Veinticinco de junio

Querido diario,

Hoy he estado en Madrid, en la reunión de seguimiento de un proyecto en el que estoy trabajando. Bueno, en realidad no era Madrid capital, pero eso es lo de menos. Por cuestiones de confidencialidad, eso es todo lo que te puedo contar sobre el tema. La semana pasada también estuve en Madrid, para una reunión de seguimiento de otro proyecto de otro cliente. Por supuesto, tampoco puedo decir nada más sobre ello, por exactamente las mismas razones que antes. Aunque se agradecen los ofrecimientos para tomar unas cervezas (primer comentario), en estos viajes relámpago, que en alemán imagino que debe ser algo como Blitzraise, no dispongo de demasiado tiempo de ocio, por no decir de nada en absoluto; imagino que es normal, ya que al fin y al cabo son viajes de trabajo, que en alemán debe ser algo como Arbeitraise, aunque la verdad es que estoy adivinando.

Hoy he ido a la piscina por segunda vez. Como sabes, hacía mucho que lo tenía en mente, e incluso era casi un imperativo médico, pero hasta el pasado lunes no me decidí. No es demasiado caro, ni demasiado barato, y no está muy saturada. La verdad es que no estoy seguro de hasta qué punto mi espalda lo agradecerá, pero desde luego, mis brazos no parecen estar muy contentos. Cuando digo en mi twitter, y ese enlace es propaganda barata, que secarse la entrepierna es lo más cansado de ir a la piscina no estoy haciendo una referencia velada al tamaño de mi miembro, sino al cansancio después de nadar, aunque me duela admitirlo. Pero eso no es lo peor de todo, en realidad. Eso, lo peor de todo, es que con el calor que hace estos días y el esfuerzo físico, salgo del recinto climatizado sudando como un cerdo, si es que los cerdos sudan. Y me mantengo en ese estado de constante sudoración durante horas; hace ya casi cuatro horas que salí del agua y aún estoy sudando, ¿no es fabuloso?

No, supongo que no lo es.

Me estoy acostumbrando al Twitter (mira el enlace anterior). Sólo digo gilipolleces y cosas que no le importan a nadie, incluyéndome a mí, pero como es básicamente lo mismo que hace todo el mundo, me siento integrado en esto que llamamos Web 2.0. Ahí tienes otra gilipollez; bueno, dos gilipolleces, en realidad. A mí no me siguen más que Edgar y Javi, aunque la trascendencia de mis pequeñas perlas de conocimiento es exactamente la misma que la de los grandes Gurús de Internet a los que siguen miles de personas; bueno, supongo que alguno se salva, aunque no me apostaría nada. Claro que los gurús ya no son lo que eran. Antes eran Wietse Venema o Dennis Ritchie, entre otros muchos, y ahora ni siquiera me atrevo a decir el nombre de uno de ellos.

Se está haciendo tarde y yo sigo sudando como un cerdo, si es que los cerdos sudan, tema que queda pendiente de resolución. Si lo hacen, yo soy como el que más suda de todos ellos, incluido Napoleón, y esa imagen debería ser bastante sugerente. Con este calor es imposible dormir bien y hoy me he levantado (según mis estándares) temprano, así que debería aprovechar e irme a la cama, aunque pasen sólo treinta minutos de la madrugada. Lo que es una forma pija y larga de decir que son las doce y media. Podría contar más cosas, pero no son horas y no te quiero aburrir. Además, mañana tengo que entregar un informe para un cliente, que como te puedes imaginar, también es confidencial, y esa es otra buena razón.

Buenas noches, querido diario.