You have new mail

Hay que ver cómo han cambiado las cosas.

Hace no mucho tiempo, cuando era yo aún un apuesto mozalbete o al menos un mozalbete o a lo mejor ni siquiera eso, mantenía correspondencia postal con gente de aquí, que conocía, y de allá, que no (¿qué será, será, de Anna Papadopoulos?), y tenía la santa paciencia de esperar varias semanas a que el cartero llamase a la puerta, aunque fuese tan sólo una vez, para dejar mis cartas en el buzón.

Pero las cosas han cambiado mucho con el correo electrónico. Bendito invento. Se ha cargado de un plumazo toda esa mi paciencia, así que, bien pensado, ya no estoy seguro de si es bendito o maldito. Ahora envío un correo, y antes de cinco minutos ya estoy mirando si ha llegado la respuesta. Y a los dos minutos otra vez ¡va, contestaaaaaaaaaa!. Y luego otra, y miras, y vuelves a mirar, como beben los peces en el rio y finalmente cuando parece que vale, el correo ya ha llegado, el correo ya está aquí... descubres que es otra vez spam... estoy hasta los cojooooodeeeeer conteeestaaaa.... Y otra más. Y cada vez que lo hago, no se porqué, tengo la necesidad de pinchar varias veces consecutivas... Connecting to Connecting to Connecting to Connecting to... Connecting... tú, deja ya de mirar el puto correo que aún no ha llegado; como si saturar el servidor de correo de peticiones fuese a crear mi correo de la nada.

Y mientras tanto, sigo mirando a ver si suena la flauta por casualidad, y como no parece que suene mucho, cuando ya me he cansado de esperar, cosa que viene a ser cosa de media hora a una hora habitualmente, cojo el teléfono y llamo. ¿Oye, has leído el correo que te he mandado? Pues no, ¿por? No, si no es nada, pero bueno, ya que estamos, te cuento... Y claro, al final me acabo quedando casi siempre sin mi tan ansiada respuesta electrónica.

Así que cuando digo que la informática va a acabar conmigo, no es broma; de momento ha decidido empezar por mi paciencia.