Google es tu amigo. O no.

La pasada noche tuve un sueño, uno de esos que no llegan a serlo, de los que se tienen justo antes de quedarte dormido. En él, veía a mucha gente, incluido yo, cogida de la mano, felices, sonriendo, formando un círculo, justo como en el juego del corro de la patata (comeremos ensalada). Ya saben. Sólo que no éramos unos cuantos, sino que éramos miles, millones de personas, juntas, contentos, bailando, pasándolo bien. Millones de personas jugando al corro de la patata. Éramos, no me pregunten como lo sé, Google. Ya conocen el enlace.

Pero en un determinado momento, al intentar soltarme de mis compañeros, noto que sus manos se aprietan sobre las mías, y las siguen apretando, hasta que me duelen, pero mientras, sonríen y bailan; como si no pasase nada. Yo no, claro; a mi aquello no me hace la menor gracia. Y aunque consigo soltarme por unos segundos, sus manos son más rápidas que mis piernas, y con la rapidez que se atraen dos imanes de distinto polo puestos uno junto al otro, sus dedos se pegan a mis muñecas y vuelvo a formar parte del feliz corro, aunque, y de esto no me acuerdo, imagino que yo ya no soy tan feliz. O a lo mejor sí. Oyoquesé.

Un visionario, ya lo sé, eso es lo que soy.