Cosas que aborrezco

Hay libros a los que les coges manía sin ni siquiera haberlos empezado. O eso me pasa a mí, y perdonen que generalice. A otras personas, entre ellas mi señora, les pasa eso con las películas, pero a mí como les decía me pasa con los libros. Es un poco como esa gente a la que, sin conocerla, ya le hemos puesto la cruz encima con sólo mirarla un par de veces: estúpida, chulo, tonta, altanero, o lindezas similares; a mí eso me pasó en el instituto con varias personas, y al final todas resultaron la mar de agradables. Por el contrario, muchos de los que conocía mejor acabaron siendo individuos bastante decepcionantes, pero qué más da, a la mierda con ellos. Claro que tampoco sabe uno si lo mismo hubiera sucedido al invertirse la situación; quizá sea el contacto prolongado con las personas lo que hace que me resulten tan frustrantes (probablemente el sentimiento sea recíproco, aunque no les culpo). Se me ocurre ahora que además, lo mismo que les contaba con los libros y las personas me sucede con la comida, y no deja de ser preocupante que esta tendencia se extienda a otros ámbitos de mi vida. Hay tantos platos que sin haber probado -platos que por supuesto no tengo intención de probar- me provocan arcadas que podría empezar y no parar hasta mañana, así que no les aburriré con eso. La cuestión, como les iba diciendo, es que yo, sí, tengo libros a los que les tengo manía. Libros y autores, que compré y de tanto oírlos recomendar y alabar a mis ex compañeros de facultad, acabé odiando profundamente, sin ni siquiera abrirlos o haber leído una mísera página, y ahí están, en lo alto de una estantería, acumulando polvo hasta que desaparezcan o los ácaros se los coman. Tal es este sentimiento que sólo la imagen o el mismo nombre de alguno de sus autores me genera un respingo de aprensión. Ya sé, cómo no, lo mucho que me pierdo y lo irracional de este comportamiento, pero por irracional, comprenderán que no pueda controlarlo y admita que tal cosa no me preocupa en absoluto. Libros, personas y platos hay tantos, que para qué. Bueno, quizá platos no haya tantos, es cierto, pero tenemos que acabar con esto.

Quizá quieran saber cuáles son esos libros y esos autores que tanto aborrezco, y quizá, por honradez, debería decírselos, pero creo que, por el bien de mi presente reputación y sobre todo por la futura, si es que algún día llego a tener algo como tal cosa -de ilusión también se vive-, voy a ocultar esos nombres y esos títulos en lo más profundo de mi cabeza, y si les parece bien, justo antes de morir, se los digo. Y entonces, que me juzgue quien quiera.