Budapest

Estuvimos una semana en Budapest este verano. Cuando volvimos, pensé en escribir una entrada con todo lo que habíamos visto allí, pero la verdad es que como suele suceder, el tiempo pasa y las ganas se diluyen. Sin embargo, ahí van varias notas breves.

La primera es que el transporte público funciona perfectamente, a pesar de las quejas que habíamos leído. Sacamos bonos de 4 días y no tuvimos absolutamente ningún problema; incluso están incluidas las líneas que van por el Danubio (días laborables). 

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"Qué estoy haciendo con mi vida" o "Cómo he llegado yo a esto"

He vuelto de vacaciones, al igual que probablemente muchos de ustedes. Ha sido poco más de una semana (técnicamente, dos días laborables), pero ha servido, a mí al menos, para desconectar de la siempre terrible realidad. Pero como esto, donde "esto" corresponde a su y mi existencia vital, no es un bar de esos donde se puede leer aquello de Si bebe para olvidar, pague antes de beber, aquí olvidar no implica dejar de pagar; y pagar significa volver al trabajo y lo que es peor, el regreso a de las queridas neuras personales; eso casi suena a película de terror. La cuestión es que por suerte o por desgracia, no se puede escapar de la propia vida; de vez en cuando, puede usted meterla en una lata y anestesiarla durante un tiempo, pero siempre acaba saliendo; la mierda flota y la suya no va a ser una excepción.

Si han hecho caso a los innumerables psicólogos que acostumbran a salir en televisión tras las vacaciones estivales, habrán continuado trabajando voluntariamente durante este tiempo, para amortiguar el impacto de la vuelta, la depresión postvacacional y la sensación de futilidad asociada al pensamiento titulado "Qué coño estoy haciendo con mi vida". Si por el contrario, no han dado un palo al agua, y llevan todo el día dándole vueltas a la idea titulada "Cómo coño he llegado yo a esto", les reconfortará saber que tirar su actual vida por el retrete no cambiará nada a nivel cósmico, tan sólo personal; es un ámbito de responsabilidad bastante limitado y en algunos casos incluso asumible. No obstante, antes de que decidan dar tan traumático paso, piénsenlo dos veces; esto no es una película y las cosas no sólo no siempre salen bien sino que a menudo salen mal; nadie les garantiza que dejar su trabajo, su esposa o marido y cambiar de ciudad o país vaya a hacerles más felices; probablemente las cosas estarán igual que hoy dentro de cinco años, por aquello que les decía: no se puede huir de uno mismo eternamente; sólo un par de semanas un par de veces al año, y no demasiado lejos. Tengan en cuenta además que si Murphy tiene razón, las cosas siempre pueden ir a peor y si se les concede la más mínima oportunidad, es lo que harán. Y el suicidio no es la solución, tampoco. Aunque ustedes pueden ser, esta vez sí, la excepción a la regla (no, no en el tema del suicidio).

Si hacen memoria, hace una semana y pico, cuando me despedía de ustedes, les decía aquello de debería dedicar estos días a relajarme, descansar y de una vez por todas, cuando haya descansado lo suficiente, si es que eso es posible, sentarme a escribir algo coherente. Como seguramente hayan adivinado, me he relajado, he descansado, pero lo he hecho con tanta intensidad y dedicación que me he olvidado de escribir, aquí y en cualquier otro lado, algo que ambos sabíamos que sucedería. Y aunque durante estos días, ayer y hoy con mayor intensidad, me he planteado dejar de escribir este blog, soy consciente de que eso puede ser producto de esa sensación de inutilidad vital post-vacacional que les contaba; abandonar divagaciones de todo a cien como esta por algo de mayor calado me suena más a propósito de nuevo año y fantasía que a realidad factible, y este no es momento para las despedidas ni las decisiones; quizá más tarde, mañana, la semana que viene, el mes que viene o quizá nunca. Y el suicidio no es la solución, tampoco.

Y por eso, en lugar de continuar, les dejo con este vídeo que asusta un poco y al que he llegado a través de Somos lo más tonto que hay; hay más enlaces, pero los tienen allá.

Tranquilos; el lunes que viene es festivo otra vez. Yo les dejo, que tanto optimismo me está matando.

Superman on an aeroplane

Me voy de vacaciones. Hasta el próximo martes 25 de marzo. Sí, de vacaciones, y aunque no sé si nos veremos por aquí antes de ese día, espero sinceramente que no. No sé ustedes, pero yo debería dedicar estos días a relajarme, descansar y de una vez por todas, cuando haya descansado lo suficiente, si es que eso es posible, sentarme a escribir algo coherente, que tenga continuidad y que por una vez no tenga que pensarlo en diez minutos y escribirlo en otros diez, porque salen cosas que son más bien discretas, por no decir malas. Últimamente me siento como si jugase partidas de ajedrez de cinco minutos; son rápidas y te diviertes mucho, cuando la partida arranca como toca; de vez en cuando tienes un momento de lucidez, pero se cometen muchos errores sin ni siquiera darte cuenta de ellos ni tener la posibilidad de corregirlos.

Como regalo de despedida, les dejo con una versión de la canción Please don't me let be misunderstood, que aparecía en la banda sonora de Kill Bill I. Aunque la original es de Nina Simone, personalmente me he inclinado por esta versión de Santa Esmeralda, no me pregunten el porqué; y no es porque dure algo más de diez minutos y eso les mantenga entretenidos. El vídeo no vale demasiado como vídeo, más allá del valor que le concedan a las imágenes estáticas que aparecen, pero no se pierdan la escena que lo cierra, con Benicio del Toro y Johnny Deep en la desquiciante —a veces genial, a veces no tanto— Miedo y asco en Las Vegas.

Nada más hasta entonces, espero. Sean buenos, o no; a mí me da lo mismo, la verdad ;)

Vacaciones (o regalo)

Por supuesto, probablemente no saben ustedes que estoy de vacaciones. No, claro, cómo lo van a saber. Claro, eso implicará una signitiva reducción en la cadencia de actualización (¿se han fijado qué frase más enrevesada para una idea tan simple?). Pues sí, vacaciones, niños, niñas y pelotitas de goma. Hasta el martes que viene. Es decir, hoy miércoles y mañana jueves, porque aunque mi jefe diga que me da también el viernes, sábado, domingo y lunes, a mí no me engaña. Que no.

Y como no hay nada mejor que aprovechar un día de vacaciones para acompañar a tu señora de compras, pues eso he hecho. Que es básicamente lo mismo que haré mañana. Ay. Y como la carne es débil, y yo soy un buenazo y muchas otras cosas que ustedes a lo mejor saben y a lo mejor no, pues le he hecho un pequeño regalo. Que sospecho que le ha gustado. Y con éste les dejo hasta la próxima actualización, que quizá sea mañana, quizá pasado, y quizá no. Pásenlo bien.

Me largo de vacas

Había pensado esperar hasta el día once de agosto, que oficialmente me largo de vacaciones, para decirles adiós de manera temporal, pero ya que estoy aquí, y ante la perspectiva de no tener de momento, en la línea de las últimas semanas, nada interesante que contar, he decidido anticiparme y despedirme de ustedes hasta principios de septiembre, más o menos, menos o más.

Hasta entonces, aparte de poder encontrarme, como el verano pasado, en la inopia, en la parra, en la luna y en muchos otros sitios, quizá tengan ustedes más suerte si me buscan sumido en algún sueño interminable, debajo del agua de alguna piscina o perdido entre los brazos de Laura. E, incluso, en combinaciones diversas de estas tres alternativas.

Así pues, hasta entonces. Besos a todos.

Mentiras

Dicen que el cloro lo mata todo. Así que, siguiendo esta máxima, Ó y yo pasamos, el verano pasado, una semana entera sin ver el jabón más que para lavarnos las manos, ya que, yendo diariamente a la piscina, que contenía —y presumo que contiene también este año— una cantidad más que considerable de esta sustancia, pensamos que no era necesario. Temblad, gérmenes.

Pero al poco tiempo, nos dimos cuenta de que quizá aquella hipótesis no fuese tan cierta, cuando nuestras familias empezaron a comentar un cierto "olor raro", que no era seguramente el de la asepsia corporal. Con lo que descubrimos que, en realidad, el cloro no lo mata todo. Y si lo hace, aquello que mata, huele mal, lo que a efectos prácticos —y principalmente olfativos— es lo mismo.

Y me da a mi que eso de que lo que no mata, engorda, también va a ser mentira, pero esta vez no pienso picar.

He vuelto, o eso creo

Mi reloj me ha traicionado esta mañana, o quizá haya sido mi vista, o a lo mejor incluso una conspiración entre ambos, si es que eso es posible, porque me he levantado a las once y veinte, pensando que serían pasadas las dos. A pesar de las campanas colgadas a cien metros en línea recta de mi habitación sonando regularmente cada treinta minutos. Cuatro campanadas previas más las correspondientes a cada hora, si es en punto, y dos si es la media. Yo desde mi cama acordándome del cura, de la iglesia, del campanario, del tipo que las donó, y de la madre que los parió a todos, tanto en la media como en punto. Sin distinciones horarias. Ya saben, como aquello de Equal Opportunity Employer. Así, más o menos.

Aunque uno se acostumbra a todo, y al final (casi) no las oyes ni cuando los domingos suenan de manera nerviosa durante veinte minutos, como si por hacerlas repicar como si tuviesen epilepsia fuese a hacer salir a los infieles de debajo de las piedras (déjeme dormir, coño). Ahora es más fácil. Antes había que tirar de una cuerda, y ahora sólo hay que darle a un botón. Un dedo, y tienes a todo el vecindario jodido un rato. El vecindario jodido, un domingo a las doce del mediodía, creo que soy sólo yo, pero eso no me hace sentirme mejor. En cualquier caso, yo continúo esperando el momento en el que las campanas cesan, listo para dejarme seducir de nuevo por Morfeo. No me rindo fácilmente.

Las dos es una buena hora para levantarse. Supongo que por eso llevo cinco días levantándome casi a esa hora. No me malinterpreten; las once y veinte es también una buena hora; una hora cojonuda. Pero la una y media es mejor hora. Once, doce, trece horas pegado a la almohada, hibernando debajo de cinco mantas. Aunque te pases el resto del día atocinado. Durmiendo en vida. Agilipollado. Como en una nube. Después de todo, para eso me voy cinco días de vacaciones; para subirme a la parra y no bajar hasta el atasco del lunes. Y ha sido, de verdad, aproximadamente así: helados, monte, paisajes, sol y lluvia, mucha cama (nada de sexo), una estufa y ducharse con una cacerola (no confíes en el calentador). Óscar (y sus pedruscos), Geno, Sandra. Sandrine y Javi. Todo muy a cámara lenta. Exactamente, lo más parecido al me voy al monte a comer pasas y hablar con Dios. Aunque no me gusten las pasas ni crea en dios, pero ya me entienden. Lo más parecido a tomarse unas vacaciones de todo.

Así que después de cinco días con sus respectivas noches, mi ego y yo estamos de vuelta. Él ha llegado mucho antes, pero eso es porque es más fuerte, más rápido, y más inteligente que yo; que para algo es mi ego. Casi como David el Gnomo. No, no he escrito nada, y he leído poco. Un libro. Amanecer con hormigas en la boca, de Miguel Barroso. Bueno, en realidad sólo 79 hojas. Ya saben, hojas de papel. Con tinta y cosas de esas. Aunque vengo con ideas.

No, mañana no trabajo. Ni pasado. Y así, hasta el martes veinticinco.

Y sí, por supuesto, mis dos nuevas camisetas. Qué otra cosa sino. Lo sé, soy un adicto.

Búsquenme en la inopia

Ladies and gentleman, señores y señoras, niños niñas y pelotitas de goma.

Me voy, me piro, me largo, me abro, me marcho de vacaciones. A tumbarme en la piscina al sol como un lagarto, a emborracharme y atiborrarme de helado, a conocer mujeres que me alivien las penas, a pasarme el día en la parra a mirar los peces nadar y a hablar con Dios.

Y todo eso como mínimo durante dos semanas. Ya decidiré que hacer con la tercera igual que ya decidiré qué hacer con mi carrera de Filosofía a medio acabar. Mientras tanto, pueden ustedes comerse los mocos, contar las nubes y los coches amarillos, sumar matrículas, hacer aviones de papel con las servilletas de la cafetería o alquilar películas porno para esas noches de insomnio. Y hasta todo ello a la vez si se atreven.

Pero si se aburren lo suficiente y son ustedes personas intrépidas, (aquí debería haber un enlace generado aleatoriamente, pero ya no está) y quizá encuentren algo que no hayan leído antes, porque como todo el mundo sabe, casi nadie lee lo que se escribió la semana pasada. No se preocupen, el enlace cambia cada minuto. Es lo que tiene esto de la novedad.

Así que hasta finales de agosto o principios de septiembre, con alguna poco probable incursión puntual, es todo lo que puedo ofrecerles. Después de las vacaciones, aquí estaré de nuevo para seguir dándoles la vara, la tabarra, la paliza y el coñazo.

Un beso a todos. Pasarlo bien, ¡y no olvidéis supervitaminaros y mineralizaros!