerzo quizá lo consiga. Es cierto que llegando a casa a las nueve y pico, no te sientas en el sofá antes de las diez y media, y a esas horas con que estés un poco cansado, no apetece demasiado prestar atención a la caja tonta, así que presumo que la programación anunciada se cumplirá únicamente en parte.

Hay más cosas, pero tengo que irme. Me disculparás las faltas y fallos que pueda contener el texto, pero hoy no tengo tiempo para releerlo en profundidad, así que esto es lo que hay. Sólo esto.

Hasta luego, querido diario.

Veinticinco de junio

Querido diario,

Hoy he estado en Madrid, en la reunión de seguimiento de un proyecto en el que estoy trabajando. Bueno, en realidad no era Madrid capital, pero eso es lo de menos. Por cuestiones de confidencialidad, eso es todo lo que te puedo contar sobre el tema. La semana pasada también estuve en Madrid, para una reunión de seguimiento de otro proyecto de otro cliente. Por supuesto, tampoco puedo decir nada más sobre ello, por exactamente las mismas razones que antes. Aunque se agradecen los ofrecimientos para tomar unas cervezas (primer comentario), en estos viajes relámpago, que en alemán imagino que debe ser algo como Blitzraise, no dispongo de demasiado tiempo de ocio, por no decir de nada en absoluto; imagino que es normal, ya que al fin y al cabo son viajes de trabajo, que en alemán debe ser algo como Arbeitraise, aunque la verdad es que estoy adivinando.

Hoy he ido a la piscina por segunda vez. Como sabes, hacía mucho que lo tenía en mente, e incluso era casi un imperativo médico, pero hasta el pasado lunes no me decidí. No es demasiado caro, ni demasiado barato, y no está muy saturada. La verdad es que no estoy seguro de hasta qué punto mi espalda lo agradecerá, pero desde luego, mis brazos no parecen estar muy contentos. Cuando digo en mi twitter, y ese enlace es propaganda barata, que secarse la entrepierna es lo más cansado de ir a la piscina no estoy haciendo una referencia velada al tamaño de mi miembro, sino al cansancio después de nadar, aunque me duela admitirlo. Pero eso no es lo peor de todo, en realidad. Eso, lo peor de todo, es que con el calor que hace estos días y el esfuerzo físico, salgo del recinto climatizado sudando como un cerdo, si es que los cerdos sudan. Y me mantengo en ese estado de constante sudoración durante horas; hace ya casi cuatro horas que salí del agua y aún estoy sudando, ¿no es fabuloso?

No, supongo que no lo es.

Me estoy acostumbrando al Twitter (mira el enlace anterior). Sólo digo gilipolleces y cosas que no le importan a nadie, incluyéndome a mí, pero como es básicamente lo mismo que hace todo el mundo, me siento integrado en esto que llamamos Web 2.0. Ahí tienes otra gilipollez; bueno, dos gilipolleces, en realidad. A mí no me siguen más que Edgar y Javi, aunque la trascendencia de mis pequeñas perlas de conocimiento es exactamente la misma que la de los grandes Gurús de Internet a los que siguen miles de personas; bueno, supongo que alguno se salva, aunque no me apostaría nada. Claro que los gurús ya no son lo que eran. Antes eran Wietse Venema o Dennis Ritchie, entre otros muchos, y ahora ni siquiera me atrevo a decir el nombre de uno de ellos.

Se está haciendo tarde y yo sigo sudando como un cerdo, si es que los cerdos sudan, tema que queda pendiente de resolución. Si lo hacen, yo soy como el que más suda de todos ellos, incluido Napoleón, y esa imagen debería ser bastante sugerente. Con este calor es imposible dormir bien y hoy me he levantado (según mis estándares) temprano, así que debería aprovechar e irme a la cama, aunque pasen sólo treinta minutos de la madrugada. Lo que es una forma pija y larga de decir que son las doce y media. Podría contar más cosas, pero no son horas y no te quiero aburrir. Además, mañana tengo que entregar un informe para un cliente, que como te puedes imaginar, también es confidencial, y esa es otra buena razón.

Buenas noches, querido diario.

Avance informativo

Les voy a dar un pequeño avance informativo, porque yo lo valgo y porque ustedes lo valen.

Llevo toda la semana en un proyecto que parece estar eternizándose, aunque confío que no por mucho más tiempo; me consuela saber que como suele ser habitual, estoy haciendo un (muy) buen trabajo. Creo que, si no me equivoco de pecado capital, eso debe ser soberbia, pero no, es la verdad. El dolor de espalda al que estaba ya casi acostumbrado (no acabo de encontrarle el gustillo) y con el que me despierto día sí día también, quizá a causa de aquella cervicalgia aguda con impotencia funcional y quizá no, ha devenido hoy en un dolor de cabeza y cuello igual de molesto pero más incómodo. Tengo que seguir con la rehabilitación, aunque sus efectos no parecen ser demasiado notables. Tampoco hago demasiado por mejorar las cosas, aunque me queje; el propósito de ir a la piscina está tan abandonado a su suerte que no es ni un propósito.

He dejado de leer, casi literalmente. Apenas leo un puñado de blogs, de manera muy esporádica, y alguna página de noticias. Nada de cuentos, nada de novelas, nada que me lleve más de cinco minutos. No es que me falte tiempo, sino que sencillamente estoy más, mucho más vago. Paso, simplemente. No me apetece. No les hablo de mi estado de ánimo porque fluctúa continuamente, aunque la mayor parte de la Humanidad sea por fortuna incapaz de darse cuenta, incluyendo a un segmento significativo de la que me rodea. Claro que también es posible que yo sea buen actor, o que en general la gente no me preste la atención necesaria para percibir ese tipo de detalles; casi mejor, la verdad. Vivimos en un mundo muy puto, pero eso ya lo saben. Escribir, no escribo nada más allá de esto; nada de cuentos, nada de novelas, nada de ficción. Me falta inspiración, motivación, y un montón de cosas más que no soy capaz de describir, porque me falta inspiración, motivación, y un montón de cosas más que no soy capaz de describir. Eso era una frase recursiva, pero esto se hubiese eternizado, literalmente.

Creo que necesito un poco de naturaleza. O un mucho.

¡Hola, Marina!

Hola.

Por mi parte no ha habido mucho que contar estos últimos días; paso por aquí, casi una semana después del último post, sólo para que sepan que no he abandonado el barco y continúo en la brecha, si es que existe algo que pueda llamarse así. Entre ustedes y yo, la verdad es que no estoy atravesando uno de mis mejores momentos, aunque también he de decir que —creo que— no es de los peores. Lo que me queda por decidir es de cuál está más cerca, sin dejar que mi estado de ánimo influya en ello; si ya me cuesta ser objetivo de normal, imagínense ahora. Resumiendo, que no me encuentro demasiado creativo y las pocas ocasiones en las que lo estoy, me faltan ganas y fuerza de voluntad para escribir. Y vengo aquí a decirles eso; ¿no les parece contradictorio y sobre todo, una irritante manera de hacerles perder el tiempo?

Bueno.

Pasando a otras cuestiones menos sombrías, me gustaría ponerles una foto de mi sobrina Marina que nació justo ayer, pero no tengo permiso de los padres y no quiero que me metan una demanda, que ya saben que estas cosas se miran mucho. Ya ven que por lo menos, no todo van a ser malas noticias.

(Tengo varios correos por contestar. Sean pacientes, por favor.)

Ay

Desde que hace unas semanas (va para cuatro) tuve aquel episodio de cervicalgia aguda con impotencia funcional que me tuvo postrado en la cama casi totalmente inmovilizado durante tres días, de manera considerable otros cuatro, y bastante jodido el resto, sufro, a veces sí y a veces no, a veces en silencio y a veces no, unos dolores que nacen un poco por debajo del cuello y que se extienden ligeramente hacia el brazo derecho y menos ligeramente (o más intensamente, como quieran) hacia la cabeza, sector trasero (de la cabeza, desgraciados) inferior derecho si son locales, y a toda ella si son más ambiciosos. No sé si es la postura en la que duermo, los movimientos diarios que hago, si es cómo conduzco, lo que (y cómo lo) como o lo que (y cómo lo) cago, o es que simplemente ha pasado poco tiempo desde aquello, pero el hecho es que hay días en los que me cortaría la cabeza, si supiese que me iba a crecer otra; desagraciadamente soy consciente de que no es así, por lo que apenas he entrado a valorar la idea. Esto que les cuento tiene además la particular, lógica y nada despreciable consecuencia de hacer que mi cabeza padezca en ciertos momentos una esterilidad destacable; es decir, que pensar y concentrarme me cuesta lo que no está escrito, y no les cuento lo que me cuesta escribir.

Y dicho eso, no les cuento más. Mañana traumatólogo, ya casi un habitual, a ver si me manda algo. Remedios naturales, artificiales, una resonancia magnética, un fisioterapeuta o un masaje tailandés, me da igual. A lo mejor es que me estoy haciendo mayor, pero como esto siga así, va a escribirles quien yo les diga, por aquello de la falta de ideas y esterilidad creativa. No digan luego que no les advertí.

Ay.