Hay un topógrafo dentro de ti

Llega un momento en la vida de todo hombre en que debe enfrentarse a una complicada tarea, una a la que desde tiempos immemoriales el macho ha sido fiel y en la que ha puesto esperanzas e ilusiones, jugándose en ella toda su hombría. Ésta es, como no podría ser otra, medir su miembro viril. Ya saben de que miembro hablo. Porque todos lo hemos hecho, y el que lo niegue, miente como un bellaco; tú lo sabes y él lo sabe.

Pero no es esta una cuestión baladí. Ya que es fácil decir donde acaba, pero, ¿y dónde empieza? Pues empieza por la capacidad de autoengaño que cada uno tenga. Después de todo, uno puede convencerse de que el pene comienza debajo del escroto, y sentirse como un paquidermo... ¿no? Craso error: NO (noten las mayúsculas). Es decir, que en realidad ni comienza ahí ni puede uno autoconvencerse de ello. Todos hemos querido sentirnos alguna vez sexualmente dotados como un paquidermo (visualicen eso) al menos en la fase de contemplación, pero fuera de ese deseo, hay poco más: la realidad impone su ley.

Así que, una vez asumida la cruda realidad, es decir, que tú no eres un elefante, que viéndolo bien, es una realidad que no acaba de resultar tan cruda, ya todo depende de la cantidad de dolor que sea uno capaz de soportar al clavar la regla en el bajo vientre, porque unos centímetros bien valen un poco de sufrimiento, por aquello del orgullo y el honor del Hombre. O del Macho, que en estos menesteres es como que más auténtico. Así que regla en mano, miembro en ristre, la apoyas en el bajo vientre y aprietas hasta que el dolor es demasiado intenso para cualquier cifra. Y cuando has acabado, mientras te masajeas -del verbo masajear- le restas dos centímetros y te quedas tan contento, porque es que es tan difícil engañarse...

Así que finalmente, acaba uno contentándose con lo que tiene e intenta utilizarlo lo mejor que puede, ignorando en la medida de lo posible, ante la imposibilidad de la comparación excepto con órganos profesionales (por decirlo así) y/o "invitados", dependiendo de la orientación sexual de cada uno, el popular dicho: 'caballo grande, ande o no ande'.

Así que grande no sé, pero de momento, anda, que al fin y al cabo es lo que cuenta.

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Apéndice I

Por honestidad conmigo mismo, que no con ustedes, no puedo menos que dejarles con el fragmento de un gran texto (léanlo, es mejor que este) de la sublime La Página Definitiva (léanla, es mejor que esta), que mi subconsciente recuperó para ustedes (lo anterior) y no sin esfuerzo, mi consciente ha recuperado para mi (esto), y en parte del cual (obviamente, claramente, precisamente) está basado el anterior:

«Todo aquel que se ha enfrentado alguna vez a la autohumillación que supone ponerse a la labor [de medirse el miembro viril] se ha enfrentado a un grave problema: ¿cómo mido? Las tres escuelas tradicionales son la superior, la inferior y la Tercera Vía o Vía lateral. Lamentamos comunicar que, como todos Ustedes se temen aunque se intenten autoengañar, la escuela que está en lo cierto es la Superior. Aunque quede más cortito el pene se mide por arriba, desde su base hasta el final. En cualquier caso todo aquel que realice la operación constatará que, al ponerse a ello, un nuevo dilema surge debido a la debilidad (esta vez física) de la carne humana: ¿hasta qué punto estoy dispuesto a clavarme la regla en la piel, hasta qué punto estoy dispuesto a soportar dolor físico, con tal de que mi dignidad quede a salvo?»