Quien mucho abarca, poco aprieta

Ustedes, como yo, saben que no hay tiempo para todo, por mucho que uno estire los minutos; a mí me ha costado mucho entenderlo y más aún digerirlo. Es como una manta una noche de invierno: si uno estira demasiado de un lado, siempre hay otro que se queda sin abrigo. En la sabiduría popular, eso se llama quien mucho abarca, poco aprieta.

Como he repetido hasta la saciedad, hace mucho tiempo que quiero escribir un libro, más allá del recopilatorio de relatos que como habrán comprobado ya no está disponible. También hace bastante que me gustaría coger de nuevo la afición por correr, algo que empecé a hacer hace unas semanas. Y todo eso, por supuesto, sin descuidar a mi pareja, mi familia, mi trabajo o cualquiera de esas cosas que no debería uno dejar de lado, si se aprecia en algo a sí mismo.

Desde el 6 de noviembre de 2003 hasta hoy, 22 de septiembre de 2008, han pasado casi cinco años durante los que he escrito 1188 entradas que recibieron en conjunto un total de 6946 comentarios; verán que nada de eso está ya públicamente accesible. Creo que no está mal del todo, aunque por supuesto, todo es mejorable. El número de visitas fue siempre oscilante, aunque en ningún caso algo por lo que este blog destacase.

Voy a ir acabando. No voy a decir que cierro el blog, porque no es eso lo que estoy haciendo. Digamos, entre nosotros, que lo voy a dejar reposando por un tiempo indefinido. Un día cualquiera, cuando sea consciente de mi inutilidad o cuando considere que ha llegado el momento, retomaré este espacio. Hasta entonces, y como diría Truman, por si no volvemos a vernos (porque ustedes no vuelven): Buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Reflexión personal

Hola, lectores.

He empezado a leer un libro sobre el problema de la reputación en Internet; sobre cómo combinar privacidad y derecho a la libre expresión. Lo encontré en el blog de Félix Haro y está resultando sumamente interesante. Por si eso no fuese bastante, está disponible en Internet gratis por la patilla, en la página personal de su autor Daniel J. Solove. Se llama The future of reputation: gossip, rumor and privacy on the internet. Debería haber empezado por el anterior, The digital person. Technology and privacy in the information age, pero el caso es que he empezado por este. El único problema es que están en inglés, pero para ustedes eso no debería ser un problema.

A lo que iba. En los capítulos introductorios, habla de los blogs, y en las páginas 20 y 21, dice:

You also can permit readers to add comments to your posts. If you allow comments, readers' reactions to your post will appear below your text. A blog post can inspire some fascinating discussions. I really enjoy reading the comments to my posts and hearing people's responses.

No sé. Últimamente recibo un puñado de visitas; treinta o cuarenta, y cincuenta en días excepcionales. Algunas de ellas entran buscando la palabra 'urbason', ya que al parecer aparezco en la primera página de Google, y otras, por comentarios que hago en otros blogs. Unos y otros se largan tan pronto como entran. El resto, que son pocos pero no cobardes, asumo que entran a leer lo que escribo. Respecto al número de lectores del feed, hace tiempo que suelo estar en torno a los 75 suscriptores, o ligeramente más, dependiendo del día. En total, y teniendo en cuenta cierto solapamiento entre unos y otros, podría decir que el número teórico de lectores diarios está en torno a 50, o 60 a todo lo más. El número real y práctico que efectivamente leen lo que escribo, no tengo ni idea. Quizá 20, 30, 40. Como decía al principio, no sé.

Aunque reconozco que las últimas entradas no es que hayan sido el colmo del interés, hace mucho (con la excepción del controvertido post del otro día) que no veo un interés "real" en lo que escribo, al menos por parte de la mayoría (siempre hay excepciones, aunque algunas sean familiares), y han habido pocas fascinating discussions; siempre que las ha habido, han sido sobre política (aunque lo contrario no es cierto). Claro que después de casi cinco años está uno acostumbrado, y nada va a cambiar en este blog porque no hayan comentarios, pero considérenlo una reflexión personal; asumo, aunque estaba en la lista, que lo que escribo es poco interesante y que no despierta demasiadas inquietudes; efectivamente, a veces eso es justo lo que es este blog: una reflexión personal que no pretende despertar nada en nadie más que —sólo a veces— en mí. Al menos, si me sirve de consuelo, a mí me gusta, y creo que con eso vale o debería valer. Claro que siempre está la opción de cerrar la paraeta y escribir algo como mandan los cánones; ya veremos, porque no sé si podría aunque quisiese, tanto por inaptitud como por falta de motivación y voluntad.

Les dejo, que en este maldita ciudad hace un calor de narices incluso a medianoche, y encima de este portátil podría freir un huevo (pero me quedaría sin portátil, obviamente). Les recomiendo el libro que les decía. Está en inglés, pero eso no debería ser un problema.

Nota: Si ustedes no comentan, no se preocupen, que los spammers desde luego me tienen mucho afecto.

Yo o preguntas y respuestas

Hace cosa de una semana y pico participé en el I Premio de Relato mínimo Diomedea, que organiza Sergi Bellver en su blog, con tres relatos: María (tenía razón), Extraños, y Rosemary. A pesar de mis esperanzas, tras conocer el fallo hoy, no sólo no he ganado, sino que además, no he tenido una triste mención consolatoria. Pero no se preocupen, mi ego y yo estamos convencidos de nuestro gran talento literario y de la incapacidad del resto del mundo para captar nuestra genialidad, así que seguiremos intentándolo hasta que dejemos de hacerlo. Después de todo, Van Gogh no fue el primero en morir en la miseria siendo ahora mundialmente reconocido, y con toda probabilidad tampoco será el último. Claro que tampoco me gustaría ser el siguiente, ya que pensándolo bien, una vez muerto, para qué coño quiero yo que me digan que mis textos son la ostia; exacto: para nada. Bueno, pelillos a la mar. En confianza, sí, pensaba que al menos dos de los relatos (Extraños y María (tenía razón)) tenían una cierta calidad, que eran de un nivel decente, pero al parecer el listón está más alto de lo que yo creía, incluso quizá demasiado alto para un servidor. No se preocupen, no me dejo amilanar con tanta facilidad. En mi defensa, y aunque pueda esto considerarse probable y acertadamente como una deformación del conocido amor de madre, me veo obligado a decir que los relatos ganadores no me entusiasman lo más mínimo, como sí me ha pasado con otros relatos. Como verán, la imparcialidad no tiene cabida en mi ser, y admitámoslo, no estoy hecho para admitir la realidad ni la justicia, o visto desde otro prisma, la realidad no está preparada para admitirme a mí.

El caso es que a raíz del fallo del concurso, me he puesto a mirar las bitácoras de los finalistas, y algunas de ellas están dedicadas de manera casi monotemática (en un sentido no peyorativo de este término, aunque todo lo que es "monocosa", por llamarlo de alguna manera, me aburre terriblemente a los pocos minutos por defecto de fabricación) a la literatura. A los cuentos, las novelas, artículos de literatura, escritores vivos, difuntos, conocidos o desconocidos, análisis de técnicas y autores y libros, revistas de literatura, historia, curiosidades, etc. A continuación he pensado en todas aquellas dedicadas exclusivamente al tebeo, al cine, a la música, o a la fotografía, en aspectos y profundidades que exceden con mucho todo lo que a mí me gustaría aprender de cada una de estas disciplinas. Claro que yo no estoy solo en el mundo, y entiendo que a otras personas dichas profundidades les parecerán necesarias (incluso comprendo que lo sean, independientemente del público afín). Bueno, sin querer desviarme del tema, yo les pregunto a todos ustedes, y me refiero con mis preguntas tanto a ellos como a aquellos de ustedes que tengan blogs temáticos de este tipo: ¿cómo son capaces? ¿Cómo consiguen mantener la afición por algo durante tanto tiempo? ¿Cómo pueden sostener esas intensidades de interés? ¿Cómo llegan a querer profundizar tanto en algo? ¿Por qué yo me aburro mientras que ellos —o ustedes— perseveran en su estudio de estas disciplinas, y además, disfrutan con ello? ¿Qué extraño don poseen ustedes que yo, que con alguna honrada excepción me canso a los dos meses de cualquier cosa que no sea yo mismo, no poseo? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿A quién hay que comprar? ¿A quién hay que venerar? ¿A quién he de venderle mi alma? ¿Alguien, alguien, alguien puede darme una respuesta?

Un hombre bajo los efectos del hastío

Como dueño de este blog que soy os debo una explicación y esa explicación que os debo, como dueño de este blog que soy, os la voy a dar. Digo. Comentaba hoy mablog en un comentario que el blog este está muy flojo últimamente, y no puedo estar más de acuerdo, aparte de que se agradece la sinceridad. Uno nunca sabe si el blog le parece una mierda porque está negativo, o es que realmente el blog es una mierda. Y en el caso opuesto, lo mismo. Como muestra de lo que nos comentaba mablog sirve esta entrada, totalmente vacía y carente de sentido por sí misma. Para excusar este indiscutible hecho y rellenar un poco, podría darles multitud de razones por las que la calidad de los posts brilla por su ausencia. La primera, que estoy escribiendo la próxima novela del siglo y no me queda tiempo para más, lo que es mentira porque lo que es escribir, escribo más bien poco y además no se me da lo suficientemente bien para apuntar tan alto. La segunda, que simplemente no se me ocurre nada, y puesto que me siento obligado a proporcionarles contenido (a ustedes), yo sigo escribiendo, pese a quien pese; y esto es la bazofia que sale como resultado de escribir sin pensar. Bien, aquí ya empieza a haber algo de realidad. La tercera razón podría ser la falta de tiempo, y esa ya está definitivamente mejor encaminada. Y no se trata únicamente de que tengo menos tiempo para escribir, sino que al tener menos tiempo para todo en general, duermo menos y tengo menos ideas, y pueden seguir ustedes con la argumentación hasta donde gusten. La cuarta razón, y entramos en el terreno de las certezas irrefutables, podría ser que me he dejado el café a causa del estrés y otras maldades (sí, como lo oyen, ahora sólo lo tomo descafeinado), y eso me está afectando negativamente; ya ven que mierda. Y la quinta y última razón es, con toda seguridad, que con la cabeza dentro de un hoyo, las cosas se perciben diferente, cuando se perciben; en general todo despierta menos interés, tiene menos colores y se escucha amortiguado. Es después de todo lo normal si va uno metiendo la cabeza en bujeros.

Para que no se quejen, les voy a poner un ejemplo. Verán. En la última semana he visto cuatro películas, y ninguna de ellas me ha despertado el suficiente interés como para hacerles una pequeña reseña, cuando antes les hacía una crítica, mejor o peor, de cualquier cosa parida que se pueda ver en televisión o cine, con su imagen correspondiente. Y eso que en este caso, todas ellas tenían su puntito que facilitaba el comentario; Zodiac, por ejemplo, es una gran película y se merecería una entrada para ella sola. En el extremo opuesto estaría Planet Terror, que por muy road movie que vaya etiquetada y mucho nombre "Robert Rodriguez" que lleve adosado, que algo así haya recibido tantas alabanzas es para mear y no echar gota; ya saben a que me refiero. También podría haberles hablado de En la cama, pero para qué les voy a mentir, no estaba con ganas de ver una película en la que un hombre y una mujer se pasan hora y media hablando en la cama de una habitación de hotel... así que ví sólo las escenas de sexo, y tampoco son para tanto. Y por último, también podía haber escrito algo sobre María Antonieta, la película de Sofía Coppola basada en la vida de la susodicha, que tanto revuelo levantó en Cannes por combinar música actual con ambientes de la corte francesa del siglo dieciocho, y que no es en realidad nada especial.

Así que vean todo lo que podía haberles contado pero no les conté. En lo sucesivo, si les parece, y siguiendo mi tónica habitual de anticipar cosas que nunca acabo cumpliendo, vamos a hacer una cosa: yo escribo si tengo algo que contar o si se me ocurre algo que considere imaginativo o ingenioso, y si no, no escribo. Así yo dispondré de más tiempo libre y libertad para pensar (que siempre viene bien), y ustedes agradecerán poder leer algo con sustancia en lugar de las tonterías insípidas que tanto abundan últimamente.

Cuatro años menos un día y treinta más uno

Hace cuatro años menos un día que empecé este blog, como una manera de dar rienda suelta a, llamémoslo así, mi vida interior. No confundir con vida intestinal, sino como inquietudes intelectuales et al. Desde ese día, esto ha evolucionado —prácticamente igual que la mayoría de los blogs— hasta el punto de ser un producto de mero entretenimiento más que una vía de desahogo personal. En otras palabras, y como se habrán dado cuenta, la mayoría de las veces no escribo porque tenga algo que decir, sino porque tengo que decir algo, lo que es una sutil pero importante diferencia. Hace ya bastante que pienso en eso, por supuesto sin llegar a ninguna parte, como en muchas otras cosas. Por una parte, les confieso que supone una satisfacción continuar con esto en marcha después de tanto tiempo, y ver que aparentemente ustedes me siguen leyendo, y por otra, opino que puede resultar interesante leer dentro de unos años lo que opinaba ahora. Claro que aunque para lo primero vale casi con cualquier cosa, para lo segundo es imprescindible contar con contenido "íntimo" y personal que me aporte algo en el futuro; ustedes ya me entienden. Poner gilipolleces puede entretenernos a todos diez minutos y poco más, pero a mi me aportará poco o nada dentro de un tiempo, porque en este mundo de gilipollas las gilipolleces son como los límites, ya saben: tienden a infinito. Además, a todo eso hemos de añadirle todas esas ocupaciones alternativas que van surgiendo de vez en cuando, o esas otras que llevan esperando casi demasiado, y de las que les he hablado más de una vez. En definitiva, que les estoy hablando de las eternas excusas.

En cualquier caso, todo eso es sólo algo que estaba pensando, que he pensado en el pasado y que seguro que mañana seguiré pensando, y a partir de lo cual no he sacado ninguna conclusión. Lo que tenga que ser, será, lo que es una manera bastante absurda —y en cierto modo determinista— de ver todo esto. Por cierto, si no se lo había dicho, hoy es mi cumpleaños.

Yo (aclaración)

Cuando ayer puse las tres recomendaciones cinematográficas, probablemente dí una impresión equivocada. Cuando hace unas semanas puse un par de recomendaciones literarias, quizá dí una impresión equivocada. Y a decir de algunos de los comentarios que he tenido últimamente, estoy seguro de que hay algunas personas que tienen una opinión equivocada sobre mí. Ese será el tema de esta entrada: yo y mis circunstancias, o yo y mis consecuencias, si quieren. Y lo hago porque me da la gana.

Yo no soy un cinéfilo empedernido que se traga cualquier cosa que echan en la filmoteca o en Cine Club de la 2 a las tantas. Tampoco soy especialmente aficionado a las películas de autor, y David Lynch no me parece ninguna maravilla, porque entre otras cosas, sus películas me cuesta digerirlas, cuando me las trago. Woody Allen me gusta, pero no me apasiona. Creo que he visto una o dos películas de Kurosawa, pero les aseguro que ese hecho no me quita el sueño. No conocía a Haneke hasta que leí sobre él en El lamento de Portnoy. Apenas conozco un puñado de directores por el nombre, no suelo tener memoria para recordar los nombres de muchos actores y me encantan las películas como La junga de cristal o Ice Age.

Yo no soy un lector empedernido que se lee cualquier cosa que cae en sus manos. De hecho, apenas leo, aunque eso va a temporadas. La mayoría de los libros me aburren soberanamente, e incluso cuando no es así, me cuesta acabarlos. No es un secreto que prefiero escribir a leer, aunque es cierto que para una cosa, hace falta la otra. No he leído a muchos clásicos, no fuí capaz de acabar Madame Bovary (aunque me faltó poco) y aunque lo he intentado varias veces, el Ulises de Joyce me parece infumable. Claro que ese no era un libro para ser leído, sino para ser escrito. Apenas conozco un puñado de escritores, y me guío por listas de la crítica, premios Pulitzer y similares. No, tampoco leo novela rosa, lo siento.

Yo no soy un entendido profundo en cómics. Conozco, gracias a los cuarenta años de trabajo de mi padre como dibujante profesional, bastantes autores, y he tenido acceso a multitud de revistas y cómics, que hoy en día son objeto de coleccionistas. Tengo mis autores preferidos, y siento un ligero desprecio irracional, más fundado en la ignorancia que en cualquier otra cosa, hacia parte del cómic actual, cuando lo pongo en comparación con Breccia o Raymond. Aparte de eso, y por si todo lo dicho fuera poco, detesto los cómics de superhéroes, aunque entiendo que son beneficiosos para la supervivencia de este imprescindible medio.

Yo no soy un melómano. Tengo una cantidad abundante de músicas de diferentes estilos que me gustan, y durante mi época más indie estuve razonablemente al día en lo que a novedades del mundo musical independiente se refiere. Conozco en mi opinión bastantes grupos y canciones de diversas épocas, desde los 70 hasta hoy en día pasando por la música clásica, lo cual no significa que esté en situación de discutir con nadie sobre música, ni que me considere un fan incondicional de alguna banda musical.

Y eso para un montón más de cosas. Es decir: yo no soy, en definitiva, un experto prácticamente en nada, más en aquello en lo que trabajo, sobre lo que tengo un dominio bastante aceptable, inferior obviamente al de algunos profesionales de mi sector, pero superior al de la mayoría de las personas; es lógico, trabajo en ello. Hice cuatro años de filosofía, y aunque no sé hasta qué punto aprendí lo que hubiera sido de desear, algo queda. En general, no conozco nada de mucho, no soy un geek ni tengo una afición insana por nada, pero me defiendo bastante bien en muchos temas y tengo un buen montón de inquietudes variadas. Sí, creo que escribo razonablemente bien pero eso, como es natural, es únicamente mi opinión. En definitiva, no les estoy intentando vacilar; cuando recomiendo algo, es porque me ha gustado, y punto. Pretender inferir algo más sólo por lo que escribo, es poco menos que una necedad, aunque nunca creí que tuviese que aclarar algo así.

Ahora bien, este es un país libre, y ustedes pueden creer lo que les de la gana. Que es básicamente, como ya he dicho, lo mismo por lo que he escrito este ladrillo.

The One Thousand (1000) Post

Este es el post número mil. Sí, pero tengo un pequeño problema con él, porque aunque lo parezca, no es lo mismo el post número mil que el cliente número mil. Tengo la intuición de que escribir el post número mil hablando del post número mil es como si el supermercado se hiciese a sí mismo la compra número mil, y el premio de celebración de la compra número mil fuese la compra número mil. Y eso sería, cómo decirlo, hacer trampas. No se si me entienden. El caso es que pienso que debería escribir el post número mil, como si no fuese el número mil, como cualquier otro, y entonces, en el post siguiente, en el número mil uno, hablar del post número mil.

Pero no.

No voy a hacer eso. No por nada, sino porque no, simple y llanamente. No quiero, y punto. Olvida el "Justifica tu razonamiento" que había en el colegio barra instituto barra universidad barra etc tras cada pregunta susceptible de contestarse con un monosílabo afirmativo o negativo, porque ya no sirve. Ya no aplica. Ya no es útil. Cuando la pregunta no está impresa sobre un papel o reflejada en un monitor, te das cuenta de que muchas cosas pasan porque sí, y en ocasiones lo mejor es no buscarles una razón. Pero en ocasiones es necesario hacerlo, de vez en cuando, sólo para desempolvar un poco lo que llevas dentro y no olvidarte de ti, siempre y cuando esa búsqueda no se te lleve a ti por delante.

Que metafísico me estoy poniendo, coño.

Estoy bien, mamá, esto es sólo una entrada de un blog (sólo la número mil) y eso de ahí arriba sólo un estilo expresivo. Fíjate que en realidad, no he dicho nada, pero *parece* que lo haya dicho. Digo que sí, pero que cuando sí, a veces no. Pero tengo que escribir así porque intuyo que a la gente le gusta más ese estilo que las típicas y aburridas entradas de prosa y opinión que pongo desde hace algunos meses, aunque a mí me parezca un estilo —el anterior— más bien tonto y vacío. Su truco está en eliminar la duda, cualquier atisbo de reflexión, y por último la justificación (¿ven lo que les decía antes?) de toda afirmación y dar la impresión de que no has estado más seguro de nada en tu vida; lo sabes todo, sabes que lo sabes, sabes que sabes que lo sabes, y así ad infinitum. Estás tan seguro de lo que dices que casi das asco. Una buena dosis de nihilismo, indiferencia y cierta apatía es también muy recomendable; la miseria personal es un buen recurso de marketing, pero siempre sin acento. La vida es una mierda, aunque sepamos que no lo es. Todo eso junto, impresiona a cualquiera, sea fachada o no.

No estoy haciendo una crítica de nada. No.

Yo es que antes escribía así, más o menos, aunque ya no más. Nada realmente serio se puede escribir así; quizá un par de ideas, un par de opiniones, pero nada que uno quiera que vaya más allá. Es un estilo demasiado pretencioso, demasiado vacío, demasiado fácil. Mi señora me dice a veces: cuando te leía, parecías más "guay", el más "guay". Dabas la sensación de ir a tu bola y pasar de todo el mundo. Y (me) remata afirmando que en realidad, tú no pasas de la gente. Aunque seguramente no sea la persona que más me conoce del mundo, algo me conoce, así que se pueden fiar. La cuestión es que para el post número mil de hoy, The One Thousand (1000) Post, había pensado que no estaría mal recuperar aquel estilo de antaño. Sólo por hoy, y en el siguiente, seguir como siempre, o como últimamente. Pero al final, esto es lo que me ha salido, que ya ven que no es ni una cosa, ni la otra.

Ah. Y por hoy, ya que estamos de aniversario y cambiamos de milenio, dénse el lujo de poner un comentario, que es gratis. Porque yo lo valgo.

Copyright 2007

Esta noche estaba escribiendo, pero ya ven que soy incapaz de quedarme quieto en mis palabras y necesito pasar a las de otros de vez en cuando. Eso hace mi avance algo más lento y discontinuo de lo que a mi me gustaría, aunque no sé si eso es bueno o es malo, como tampoco sé qué supone para ustedes que yo pase por aquí a estas intempestivas horas nocturnas a decirles, así de pasada, lo chocante que me resulta leer la exposición de los sentimientos (no ideas, pensamientos o tribulaciones) de otras personas, reales, serios, sentidos y profundos, dramáticos, plasmados en palabras, y rematados por un "copyright 2007".

Claro que eso no hace esos sentimientos menos reales, no. No hay porqué dudar, pero me pregunto de dónde surge la absurda necesidad de proteger lo que uno siente, y pienso que definitivamente, aunque no los haga menos reales, sí, los degrada.

No me hagan mucho caso. Es tarde.

No tiés vergüenza (ya, ya lo sé)

(Sí, ya sé lo que están pensando, no me lo digan. Yo también.)

Si, lo sé, no tengo vergüenza ni palabra. Lo sé, créanme. Soy consciente y cargo con ello y con muchas cosas más. Ay.

Cuando el otro día les dije lo que les dije, no les estaba tomando el pelo. Cuando ayer mismo cambié la página de inicio de este blog, no estaba simulando nada, y además creo que quedó estéticamente bastante bien. En ninguno de los dos casos estaba bromeando, tampoco, como hice aquella vez (aunque a decir por los comentarios, entonces de forma mucho menos creíble). Al menos no conscientemente, claro. Pretendía dejar este blog por un tiempo indefinido, y volver algunos meses después para continuar con él, de manera más reflexiva y también esporádica, y ya ven lo reflexivo que soy. Aunque todo sea dicho, no confiaba demasiado en mi fuerza de voluntad; dejar algo en lo que has estado sumido durante varios años así de golpe, no iba a ser fácil. Lo que no esperaba, es volver a ustedes tres miserables días después del pomposo anuncio. No se me enfaden, que aquí el primer engañado he sido yo, y es que uno no se conoce ni a sí mismo, aunque debería haber tenido en cuenta, lo admito, lo tremendamente voluble y atolondrada e incoherente que es la personalidad de uno. No saben lo mal que me sabe por las personas que me han apoyado en este brevísimo abandono temporal. Si algún día soy famoso, les prometo a todos ustedes un homenaje, aunque no cuenten con ello. Con lo de que me haga famoso, digo, aunque siempre les puedo colgar un vídeo mío en YouTube si eso les place. Vale, otro día.

Dice M.A. (no, M.A. Barracus no, otro M.A.) que siempre estoy disculpándome, que les pido perdón con excesiva frecuencia, y quizá tenga razón, porque ya ven, voy a colgar dos entradas de una longitud considerable, dos textos como le gusta a Orsai, para no llegar a ningún lugar. Claro que yo no mastico tanto lo que digo antes de decirlo como él (él: Orsai). Dos posts para quedarnos casi como estábamos. Sí, probablemente tenga razón y debería hacer de mi capa un sayo y no dar explicaciones. Sí, es cierto, pero no. Y no porque se las merezcan (que sí), sino porque quiero hacerlo. Así que entono el mea culpa, pero no sé decirles porqué vuelvo. Supongo que, como les he dicho ahí arriba, después de tanto tiempo, si no buscas las ideas, las ideas te buscan a ti y eso es lo que me ha pasado. Podría incluso darles una lista de razones. Por ejemplo, que este blog ha jugado un papel fundamental para conocer a -y que me conozca- mi actual pareja, o que uno de mis jefes me ha "impuesto" continuar con él para que pueda mantener estable mi ya de por sí deteriorada salud mental. O también, que hace un año y medio me veía dentro de cinco años con este blog en marcha. O que leo cosas y me apetece escribirles tonterías como esta. Esas, entre otras razones igual de absurdas e intrascendentes. Mierda.

Debería acabar diciéndoles que sí, que efectivamente estoy escribiendo la tan manida novela (me tendré que cortar una mano -o las dos- si después de tanta cháchara inútil no sale nada de nada), y adelantarles si voy a escribir con más o menos periodicidad, si voy a hablar de esto o aquello, pero para qué, si ni yo mismo soy capaz de anticiparme a lo que voy a hacer y además ustedes no van a creerme... He tirado toda mi credibilidad a la basura, embalada en una bonita caja de cartón, así que haga lo que haga, no importa. Nada importa. Bueno, y eso es esto y todo lo que venía a decirles. Que nos vemos en los bares, pero que si quieren aquí también.

Pobre M., tanto avisar en vano que viene el lobo... ¿qué va a ser de ti el día que de verdad venga?

Nos vemos en los bares

(Creo que, para no hacerles perder el tiempo, es mejor que lean antes esta otra entrada y disculpen si son capaces mi falta de coherencia).

Como imaginan por el título de esta entrada, vengo a despedirme de todos ustedes por tiempo indefinido. Iba a esperar hasta esta noche, pero qué más da; esta entrada lleva unos días escrita y tenía ganas de colgarla. Como ya les he dicho más de una vez y probablemente intuyen a poco que sean un poco despiertos, me gusta bastante escribir, algo que no sé qué pensarán ustedes, pero en mi opinión -vamos a dejarnos de falsas modestias- creo que es algo que hago bastante bien. Eso y otras muchas cosas han hecho que lleve un tiempo planteándome llevar eso más lejos que este mero, simple y estéril blog, que seamos sinceros, no va a ninguna parte. Dicho esto seguro que ya saben, como suele decirse, por dónde van los tiros: no tengo tiempo para eso.

No es sólo una cuestión de falta de tiempo; Internet no sirve para escribir ni distribuir un libro, si pretendes que se difunda, a menos que tengas un nombre ya hecho. Yo podría colgarles en un PDF el próximo premio Pulitzer -o el anterior, que seguro que no lo han leído porque Cormac McCarthy es más áspero que comerse un limón con piel-, y tengo mis dudas de que más de cien personas lo bajasen y lo leyesen. En un par de meses nadie se acordaría de él, y créanme que estoy siendo muy optimista. Supongo que, a pesar de lo que diga Enrique Dans, actualmente esto de la web no da para tanto; no crea reputación ni valor, aparte de que la penetración social de este medio no es tan grande como algunos quieren o les gustaría creer. Ni la unopuntocero, ni la dospuntocero.

Por si todo esto no fuese suficiente, la mayoría de ustedes no van a leer ninguna entrada que exceda de cincuenta (50) líneas, a menos que estén realmente interesados, y ese es el otro problema de los blogs. Ustedes quieren inmediatez; quieren un post que puedan leer en diez minutos como mucho, y pasar al siguiente blog. No quieren un texto en el que pasarse un par de semanas leyendo, porque para eso compran libros. Las cosas son así de simples.

Por último, estoy cansado de dar mi opinión sobre temas manidos y triviales, de contarles mi vida y sobre todo de escribir textos cortos, breves, directos y autosuficientes de veinte (20) líneas, que se me ocurren en un rato y los escribo en otro sin realmente darles demasiadas vueltas. Quiero algo con una mínima continuidad, que no necesite tener una introducción, una trama y un desenlace en media página de texto; de eso ya estoy de momento más que cansado. Como ven, lo que ustedes quieren y lo que yo quiero no se parece demasiado.

El caso es que, juntándolo todo, les confieso que desde hace algunas semanas o incluso meses, tengo una sensación bastante intensa de estar perdiendo el tiempo escribiendo aquí, de estar desperdiciando algún tipo de talento, por poco que sea, así que supongo que tarde o temprano esto tenía que llegar. Les agradezco sinceramente a todos ustedes que se hayan pasado por aquí de vez en cuando, y me gustaría decirles que las cosas van a cambiar mucho por aquí, que voy a escribir menos pero no voy a abandonar el blog, pero me temo que no va a ser así, al menos de momento. Porque lo primero que necesito es que este blog deje de ser una de mis prioridades personales y algo en lo que pienso demasiado a menudo. No sé cuándo pasará eso, pero hasta entonces, no volverán a ver una entrada aquí. Luego, una vez me lo haya sacado de la cabeza, quizá muy de tanto en tanto, algún fragmento, alguna foto, algún comentario o pequeño relato, alguna actualización, alguna noticia, aunque les advierto que lo más probable es que no, que seguramente no habrá nada hasta que haya escrito el dichoso libro o la siempre cruda realidad me haya enseñado que soy incapaz de hacerlo y entonces tenga que volver a intentarlo. Entonces, con libro o sin libro, a lo mejor vuelvo, aunque sólo sea para ver quién queda; se habrán dado cuenta de que no puedo asegurarles nada en absoluto. En cualquier caso, más se perdió en Cuba y seguro que tienen ustedes otras muchas cosas tan buenas o mejores que esta que leer por estos mundos electrónicos.

Y créanme, otras veces sí, pero esta vez no voy de coña. Pásenlo bien, sean buenos y si quieren algo, ya saben cómo y dónde encontrarme.

[Quedan algunos temas pendientes con determinadas personas respecto a la versión impresa de "No me cuentes historias" que debe estar al caer, temas y personas que por supuesto no dejaré de lado]