"En el váter, plantando un pino (cagando)"

Hoy que he venido de traje y corbata -¿pueden creérselo?- podría aprovechar para contarles algo más serio y formal, o al menos en un tono más serio y formal, pero al fin y al cabo, ustedes no son clientes y a mi aparentar se me da bastante mal, sobre todo cuando estoy escribiendo, por lo que van a tener que quedarse con mi misma versión de siempre, tanto si les gusta como si no. Que eso, por supuesto, debería ser bueno y no malo si les gusta el blog. Para este viernes y los dos días que nos siguen, les tenía preparado un ladrillo.

Conocen como funciona esto de los blogs en muchos casos: lees un blog, una noticia, o un comentario de alguien, y eso te va generando poco a poco -si estás en desacuerdo con la opinión del sujeto en cuestión- una desazón que va in crescendo y acaba produciéndote unas ganas irrefrenables (últimamente uso mucho esa palabra) de decirle al mundo cómo de equivocada está esa persona, o al menos cuál es tu opinión o intuición al respecto. Ocasionalmente eso te lleva a meterte con alguien, y cuando eso sucede, es algo que por lo general no es fácil de evitar; más que nada, lo que puede intentarse es no entrar en el ensañamiento personal; yo a veces lo consigo y a veces no. En este caso, a pesar del proceso descrito, voy a intentar ser moderado, no sea que me equivoque y vengan ustedes dentro de un tiempo a cargar contra mí. Claro que para ello, deberían ustedes tener la suficiente memoria y ganas, y yo debería tener la suficiente audiencia, así que teniendo en cuenta que ninguna de estas dos cosas se cumplen (o al menos no la segunda), tampoco corro demasiados riesgos.

No sé si conocen ustedes el blog de Enrique Dans, profesor del Instituto de Empresa y "editor" del blog que lleva su nombre, www.enriquedans.com. Yo personalmente lo sigo desde hace un tiempo -incluso el otro día alguien aprovechó una excesiva defensa de mi identidad para intentar hacerme pasar por un troll en ese blog-, y aunque no estoy de acuerdo con gran parte de las cosas de lo que dice, ni cómo lo dice (mucha idea y poco análisis es la cuestión), son por lo general opiniones a tener en cuenta, aunque sólo sea por venir de quien vienen, lo cual demuestra que incluso en Internet la reputación importa, y no a todo el mundo con las mismas opiniones se le hace el mismo caso; importan mucho los amigos, los contactos, y tus herramientas de márketing: la cacareada democracia de Internet a tomar por culo, justamente como en el mundo real. Para ponerles en situación, Enrique Dans adolece de dos pequeños problemas. El primero es un ligero -o no tan ligero- ombliguismo («en mi última clase...», «en unas conferencias que he dado en EEUU...» «en un congreso de Shangai en el que he estado de ponente...») propio de otra gente de su ámbito (cualquiera que de conferencias hablando de blogs, la Web 2.0, MySpace, Menéame, o cosas similares, suele ser un buen candidato si de eso se trata), pero algo normal en su caso después de todo si tus estadísticas dicen que tienes casi 120,000 lectores diarios. Que las estadísticas mienten, sí, claro, pero que tiene una cantidad ingente de lectores a pesar de su (¿falsa?) modestia, eso también. El segundo (problema) es su fe ciega en todo, absolutamente todo lo que está surgiendo a raíz de la peste esta llamada webdospuntocero, que es otra de las características de la gente de su ámbito; sí, todo eso que sirve para comunicarse, crear redes sociales, potenciar el intercambio de información, bla bla bla. Esto va por la parte de hablar mucho y analizar poco.

El caso es que al respecto a esto último, voy a concretar un poco más. Enrique tiene una afición casi malsana por un bicho llamado Twitter, que te permite decirle a todo el mundo qué estás haciendo en cada momento, pero con sólo 140 caracteres. Y no es el único: cualquier tecnólogo o pretendido gurú de la blogosfera -los que les decía antes, que en muchos casos no acaban de aportar nada en absoluto- tiene su propia "página", en la que cuenta gilipolleces insustanciales como "Acabo de desayunar", "Me voy a la cama" o "Estoy tomando una cerveza en una terracita". No me interpreten mal, cualquiera es libre de decir las gilipolleces que encuentre oportuno tanto si tiene su audiencia como si no, pero eso no las hace menos gilipolleces. Enrique define esto -y de ahí parte de la crítica que le hacía antes- como «Comunicación es estado puro, sensación de proximidad total con aquellos a los que sigues, una herramienta que cada día me gusta más». Bueno, el caso es que yo no le veo la gracia a todo eso, pero eso por supuesto es cosa mía. No es sólo que, obviamente, tiene que haber un cierto interés y casi dependencia de este tipo de cosas (¿quién en su sano juicio dice, o necesita decir, o siente el deseo de decir que va a tomarse una cerveza o una horchata justo antes de tomársela? ¿No les parece una tremenda estupidez en sí misma, o sólo yo pienso eso?), ni es sólo pretender que continuamente hay gente interesada en qué estás haciendo en cada momento del día, o que tu vida es de alguna forma especial para alguien más que tu entorno más cercano, y volvemos al ombliguismo. Es todo eso y pensar si a alguien en este mundo le puede interesar que te vas a dormir, y porqué eso le puede interesar; es creer que saber qué hacen los demás en cada instante te acerca a ellos, es malinterpretar el concepto de comunicación y llenarla de ruido, de basura inservible. Porque que seas Enrique Dans no la hace útil, aunque seas Enrique Dans.

Y esa es mi opinión. Como siempre, nos vemos el lunes o el martes por aquí, si quieren; yo por mi parte tengo cosas que hacer este fin de semana. Ya saben que estaré en el correo electrónico, pero no esperen respuestas inmediatas. Yo tengo mi vida y ustedes tienen la suya y probablemente, a no ser que sean una de esas personas a las que no me dirijo como a "ustedes" y para los que estaré en el móvil, e incluso en ese caso, nuestro interés recíproco en la vida del otro es por fortuna limitado. No se ofendan, pero con la cantidad de cosas interesantes que hay en el mundo, me importan un rábano sus rutinas, sean quienes sean, como probablemente a ustedes las mías; todos tenemos las nuestras y no son nada especial. Así que pasen un buen fin de semana, sean buenos y como les decía, hasta la semana que viene.