Activismo de sofá

Una amiga de Facebook me enviaba hoy una invitación a un "evento" al que la habían invitado. El evento en cuestión propone no conectarse a la red social durante 24 horas como forma de protesta contra las políticas machistas y sexistas que dicha empresa aplica a discreción. Esto me recuerda en cierto modo a la reivindicación de algunos homosexuales para que la Iglesia Católica cambie su política respecto a la homosexualidad, aunque esa es otra guerra diferente en la que no voy a meterme (y también me abstendré de realizar comparaciones absurdas en torno a la idea de religión). Lo cierto es que dicho así suena un poco a chiste (¿24 horas sin conexión a Facebook? ¿Hasta ese nivel hemos bajado el listón?), aunque no es mi intención polemizar. O bueno, sí, qué coño.

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Los filtros literarios (o cómo escribir para impresionar en Internet)

Hace mucho tiempo que no escribo dos posts en días consecutivos. Algún día tenía que volver a pasar. Ese día es hoy. A raíz de unos textos de Roy Galán que he leído en Facebook me he decidido a venir a hablar de una figura retórica que sin duda se habrán encontrado, y que se utiliza por lo general para mejorar el ritmo del texto y a menudo para darle dramatismo: la anáfora. Y como no soy nadie para ir definiendo términos, veamos qué dicen por ahí de ella.

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¿Es útil Twitter?

Hace unas semanas Borja Ventura escribía en Yorokobu un interesante artículo sobre Twitter, en el que planteaba el problema que se está encontrando esta red social para generar tráfico hacia los contenidos que se publican en tweets. Es decir, lo difícil que resulta que un usuario de Twitter pinche en un enlace y acceda a un contenido externo, y lo pobre que queda en comparación, por ejemplo, con Facebook.

Aunque por supuesto mi experiencia no es extrapolable a todas las webs, lo que plantea el post es algo que personalmente vengo viendo desde hace un tiempo, y es un problema al que Twitter tendrá que hacer frente tarde o temprano. Veamos algunos datos, para los que he cogido estadísticas de Google Analyitcs y el periodo desde el 1 de octubre hasta hoy.

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Social proof

Después de malgastar una hora sentado frente al ordenador sin hacer otra cosa que contemplar la estupidez y vulgaridad inherente a un número muy significativo de las cuentas de twitter (que he visitado, lo cual no constituye desde el punto de vista estadístico una muestra representativa) y leer, palabra excesivamente optimista en este caso, una docena y pico de blogs que, en fin, son merecedores de pocos calificativos amables (en realidad, algunos muy similares a los ya plasmados), cosa que por otro lado demuestra mi enorme capacidad para el sufrimiento y la tolerancia a la mediocridad ajena así como el escaso aprecio que tengo por el tiempo libre del que dispongo, me he acordado de un párrafo que leí el otro día en el Internet Security Threat Report 2015 de Symantec (no pregunten, coño).

El texto en cuestión decía así:

"[...] the power of “social proof” — the idea that we attribute more value to something if it’s shared or approved by others. The classic example is of two restaurants: one with a big queue, the other empty. People would rather wait in the queue because popularity suggests quality."

Imagino que, a pesar de estar escrito en otro idioma, entienden la relación entre lo que les decía en el primer párrafo y esta idea. Me resulta difícil ser sincero sin parecer arrogante y estoy mayor para fingir humildad, así que veamos, por ejemplo, un caso paradigmático y un poco extremo, porqué negarlo, de esto que les comento, sacado de twitter, la semana pasada, sin ir más lejos.

La cuenta en cuestión tiene 2.4 millones de seguidores (si son todos ellos legítimos no lo sabe nadie) y dice perlas como estas:

No, por supuesto que no todos los tuits (si no son ustedes habituales de esta red social, esta castellanización de los términos les parecerá odiosa; estamos totalmente de acuerdo en eso) contienen este nivel de misoginia, válgame Dios, eso sería insoportable, pero el tufillo sobrevuela esa cuenta de vez en cuando. Tampoco, por si se lo preguntan, su contenido tiene nada que ver con el concepto de Filosofía que cualquiera de ustedes, espero, concibe. Es más bien un compendio de frases estúpidas, voluntaristas, machistas, simplistas y de autoayuda, repetidas una y otra vez hasta la saciedad.

Recuerden: hablamos de 2.4 millones de cuentas de twitter.

Quizá se pregunten si estamos frente a un ejemplo de "social proof" (la traducción literal me suena a mezcla de humor amarillo y Gran Hermano) o en realidad es más bien otra muestra de, ejem, estupidez social. Sí, yo también me inclino por esto último, aunque cabe plantearse si una cosa no es a estas alturas sinónima de la otra. Si me preguntan, no les diré que sí, aunque estoy a estas alturas convencido que nos aproximamos peligrosamente a ello; Idiocracia no es una película, es un documental sobre la sociedad del futuro. Sea como fuere, es un ejemplo excelente para explicar lo que siento en los últimos tiempos, ya me ponga frente al ordenador o salga a la calle. 

En fin, no sé si ven por dónde voy, pero si necesitan que se lo aclare es una muy mala señal. No obstante, se lo voy a resumir: allí donde miro percibo grandes, enormes, gigantescas cantidades de estupidez y de mediocridad aplaudida. Lo común nos rodea y lo que es peor, se cree especial. Más o menos aplaudida, pero aplaudida al fin y al cabo. He de señalar que no todo lo estúpido es mediocre ni todo lo mediocre es estúpido. 

Me he ido del tema. Ahora me doy cuenta, pero rectificar me llevará demasiado tiempo, así que continuaré y veremos dónde nos lleva esto.

No me entiendan mal; sin pensarlo mucho, tiendo a pensar que la mediocridad es tan necesaria como la estupidez. Son características complementarias que suelen darse de comer la una a la otra pero que no siempre viajan juntas. Pero son necesarias tanto como los programas basura y la comida rápida y la gente que lo compra todo en Zara y las lectoras de 50 sombras de Grey y los fans de Belén Esteban. No habríamos llegado hasta aquí si todo el mundo hubiese sido excepcional. Claro que así dicho, no sé si es bueno o malo; quizá estaríamos en un mundo mejor, porque entre ustedes y yo, los fans de Belén Esteban también votan (espero que no). El caso es que una vez parida, es necesario alimentar la idiotez con algo que sea sencillo y rápido de masticar.

Sí, este es un caso extremo. Quizá incluso no sea mediocre, sino excepcional en su capacidad de atraer idiotas con vanalidades y estupideces. Me doy cuenta ahora de que me estoy lejos de lo que quería tratar, pero creo haber llegado a algún lugar más o menos difuso. Probablemente no se vean las líneas, pero no es necesario; pueden adivinarlas y si no, imagínenlas.

Cuando aclare mis ideas volveré. Mientras tanto, háganse un favor e intenten no ser mediocres. Muy probablemente pasarán desapercibidos y no destacarán, pero mejor eso que ser un gilipollas aplaudido, ¿no creen?

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Algunas cosas más, antes de irme:

  1. El insoportable número de incisos de algunos párrafos es intencionado.
  2. Queda menos de un mes para mi trigésimo noveno cumpleaños. Es recomendable que vayan ustedes pensando algo, o quizá no es necesario. 
  3. Decía esta mañana en twitter que: "Estoy desarrollando un carácter huraño francamente desagradable". Esta entrada lo confirma, y lo peor (o lo mejor) es que no me siento mal por ello. Y me he levantado contento, así que imaginen el día que estoy de mal humor.
  4. Debería escribir más y divagar menos.

Veinticinco de junio

Querido diario,

Hoy he estado en Madrid, en la reunión de seguimiento de un proyecto en el que estoy trabajando. Bueno, en realidad no era Madrid capital, pero eso es lo de menos. Por cuestiones de confidencialidad, eso es todo lo que te puedo contar sobre el tema. La semana pasada también estuve en Madrid, para una reunión de seguimiento de otro proyecto de otro cliente. Por supuesto, tampoco puedo decir nada más sobre ello, por exactamente las mismas razones que antes. Aunque se agradecen los ofrecimientos para tomar unas cervezas (primer comentario), en estos viajes relámpago, que en alemán imagino que debe ser algo como Blitzraise, no dispongo de demasiado tiempo de ocio, por no decir de nada en absoluto; imagino que es normal, ya que al fin y al cabo son viajes de trabajo, que en alemán debe ser algo como Arbeitraise, aunque la verdad es que estoy adivinando.

Hoy he ido a la piscina por segunda vez. Como sabes, hacía mucho que lo tenía en mente, e incluso era casi un imperativo médico, pero hasta el pasado lunes no me decidí. No es demasiado caro, ni demasiado barato, y no está muy saturada. La verdad es que no estoy seguro de hasta qué punto mi espalda lo agradecerá, pero desde luego, mis brazos no parecen estar muy contentos. Cuando digo en mi twitter, y ese enlace es propaganda barata, que secarse la entrepierna es lo más cansado de ir a la piscina no estoy haciendo una referencia velada al tamaño de mi miembro, sino al cansancio después de nadar, aunque me duela admitirlo. Pero eso no es lo peor de todo, en realidad. Eso, lo peor de todo, es que con el calor que hace estos días y el esfuerzo físico, salgo del recinto climatizado sudando como un cerdo, si es que los cerdos sudan. Y me mantengo en ese estado de constante sudoración durante horas; hace ya casi cuatro horas que salí del agua y aún estoy sudando, ¿no es fabuloso?

No, supongo que no lo es.

Me estoy acostumbrando al Twitter (mira el enlace anterior). Sólo digo gilipolleces y cosas que no le importan a nadie, incluyéndome a mí, pero como es básicamente lo mismo que hace todo el mundo, me siento integrado en esto que llamamos Web 2.0. Ahí tienes otra gilipollez; bueno, dos gilipolleces, en realidad. A mí no me siguen más que Edgar y Javi, aunque la trascendencia de mis pequeñas perlas de conocimiento es exactamente la misma que la de los grandes Gurús de Internet a los que siguen miles de personas; bueno, supongo que alguno se salva, aunque no me apostaría nada. Claro que los gurús ya no son lo que eran. Antes eran Wietse Venema o Dennis Ritchie, entre otros muchos, y ahora ni siquiera me atrevo a decir el nombre de uno de ellos.

Se está haciendo tarde y yo sigo sudando como un cerdo, si es que los cerdos sudan, tema que queda pendiente de resolución. Si lo hacen, yo soy como el que más suda de todos ellos, incluido Napoleón, y esa imagen debería ser bastante sugerente. Con este calor es imposible dormir bien y hoy me he levantado (según mis estándares) temprano, así que debería aprovechar e irme a la cama, aunque pasen sólo treinta minutos de la madrugada. Lo que es una forma pija y larga de decir que son las doce y media. Podría contar más cosas, pero no son horas y no te quiero aburrir. Además, mañana tengo que entregar un informe para un cliente, que como te puedes imaginar, también es confidencial, y esa es otra buena razón.

Buenas noches, querido diario.

Twitter

Como pueden ver, me he abierto una cuenta de Twitter. A pesar de que aún me parece una tremenda gilipollez y no estoy seguro de generar suficiente contenido de interés como para que resulte de utilidad, la verdad es que me ha picado el gusanillo y ahí está; donde antes ponía aquello de «Puedes suscribirte al bló por e-mail o RSS» (cosa que aún pueden hacer), ahora pone mi última actualización de Twitter, adornado con una imagen "self-made" que me ha quedado muy mona. En un principio, pensé en publicitar mis deposiciones, pero creo que mi nivel de escatología no da para tanto y no tengo ningunas ganas de perder el culo cada vez que vaya o vuelva del servicio, baño, váter o como gusten en llamarlo; además, imagínense si algún día llego a presidente, lo mal políticamente que me podría venir eso. Bueno, el caso es que ahí está; intento darle vueltas a alguna utilidad, de momento sin éxito. Sigan a la escucha. Luego quizá les cuente algo.

"En el váter, plantando un pino (cagando)"

Hoy que he venido de traje y corbata -¿pueden creérselo?- podría aprovechar para contarles algo más serio y formal, o al menos en un tono más serio y formal, pero al fin y al cabo, ustedes no son clientes y a mi aparentar se me da bastante mal, sobre todo cuando estoy escribiendo, por lo que van a tener que quedarse con mi misma versión de siempre, tanto si les gusta como si no. Que eso, por supuesto, debería ser bueno y no malo si les gusta el blog. Para este viernes y los dos días que nos siguen, les tenía preparado un ladrillo.

Conocen como funciona esto de los blogs en muchos casos: lees un blog, una noticia, o un comentario de alguien, y eso te va generando poco a poco -si estás en desacuerdo con la opinión del sujeto en cuestión- una desazón que va in crescendo y acaba produciéndote unas ganas irrefrenables (últimamente uso mucho esa palabra) de decirle al mundo cómo de equivocada está esa persona, o al menos cuál es tu opinión o intuición al respecto. Ocasionalmente eso te lleva a meterte con alguien, y cuando eso sucede, es algo que por lo general no es fácil de evitar; más que nada, lo que puede intentarse es no entrar en el ensañamiento personal; yo a veces lo consigo y a veces no. En este caso, a pesar del proceso descrito, voy a intentar ser moderado, no sea que me equivoque y vengan ustedes dentro de un tiempo a cargar contra mí. Claro que para ello, deberían ustedes tener la suficiente memoria y ganas, y yo debería tener la suficiente audiencia, así que teniendo en cuenta que ninguna de estas dos cosas se cumplen (o al menos no la segunda), tampoco corro demasiados riesgos.

No sé si conocen ustedes el blog de Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa y "editor" del blog que lleva su nombre, www.enriquedans.com. Yo personalmente lo sigo desde hace un tiempo -incluso el otro día alguien aprovechó una excesiva defensa de mi identidad para intentar hacerme pasar por un troll en ese blog-, y aunque no estoy de acuerdo con gran parte de las cosas de lo que dice, ni cómo lo dice (mucha idea y poco análisis es la cuestión), son por lo general opiniones a tener en cuenta, aunque sólo sea por venir de quien vienen, lo cual demuestra que incluso en Internet la reputación importa, y no a todo el mundo con las mismas opiniones se le hace el mismo caso; importan mucho los amigos, los contactos, y tus herramientas de márketing: la cacareada democracia de Internet a tomar por culo, justamente como en el mundo real. Para ponerles en situación, Enrique Dans adolece de dos pequeños problemas. El primero es un ligero -o no tan ligero- ombliguismo («en mi última clase...», «en unas conferencias que he dado en EEUU...» «en un congreso de Shangai en el que he estado de ponente...») propio de otra gente de su ámbito (cualquiera que de conferencias hablando de blogs, la Web 2.0, MySpace, Menéame, o cosas similares, suele ser un buen candidato si de eso se trata), pero algo normal en su caso después de todo si tus estadísticas dicen que tienes casi 120,000 lectores diarios. Que las estadísticas mienten, sí, claro, pero que tiene una cantidad ingente de lectores a pesar de su (¿falsa?) modestia, eso también. El segundo (problema) es su fe ciega en todo, absolutamente todo lo que está surgiendo a raíz de la peste esta llamada webdospuntocero, que es otra de las características de la gente de su ámbito; sí, todo eso que sirve para comunicarse, crear redes sociales, potenciar el intercambio de información, bla bla bla. Esto va por la parte de hablar mucho y analizar poco.

El caso es que al respecto a esto último, voy a concretar un poco más. Enrique tiene una afición casi malsana por un bicho llamado Twitter, que te permite decirle a todo el mundo qué estás haciendo en cada momento, pero con sólo 140 caracteres. Y no es el único: cualquier tecnólogo o pretendido gurú de la blogosfera -los que les decía antes, que en muchos casos no acaban de aportar nada en absoluto- tiene su propia "página", en la que cuenta gilipolleces insustanciales como "Acabo de desayunar", "Me voy a la cama" o "Estoy tomando una cerveza en una terracita". No me interpreten mal, cualquiera es libre de decir las gilipolleces que encuentre oportuno tanto si tiene su audiencia como si no, pero eso no las hace menos gilipolleces. Enrique define esto -y de ahí parte de la crítica que le hacía antes- como «Comunicación es estado puro, sensación de proximidad total con aquellos a los que sigues, una herramienta que cada día me gusta más». Bueno, el caso es que yo no le veo la gracia a todo eso, pero eso por supuesto es cosa mía. No es sólo que, obviamente, tiene que haber un cierto interés y casi dependencia de este tipo de cosas (¿quién en su sano juicio dice, o necesita decir, o siente el deseo de decir que va a tomarse una cerveza o una horchata justo antes de tomársela? ¿No les parece una tremenda estupidez en sí misma, o sólo yo pienso eso?), ni es sólo pretender que continuamente hay gente interesada en qué estás haciendo en cada momento del día, o que tu vida es de alguna forma especial para alguien más que tu entorno más cercano, y volvemos al ombliguismo. Es todo eso y pensar si a alguien en este mundo le puede interesar que te vas a dormir, y porqué eso le puede interesar; es creer que saber qué hacen los demás en cada instante te acerca a ellos, es malinterpretar el concepto de comunicación y llenarla de ruido, de basura inservible. Porque que seas Enrique Dans no la hace útil, aunque seas Enrique Dans.

Y esa es mi opinión. Como siempre, nos vemos el lunes o el martes por aquí, si quieren; yo por mi parte tengo cosas que hacer este fin de semana. Ya saben que estaré en el correo electrónico, pero no esperen respuestas inmediatas. Yo tengo mi vida y ustedes tienen la suya y probablemente, a no ser que sean una de esas personas a las que no me dirijo como a "ustedes" y para los que estaré en el móvil, e incluso en ese caso, nuestro interés recíproco en la vida del otro es por fortuna limitado. No se ofendan, pero con la cantidad de cosas interesantes que hay en el mundo, me importan un rábano sus rutinas, sean quienes sean, como probablemente a ustedes las mías; todos tenemos las nuestras y no son nada especial. Así que pasen un buen fin de semana, sean buenos y como les decía, hasta la semana que viene.