Internet mon amour

Hace un par de noches me emocioné por algo obvio, algo evidente, algo que todo el mundo sabe, pero de lo que nunca había sido realmente consciente. Entré en un blog de Blogger, un blog que visito de vez en cuando, y salté al siguiente mediante el botón Next Blog que hay en la esquina superior derecha. Y me encontré con fotos de un chaval Tailandés y sus amigos en el instituto. Continué, y llegué al blog de un profesor americano de filosofía, humanidades y estudios de religión, en el que hablaba de la necesaria distinción entre realidad y ficción a propósito de El Código Da Vinci, desde el cual llegué al blog de un jardinero Australiano que se quejaba de la falta de bichos que fotografiar en su jardín con su nueva cámara digital, y se preguntaba, un poco irónicamente, por la tremenda eficacia de su matainsectos. El siguiente fue el blog de un portugués que se estaba iniciando en la teología, y poco más pude entender. Y de ahí al blog de una chica brasileña en el que hablaba sobre la película Plan Oculto, pasando por el blog de un japonés que estaba teniendo algunos problemas con las imágenes en Blogger y el de una chica americana que deseaba una pronta recuperación a su abuela, y acabando en la bitácora de un chico Irlandés.

Hace ya varios años, cuando iba a la Facultad en tranvía, algunas noches Toni señalaba con la vista o con el dedo alguna finca en la que habían luces encendidas y me preguntaba si me había parado a pensar que detrás de cada luz, detrás de cada ventana, había una familia, con sus problemas, sus alegrías, sus trabajos, sus conversaciones y discusiones, con su rutina diaria... que había todo un mundo detrás de cada ventana. Dicho así, en medio del transporte público después de un día de clase, parecía una típica rallada suya, pero tenía toda la razón.

El otro día, casi de la misma manera, entendí que detrás de cada una de esas páginas había una persona con sus ilusiones, sus esperanzas, sus inquietudes, sus amigos, sus malos momentos, su nueva cámara o los insectos en su jardín... un mundo detrás de cada página, detrás de cada blog. Pero en este caso, gente que vive a miles de kilómetros, en ciudades completamente diferentes, con culturas posiblemente diferentes, con idiomas diferentes.

Y fuí consciente, al pasar unos instantes en la vida de cada una de estas personas, de todo eso que oímos a menudo sobre estar conectados, sobre Internet, sobre la cercanía con la gente de cualquier parte del mundo. Todo eso que suena a artificial pero que no lo es. Me dí cuenta de que es alucinante poder entrar en la vida de alguien a quien nunca verás, a quien nunca conocerás, con quién jamás hablarás, aunque sea por un segundo, y en cierto modo, de alguna manera, comprendí que *sí* estamos conectados.

Se acabaron las vacaciones. Vuelvo a la mina.