Activismo de sofá

Una amiga de Facebook me enviaba hoy una invitación a un "evento" al que la habían invitado. El evento en cuestión propone no conectarse a la red social durante 24 horas como forma de protesta contra las políticas machistas y sexistas que dicha empresa aplica a discreción. Esto me recuerda en cierto modo a la reivindicación de algunos homosexuales para que la Iglesia Católica cambie su política respecto a la homosexualidad, aunque esa es otra guerra diferente en la que no voy a meterme (y también me abstendré de realizar comparaciones absurdas en torno a la idea de religión). Lo cierto es que dicho así suena un poco a chiste (¿24 horas sin conexión a Facebook? ¿Hasta ese nivel hemos bajado el listón?), aunque no es mi intención polemizar. O bueno, sí, qué coño.

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Iluminati

Como saben, durante esta semana pasada estuve recibiendo comentarios ofensivos, grotescos, o llámenlos como quieran, que provocaron que moderase las contribuciones. Al parecer, y como ya comenté, la causa de todo el follón —que no es, como podría suponerse, un foll*dor compulsivo— fue un comentario subido de tono en el blog de Enrique Dans. En principio, la "tormenta" (no fue para tanto) ya ha pasado, aunque nunca se sabe. Les confieso que todo esto ha sido un poco raro; o más bien, su autor es un tipo un poco extraño; igual pasa de la adulación al "insulto" en unos minutos, o igual se muestra amable que adopta un curioso tono paternal o imperativo. En definitiva, que es un sujeto curioso.

Volviendo a lo que les decía, la respuesta de mi señora a lo que pasó, fue poco más o menos un «te lo mereces, por buscabullas». Vale, lo admito, es cierto. La mayor parte de las veces me lo merezco por camorrista, aunque eso no implique que esté de acuerdo con el abuso aplicado sobre este blog como "correctivo". Diciéndolo de una forma diferente, confieso que me gusta críticar y me gusta hacerlo "con fuerza". Y ese es el problema, porque aunque *siempre* esas críticas tienen una opinión de base, con la que se puede estar de acuerdo o no, el lenguaje que utilizo suele ser con frecuencia demasiado agresivo, tanto más cuanto menos de acuerdo estoy con el destinatario de mi crítica o más en posesión de la verdad se cree éste (o, puntualicemos, esa sensación me da a mí); a menudo, éste es lo suficiente corrosivo para que el interlocutor se sienta justificado a tomar mis palabras como una agresión personal, e incluso para que en alguna ocasión, un par de horas después acabe pensando que quizá me haya extralimitado, al menos en las formas.

Pero, y he aquí el necesario pero, es que toda la retórica que acompaña a esas críticas me puede: me divierte una barbaridad; supongo que heredé esa afición por la discusión como fin en sí misma de las Usenet News (i.e. los grupos de discusión) mientras estuve en Atlanta, y la conservo; es por otra parte un sano ejercicio, mientras no se lo tomen en serio (y yo a veces lo hago). A lo que voy, es que en algunas ocasiones —no en todas, por supuesto— suelo soltar los dedos con demasiada facilidad y sobre todo, demasiada mala leche, y cuando veo que el interlocutor se muestra razonable, casi siempre me veo obligado a puntualizar mis comentarios y comerme el tono de mis palabras, que no la crítica en sí (a no ser, claro, que efectivamente constate —o reconozca— que estoy equivocado). Claro que cuando la otra persona se siente comprensiblemente agredida y responde a la crítica de la misma forma, entonces sí me divierto, y casi diría que la otra parte también.

Lo sé, no está bien, pero quería explicárselo que hoy me he levantado sincero (y bastante espeso). Además, estarán de acuerdo en que ya somos demasiados iluminados andando por este mundo y qué quieren, yo soy así y la Lola se va a los puertos.

Estupidez

No me cabe ninguna duda de que conocen la siguiente frase:

 

“Sólo dos cosas son infinitas, el universo y la estupidez humana… y no estoy seguro de lo primero.” — Albert Einstein

 

Ahora verán el propósito de todo esto. En los últimos días, a raíz de un —lo reconozco— comentario algo subido de tono en el blog de Enrique Dans, estoy recibiendo bastantes comentarios ofensivos y molestos en las entradas que escribo; esa es la causa de que los comentarios continuen moderados, y que estén moderados la causa de que ustedes no los vean, claro (aunque hay algunos que se colaron al principio). Aunque pueden consultarlo en este enlace, el comentario se lo pongo debajo para su mayor comodidad:

 

«La verdad es que para dedicarte a lo que te dedicas, tus análisis son en general bastante sesgados y poco objetivos. Pareces basar tus preferencias y opiniones en cuestiones más bien irracionales, en un "yo no quiero ser de Microsoft." Cuestión que por supuesto jamás va asociada a Google.

Esta entrada en concreto tiene, además, una componente nada despreciable de FUD, ya sabes, aquello de "Fear, Uncertainty and Doubt". Bueno, tú de esas cosas sabes más que yo, claro.

Por último, me resulta muy interesante aquello de "enviando correo basura sin parar a la Hotmail", porque no sé cuantos correos basura recibes tú de Hotmail. Porque asumo, claro, que dispones de una cuenta en Hotmail. Yo, que tengo una cuenta en hotmail (y otra en gmail), recibiré a lo sumo uno cada 3 meses, algo que en mi opinión no es algo excesivo. Pero claro, para gustos colores.

En definitiva, lo más normal es que, como ya ha pasado en otras ocasiones y parece que alguien te ha recordado, no des ni una con tus predicciones de futuro para Microsoft. Suerte que opinar es gratis y las palabras se las lleva el viento (aunque estén en Google).»

 

Ese es el comentario; quizá algo incendiario, pero tampoco nada del otro mundo. La cuestión es que a partir de decir eso, a un pobre idiota, o quizá a más de uno (para aquellos curiosos, dispongo de una IP de Completel y otra de un proxy anónimo, por lo que no puedo decir de cuánta gente se trata), por alguna extraña razón que desconozco pero que sospecho (simple y llana estupidez), se le ha metido entre ceja y ceja este blog y no para de molestar, como los vecinos en la canción de Alaska. Tampoco es que estorbe demasiado, ni sea la primera vez, pero siempre es por la misma razón: un comentario en el blog de Dans (Enrique tiene lectores muy fieles, desde luego, si son capaces de hacer este tipo de cosas). Y bueno, lo cierto es que resulta pesado.

Sirva pues esta entrada y los comentarios que contenga de homenaje a este sujeto, que últimamente me exige (y yo diría que incluso me amenaza) que no le censure. Ah. Y si alguna vez han dudado de la frase de Einstein que encabeza esta entrada, ahora pueden estar seguros de que no se equivocaba.

Así pues, no volveré a censurarte. Ten por seguro que todos tus comentarios —incluidos los que has hecho hasta ahora— aparecerán en este blog, dentro de esta entrada, cuyo título no podía ser otro que "Estupidez".

Con Dios.

Nota informativa: No he pensado en ningún momento que Enrique Dans tenga nada que ver con esto, más obra de idiotas congénitos que de personas.

09 F9 11 02 9D 74 E3 5B D8 41 56 C5 63 56 88 C0

Supongo que están ustedes al tanto de este número: 09-f9-11-02-9d-74-e3-5b-d8-41-56-c5-63-56-88-c0

Aunque es probable que muchos de ustedes ni siquiera lo consideren un número. Bien, eso no importa demasiado.

Se lo voy a explicar lo mejor que el tiempo y las ganas me lo permitan; me disculparán si me dejo los detalles técnicos, porque les confieso que yo tampoco estoy al tanto de ellos. Lo que seguro que saben es que hay mucha gente empeñada en que ustedes no se bajen las películas de Internet, ni que se las graben al PC de DVDs originales; esta es la causa de que esa misma gente haya desarrollado una tecnología que cifra las películas para que sólo puedan verlas con determinados juguetes o determinados programas. Es parte de todo eso que se llama DRM, Digital Rights Management. Bueno, pues esto del cifrado, que era tan secreto, tan complejo y tan tan, utiliza una clave que viene a ser el chorizo que tienen arriba, y que se descubrió hace un par de meses. Ya lo sé, tanto dinero y tiempo desperdiciado; una auténtica lástima.

Pero la historia no acaba aquí; ahora es cuando comienza lo divertido. Resultó que ese número salió hace unos días en Digg. Este sitio viene a ser el precursor del Menéame hispanoparlante, pero mucho más a lo bestia. En estas páginas los usuarios mandan noticias que luego son votadas según la importancia que el resto de lectores le den. El problema es que la MPAA (Motion Picture Association of America) considera ese número como parte de "su" tecnología, y por tanto sujeto a copyright. Y de igual forma que habían venido haciendo hasta entonces, amenazaron a Digg con emprender acciones legales.

Y Digg... se acojonó. Lo borró. Lo eliminó. Lo hizo desaparecer. Lo censuró. Y no les culpo, yo sin duda habría hecho lo mismo. Pero ahora, cuando el número en cuestión está en unas cuantas webs, Kevin Rose, como portavoz del equipo Digg, sale diciendo que ...

 

(...) después de ver los cientos de historias y leer miles de comentarios, nos lo habéis dejado bien claro. Preferiríais ver cómo Digg se hunde luchando que someterse a una gran compañía. Os escuchamos y, con efecto inmediato, no volveremos a eliminar ninguna historia con dicho código y asumiremos las consecuencias cuales quiera que sean.

Y, si perdemos, qué cojones. Al menos lo hicimos luchando.

 

[Traducción de La Petite Claudine]

Bien, no sé qué pensarán ustedes, pero yo discrepo profundamente con LPC en esto. No me lee, así que no tendré réplica; mucho más cómodo. Porque ahora no es el momento de ser valientes. Ese tiempo ya pasó y Digg metió el rabo entre las piernas, agachó las orejas y se cagó de miedo. Ahora ya no sirve ladrarle al viento. Te acojonaste, así que ahora no te hagas el machito.

Si no ven la moraleja, es la siguiente: Digg se volverá a cagar, tarde o temprano. Tiempo al tiempo.

[Actualización: Leo a través de LPC -ya vale de enlaces- que al parecer, aunque es sólo un rumor, pudo no ser miedo lo que había, sino intereses económicos]

Cuánta hipocresía y yo que viejo

Me temo que esta entrada no va a ser demasiado popular, aunque como ustedes comprenderán, no siempre va uno a decirles lo que les gusta oír; yo no soy su abuela. Y discrepar es sano, se aprende mucho con ello. Ya escribí sobre esto hace algún tiempo, en el papel de abogado del diablo, pero a causa de lo que he leído últimamente, quería repetirlo. Entiéndanme. Yo estoy en contra de la SGAE, en contra de cualquier tipo de criminalización de las redes P2P, en contra de la asociación de la distribución de música por Internet con las mafias terroristas y criminales. Estoy en contra del cánon, tanto el de soportes informáticos como el recientemente aplicado al préstamo de libros -que vergüenza-, y en contra de los derechos de autor eternos y abusivos -pero a favor de los derechos de autor-. Estoy a favor de la copia privada, y considero que el precio de los discos -y de la primera edición de muchos libros- es excesivo. Pienso que las compañías discográficas están dando palos de ciego, y que aquí mucha gente no quiere ver que las cosas están cambiando y aún van a cambiar más.

Pero eso no es todo. Cuando la mejor y única defensa para el uso de las redes P2P que muchos arguyen es el respaldo legal, ese "lo que hago es legal" repetido hasta la saciedad, algo cruje. Ya no es cuestión de defender el acceso de la población sin recursos a la cultura, no. Aquí la cuestión reside en poder bajarse la última película americana de terror adolescente, o el último disco del ganador de OT; eso es lo que algunos entienden por cultura libre. Esa es en realidad la cuestión para muchos detrás de tanta "lucha", aunque es cierto que no para todos. Miren. Tal como yo lo veo, a nadie le gusta que le obliguen a trabajar gratis; a nadie. Así que aunque sea legal o no, sea punible o no que yo me baje de Internet el último disco de Mika, lo que no me parece moralmente aceptable es obtener el trabajo de otras personas sin que éstas obtengan nada a cambio, y encima, decir que está bien y que tienes derecho a ello. ¿O es que hay alguno de ustedes que trabaje gratis por gusto?

Bajen, copien y compartan ustedes lo que quieran, pero por favor, al menos no seamos *tan* hipócritas.

[En Security A(r)tWork: Lucha contra el spam]

Coherencia política

Cada vez que alguien me viene a contar las bondades del PSOE, me da una que me parto de risa. Con el PP no me río, que lo que me dan es miedo. Pero al final, aquí son todos buitres del mismo nido. Me explico.

Hace unos cinco años, cuando aún gobernaba el señor del bigote -estamos trabajando en eeeello-, el PSOE solicitó la retirada de la LSSI (Ley de comercio electrónico) que se había aprobado recientemente en el Consejo de Ministros. Sigo con la noticia de El País, del 27/02/2002:

 

«Alfredo Pérez Rubalcaba, portavoz de Ciencia y Tecnología del Grupo Parlamentario Socialista, ha anunciado esta mañana que el PSOE pedirá la retirada de la ley de comercio electrónico (LSSI), aprobada en Consejo de Ministros el pasado 8 de febrero [de 2002], cuando llegue al Congreso de los Diputados, dentro de unas dos semanas. [...]

Un segundo motivo para reclamar la retirada, según el PSOE, es que la ley introduce el "ambigüo" concepto de "autoridad competente", que es quien, según la LSSI, puede decretar el cierre cautelar de una página web. Según el PSOE, la ley no aclara si esa autoridad es administrativa o judicial. "Esta tarea, según la Constitución, corresponde a un juez", ha explicado Rubalcaba, quien ha recordado además que ya existen mecanismos para perseguir los delitos relacionados con la información.

Rubalcaba, quien ha calificado a la LSSI como "ley de censura del ciberespacio" y ha criticado las "multas desorbitadas" que impone (hasta 600.000 euros), ha asegurado que el PSOE pedirá en el Congreso la transposición directa de la directiva, tal y como han hecho otros países como Alemania. "El Gobierno no puede aprovechar una ley de comercio electrónico para establecer controles sobre la información", ha concluido.»

[Fuente: El País] [La noticia en El Mundo]

 

Aguarden, no aplaudan todavía, que lo mejor está por llegar. Sigo ahora con otra noticia de El Mundo, de anteayer mismo (11/04/2007), cuando al parecer, el PSOE opina algo muy diferente sobre la ley -con sus palabras- "de censura del ciberespacio", y considera que la tarea de cerrar una página web ya no corresponde a un juez (igual es que han derogado la Constitución y yo no me he enterado):

 

«De momento, para eliminar o bloquear por la fuerza cualquier contenido de Internet, se necesitaba una orden judicial. No obstante, una reforma legal aún en trámites prevé que las entidades de gestión de derechos de autor, como la SGAE, puedan solicitar a las operadoras el bloqueo de contenidos, y éstas estarían obligadas a hacerlo. [...]

La Asociación de Internautas ha denunciado que "el anteproyecto convierte a la SGAE y entidades análogas en órganos 'judiciales' capaces de calificar como ilícito y culpable la actuación de un usuario y a los prestadores de servicios en empresas al servicio de estos supuestos jueces, encargadas de retirar los contenidos 'ilícitos' por obra y gracia de unas organizaciones privadas".»

[Fuente: El Mundo] [La noticia en El País]

 

Al parecer, según indica Kriptópolis [también en El Mundo], «el impresentable artículo 17 bis del proyecto de reforma de la LSSI (que otorgaba a las entidades de gestión de derechos de autor el papel de "autoridad competente" para el control de Internet) ha sido retirado».

De momento.

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Para aquellos curiosos, si tienen un momento, y aunque tampoco he hecho demasiada investigación en el tema -redundante, por otro lado- les recomiendo que abran las dos noticias y las observen desde el punto de vista de ambos periódicos, El Mundo y El País. Podrán darse cuenta sin demasiado esfuerzo que cada una de las noticias se aborda de manera diferente por cada uno de los diarios, dependiendo de si en el momento de su publicación el régimen político les era afín o no (ya saben aquello de la independencia: El Mundo al PP, y El País al PSOE). Cuando éste es afín y no conviene incidir mucho en una noticia que dañaría sus intereses políticos, no se mojan y se limitan a dar la opinión de un intermediario (Kriptópolis en un caso, y Todos contra el canon en el otro), de modo que el lector queda a merced de su conocimiento o desconocimiento de la organización citada y lo fiable que ésta le resulte. Sin embargo, cuando la situación política no es afín a la ideología del diario y hay que "meter caña", se opina directamente o se recurre a las palabras del partido propio, que son mucho más creíbles que las de cualquier organización -y no creo que puedan considerarse como "intermediarios".

No sé, quizá sea yo que soy un paranoico, pero me da a mí que no.

Breves y tres

(Aquí comienza el recurso más estéril y fácil para escribir una entrada en un blog)

Desde que comenté muy brevemente aquella noticia de Elsa Pataky, un total de casi doscientas personas han venido a esta página en busca de fotografías de la susodicha, y todo porque al parecer, MSN Search cree que que la foto de El Mundo a la que enlazaba pertenece a este blog. Pues no, y siento ser el causante de tantas decepciones.

Por otro lado, tal abrumador interés por Elsa Pataky, lógico pero exagerado, deja en la sombra búsquedas mucho más interesantes. Desde la desgarradora necesidad sexual ("mujeres que quieran coger hoy", "porno alemán"), hasta las inseguridades y problemas de vivir en sociedad ("siento que se rien de mi", "como vivir en sociedad"), pasando por la fe religiosa y la esperanza ("rezos para aprobar el carnet") o el teatro más transgresor ("mujer meando en el escenario"), entre otras. Ya ven. Para gustos, colores.

(Y aquí acaba el recurso más estéril y fácil para escribir una entrada en un blog)

Google es tu amigo. O no.

La pasada noche tuve un sueño, uno de esos que no llegan a serlo, de los que se tienen justo antes de quedarte dormido. En él, veía a mucha gente, incluido yo, cogida de la mano, felices, sonriendo, formando un círculo, justo como en el juego del corro de la patata (comeremos ensalada). Ya saben. Sólo que no éramos unos cuantos, sino que éramos miles, millones de personas, juntas, contentos, bailando, pasándolo bien. Millones de personas jugando al corro de la patata. Éramos, no me pregunten como lo sé, Google. Ya conocen el enlace.

Pero en un determinado momento, al intentar soltarme de mis compañeros, noto que sus manos se aprietan sobre las mías, y las siguen apretando, hasta que me duelen, pero mientras, sonríen y bailan; como si no pasase nada. Yo no, claro; a mi aquello no me hace la menor gracia. Y aunque consigo soltarme por unos segundos, sus manos son más rápidas que mis piernas, y con la rapidez que se atraen dos imanes de distinto polo puestos uno junto al otro, sus dedos se pegan a mis muñecas y vuelvo a formar parte del feliz corro, aunque, y de esto no me acuerdo, imagino que yo ya no soy tan feliz. O a lo mejor sí. Oyoquesé.

Un visionario, ya lo sé, eso es lo que soy.

Internet mon amour

Hace un par de noches me emocioné por algo obvio, algo evidente, algo que todo el mundo sabe, pero de lo que nunca había sido realmente consciente. Entré en un blog de Blogger, un blog que visito de vez en cuando, y salté al siguiente mediante el botón Next Blog que hay en la esquina superior derecha. Y me encontré con fotos de un chaval Tailandés y sus amigos en el instituto. Continué, y llegué al blog de un profesor americano de filosofía, humanidades y estudios de religión, en el que hablaba de la necesaria distinción entre realidad y ficción a propósito de El Código Da Vinci, desde el cual llegué al blog de un jardinero Australiano que se quejaba de la falta de bichos que fotografiar en su jardín con su nueva cámara digital, y se preguntaba, un poco irónicamente, por la tremenda eficacia de su matainsectos. El siguiente fue el blog de un portugués que se estaba iniciando en la teología, y poco más pude entender. Y de ahí al blog de una chica brasileña en el que hablaba sobre la película Plan Oculto, pasando por el blog de un japonés que estaba teniendo algunos problemas con las imágenes en Blogger y el de una chica americana que deseaba una pronta recuperación a su abuela, y acabando en la bitácora de un chico Irlandés.

Hace ya varios años, cuando iba a la Facultad en tranvía, algunas noches Toni señalaba con la vista o con el dedo alguna finca en la que habían luces encendidas y me preguntaba si me había parado a pensar que detrás de cada luz, detrás de cada ventana, había una familia, con sus problemas, sus alegrías, sus trabajos, sus conversaciones y discusiones, con su rutina diaria... que había todo un mundo detrás de cada ventana. Dicho así, en medio del transporte público después de un día de clase, parecía una típica rallada suya, pero tenía toda la razón.

El otro día, casi de la misma manera, entendí que detrás de cada una de esas páginas había una persona con sus ilusiones, sus esperanzas, sus inquietudes, sus amigos, sus malos momentos, su nueva cámara o los insectos en su jardín... un mundo detrás de cada página, detrás de cada blog. Pero en este caso, gente que vive a miles de kilómetros, en ciudades completamente diferentes, con culturas posiblemente diferentes, con idiomas diferentes.

Y fuí consciente, al pasar unos instantes en la vida de cada una de estas personas, de todo eso que oímos a menudo sobre estar conectados, sobre Internet, sobre la cercanía con la gente de cualquier parte del mundo. Todo eso que suena a artificial pero que no lo es. Me dí cuenta de que es alucinante poder entrar en la vida de alguien a quien nunca verás, a quien nunca conocerás, con quién jamás hablarás, aunque sea por un segundo, y en cierto modo, de alguna manera, comprendí que *sí* estamos conectados.

Se acabaron las vacaciones. Vuelvo a la mina.