Social proof

Después de malgastar una hora sentado frente al ordenador sin hacer otra cosa que contemplar la estupidez y vulgaridad inherente a un número muy significativo de las cuentas de twitter (que he visitado, lo cual no constituye desde el punto de vista estadístico una muestra representativa) y leer, palabra excesivamente optimista en este caso, una docena y pico de blogs que, en fin, son merecedores de pocos calificativos amables (en realidad, algunos muy similares a los ya plasmados), cosa que por otro lado demuestra mi enorme capacidad para el sufrimiento y la tolerancia a la mediocridad ajena así como el escaso aprecio que tengo por el tiempo libre del que dispongo, me he acordado de un párrafo que leí el otro día en el Internet Security Threat Report 2015 de Symantec (no pregunten, coño).

El texto en cuestión decía así:

"[...] the power of “social proof” — the idea that we attribute more value to something if it’s shared or approved by others. The classic example is of two restaurants: one with a big queue, the other empty. People would rather wait in the queue because popularity suggests quality."

Imagino que, a pesar de estar escrito en otro idioma, entienden la relación entre lo que les decía en el primer párrafo y esta idea. Me resulta difícil ser sincero sin parecer arrogante y estoy mayor para fingir humildad, así que veamos, por ejemplo, un caso paradigmático y un poco extremo, porqué negarlo, de esto que les comento, sacado de twitter, la semana pasada, sin ir más lejos.

La cuenta en cuestión tiene 2.4 millones de seguidores (si son todos ellos legítimos no lo sabe nadie) y dice perlas como estas:

No, por supuesto que no todos los tuits (si no son ustedes habituales de esta red social, esta castellanización de los términos les parecerá odiosa; estamos totalmente de acuerdo en eso) contienen este nivel de misoginia, válgame Dios, eso sería insoportable, pero el tufillo sobrevuela esa cuenta de vez en cuando. Tampoco, por si se lo preguntan, su contenido tiene nada que ver con el concepto de Filosofía que cualquiera de ustedes, espero, concibe. Es más bien un compendio de frases estúpidas, voluntaristas, machistas, simplistas y de autoayuda, repetidas una y otra vez hasta la saciedad.

Recuerden: hablamos de 2.4 millones de cuentas de twitter.

Quizá se pregunten si estamos frente a un ejemplo de "social proof" (la traducción literal me suena a mezcla de humor amarillo y Gran Hermano) o en realidad es más bien otra muestra de, ejem, estupidez social. Sí, yo también me inclino por esto último, aunque cabe plantearse si una cosa no es a estas alturas sinónima de la otra. Si me preguntan, no les diré que sí, aunque estoy a estas alturas convencido que nos aproximamos peligrosamente a ello; Idiocracia no es una película, es un documental sobre la sociedad del futuro. Sea como fuere, es un ejemplo excelente para explicar lo que siento en los últimos tiempos, ya me ponga frente al ordenador o salga a la calle. 

En fin, no sé si ven por dónde voy, pero si necesitan que se lo aclare es una muy mala señal. No obstante, se lo voy a resumir: allí donde miro percibo grandes, enormes, gigantescas cantidades de estupidez y de mediocridad aplaudida. Lo común nos rodea y lo que es peor, se cree especial. Más o menos aplaudida, pero aplaudida al fin y al cabo. He de señalar que no todo lo estúpido es mediocre ni todo lo mediocre es estúpido. 

Me he ido del tema. Ahora me doy cuenta, pero rectificar me llevará demasiado tiempo, así que continuaré y veremos dónde nos lleva esto.

No me entiendan mal; sin pensarlo mucho, tiendo a pensar que la mediocridad es tan necesaria como la estupidez. Son características complementarias que suelen darse de comer la una a la otra pero que no siempre viajan juntas. Pero son necesarias tanto como los programas basura y la comida rápida y la gente que lo compra todo en Zara y las lectoras de 50 sombras de Grey y los fans de Belén Esteban. No habríamos llegado hasta aquí si todo el mundo hubiese sido excepcional. Claro que así dicho, no sé si es bueno o malo; quizá estaríamos en un mundo mejor, porque entre ustedes y yo, los fans de Belén Esteban también votan (espero que no). El caso es que una vez parida, es necesario alimentar la idiotez con algo que sea sencillo y rápido de masticar.

Sí, este es un caso extremo. Quizá incluso no sea mediocre, sino excepcional en su capacidad de atraer idiotas con vanalidades y estupideces. Me doy cuenta ahora de que me estoy lejos de lo que quería tratar, pero creo haber llegado a algún lugar más o menos difuso. Probablemente no se vean las líneas, pero no es necesario; pueden adivinarlas y si no, imagínenlas.

Cuando aclare mis ideas volveré. Mientras tanto, háganse un favor e intenten no ser mediocres. Muy probablemente pasarán desapercibidos y no destacarán, pero mejor eso que ser un gilipollas aplaudido, ¿no creen?

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Algunas cosas más, antes de irme:

  1. El insoportable número de incisos de algunos párrafos es intencionado.
  2. Queda menos de un mes para mi trigésimo noveno cumpleaños. Es recomendable que vayan ustedes pensando algo, o quizá no es necesario. 
  3. Decía esta mañana en twitter que: "Estoy desarrollando un carácter huraño francamente desagradable". Esta entrada lo confirma, y lo peor (o lo mejor) es que no me siento mal por ello. Y me he levantado contento, así que imaginen el día que estoy de mal humor.
  4. Debería escribir más y divagar menos.