Series (I): The Strain, Stranger Things, Fargo, The Wire, Catastrophe

A las buenas. Aprovechando que me han dejado de rodríguez y que acabo de rematar la temporada 1 de The Strain, se me ha ocurrido hacer una serie de entradas comentando algunas de las series que durante estos años hemos visto, hasta donde la memoria me permita y basándome en la impresión que me dejaron. Tranquilidad: como no tengo intención de desvelar detalles de las tramas, no me explayaré demasiado; para eso ya hay un montón de páginas. Dejaré fuera blockbusters del tipo Anatomía de Gray, House, Sexo en Nueva York, Friends y demás. No todos, según me dé. No tendría mucho sentido hacer una crítica de algo que todo el mundo sabe de qué palo va. Empecemos

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Los Tudor

Hace ya unas cuantas semanas que estamos viendo la serie Los Tudor, que relata el reinado de Enrique VIII, famoso entre otras cosas por haber roto con la Iglesia Católica. Sin embargo, se han hecho algunas concesiones a la galería nada despreciables. Ante ustedes, el Enrique VIII "original" y el de ficción. Que me maten si se parecen en algo.

No nos gusta la mierda: nos encanta

Sábado, las 02:05 de la madrugada. En Antena.Neox y La Sexta están poniendo dos de las mejores series de comedia de los últimos años, si no las mejores: The Office la (versión estadounidense) y Rockefeller Plaza. Búsquenlas y véanlas si no lo han hecho ya, verán como no me equivoco.

Al mismo tiempo, en las dos principales cadenas del país ponen, en el sentido más literal de la palabra, Mierda, con mayúsculas. Programas de mierda con gente de mierda que millones de personas ven todos los viernes.

No tengo ninguna duda de que el hecho de que dos maravillas como estas estén relegadas al horario de madrugada de los sábados en dos cadenas minoritarias, mientras la gente consume gustosamente mierda a palazos, explica muy bien porqué en este país hay más de cuatro millones de parados y nos estamos yendo a la mierda. Es muy simple: la mierda nos encanta.

Explicaciones

Hace ya unas semanas escribí sobre el tema del doblaje, y en ese post (que quizá cuando lean esto ya no esté disponible en el blog, aunque sí en su lector RSS preferido) tuve la osadía de meterme con aquellos que se muestran absoluta e incondicionalmente en contra del doblaje. Uno de ellos era Joan Planas, quien, a pesar de que no estaba referenciado vía hiperenlace, llegó a parar a este triste y cada día más abandonado blog (Technorati, que es muy listo), leyó lo que escribí y me mandó un correo.

Su escritura me sigue pareciendo odiosa, y ajena a las reglas de puntuación más básicas, pero para que no se diga que les oculto información, aquí tienen su blog si se quieren formar una opinión propia. En cualquier caso, no voy a entrar a valorar lo que me comenta en su e-mail; no tengo ganas ni tiempo de entrar en debates estériles que previsiblemente no nos llevarán a ninguno de los dos a cambiar de opinión; al fin y al cabo, yo estoy más cerca de Weber que de Habermas y la experiencia me ha demostrado que la realidad también.

A lo que venía es que dice Joan que no le doy derecho a defenderse, y en eso tiene su parte de razón. Claro que este no sería el lugar más apropiado, porque él ya tiene un blog, pero bueno, lo cierto es que hace ya unas cuantas semanas que eliminé de este blog el acceso a los archivos históricos, y en lo que a esta entrada concierne, la posibilidad de dejar comentarios (y por tanto, de rebatir mis opiniones, aunque no suele ser habitual que critique a alguien directamente), todo ello sin dar absolutamente ninguna explicación.

En realidad, es muy sencillo: la posibilidad de que alguien dejase un comentario me obligaba a visitar de manera regular el blog, y responder cuando fuese el caso. Al mismo tiempo, el hecho de que los hubiese evidenciaba la presencia de lectores, lo que me obligaba a mantener un ritmo constante (a veces, incluso demasiado) de publicación que en ocasiones me sobrepasaba. En definitiva, convertía algo que debía ser un placer en un deber, lo que me generaba ansiedad y una cierta obsesión, aunque de poca intensidad.

Y esa es la razón de que no puedan ustedes dejar comentarios; quiero poder escribir sin pensar si alguien está "esperando" que lo haga, y desde el otro punto de vista, poder dejar el blog dos semanas quieto sin que ello me produzca la menor inquietud. Parece razonable, ¿no? Ni que decir tiene, claro que sí, que pueden mandarme un e-mail siempre que lo deseen. Estaré encantado de recibirlos.

Doblaje y snobismo

Hace ya unas cuantas semanas leía en el blog de Hernan Casciari en ElPaís.com, Espoiler, una defensa a ultranza de los subtítulos, o mejor dicho, un ataque en toda regla contra el doblaje al castellano de series y películas anglosajonas (aunque imagino que el argumento es extensible a cualquier nacionalidad). La entrada es esta. Lo cierto es que lee uno la entrada y el número de defensores de la versión original subtitulada es apabullante. Hasta hay alguno que además de decir que no sabe demasiado inglés, apuesta por la versión original, sin subtítulos, antes que doblada. Toma ya. Aunque no entienda ni papa. Jódete Mariano.

Empecemos por el principio: por las series en versión original sin subtitular; tal y como las ven al otro lado del charco. Estarán al tanto de que en este país al menos, la mayor parte de la gente tiene un nivel de inglés cuanto menos discutible (utilizar las películas como vehículo de enseñanza del idioma anglosajón es otro tema). Y de aquellos que tienen un nivel "decente" de inglés, bastantes serían incapaces de entender una parte significativa de las películas y series en versión original; una cosa es chapurrear cuatro frases con otros europeos, y otra cosa entender a un nativo americano; están los chistes, las jergas, las ironías, y sobre todo, los acentos y voces de los personajes (que viene a ser el principal argumento de los no-dobladores). En definitiva, si no hablan despacio y vocalizando, a muchos afroamericanos simplemente no les entiendes. Justo lo mismo que los escoceses, pero esos da igual cómo hablen: no hay manera de entenderlos. He vivido en Atlanta y créanme que hay gente que a veces es como si hablasen otro idioma; de hecho, a mi me da que lo hablan.

Pasemos al subtitulado. Para todo aquel que sepa algo de inglés, es obvio que en no pocas ocasiones el subtítulo no recoge todo lo que dice el personaje, sino tan sólo lo básico: lo que cabe en dos líneas, por una simple restricción de tiempo y espacio. Y no quiero decir nada de cuando hablan varias personas a la vez o se trata de una conversación rápida. Tampoco dejemos de lado el perjuicio hacia la fotografía de la serie/película o el hecho de que los subtítulos que uno puede encontrar no son habitualmente elaborados por profesionales sino por aficionados, cuyas traducciones dejan a veces mucho que desear. Entiendo que haya gente que prefiera subtítulos, pero que alguien haya dejado de ver una película o una serie (Dexter parece ser el paradigma de la queja en este aspecto) porque no le gusta una voz, me parece de lo más ridículo. O si quieren, de lo más snob, que viene a ser "pijo" en castellano. O de lo más chorra.

Dice Hernán en su última entrada que hasta ahora no había visto The Sarah Silverman Program porque no había encontrado subtítulos para dicha serie, y que ahora que la ve doblada, "es imposible reírse, a causa del dolor de oídos que provocan las palabras tíos, guay, chachi, etcétera, en un contexto de judíos de Nueva York". Hernán no sabe inglés, tal y como ha admitido más de una vez; me gustaría ver qué aportan un montón de voces por lo general incomprensibles a la gracia de una serie. Pide por ello una versíón original subtitulada, a lo que yo me pregunto: ¿la V.O.S. no incluirá las palabras anteriores? Si no lo hace, ¿cuáles incluirá? Y si lo hace, ¿son más tolerables por estar escritas y no ser habladas? (claro que en este caso particular y para esas palabras, todo el mundo sabe, qué significa cool o guy).

Joan Planas —no pongo el enlace porque su escritura parece aborrecer los puntos y me disgusta profundamente— argumenta que el doblaje modifica la obra original, en lo que estoy de acuerdo. Claro que sí, pero una pintura y una película o un libro no son equivalentes; simplemente, no se trata de lo mismo. Porque básicamente lo mismo que el doblaje hace la traducción de un libro, y seguramente él no lee libros en inglés. Por no mencionar que no estamos hablando de inglés académico, al que muchos estamos acostumbrados por literatura técnica o "para todos los públicos"; existe una diferencia evidente y muy notable entre el vocabulario de una simple novela de bolsillo y el de un libro universitario. Deberían ustedes hacer la prueba, y verían las evidentes lagunas de vocabulario y expresiones que tienen.

No negaré que ambas cosas tienen sus ventajas. Yo personalmente sé el suficiente inglés para reconocer cuándo un subtítulo se está comiendo una frase, pero no para entender un chiste o jerga específica (¿cuál es el término inglés para "maromo"? ¿Y para "madero"? ¿cuántas formas de decir "cagar" o "pene" conocen en castellano? ¿Y en inglés?), por mucho que a Hernán un doblaje le produzca urticaria. Si no tengo una serie o película doblada, la veo subtitulada. En caso contrario, la veo doblada. Creo que el tema no es tan grave, sino que es simplemente mucho ruido y pocas nueces. Sólo hay, para acabar, una excepción a todo lo que he dicho, y es básicamente porque las conversaciones son lo de menos. Esa excepción, como imaginarán, es el porno.

¿Cuál sino?

The Wire

Últimamente, cuando me siento frente a la televisión por la noche, no sé si irme un rato a vomitar o cortarme las venas directamente en el sofá. Dicho de otra forma: la televisión, cualquier día de la semana, es una mierda. Pero en especial, las tres joyas de la corona son para darles de comer aparte: Física o Química, 700 euros, y Sin tetas no hay paraíso. Jódete Mariano y cágate lorito. ¿Saben aquello de que cada nación tiene los políticos que se merece? Pues espero que no aplique también a la televisión, o vamos apañados, porque con ZP, Rajoy y la cohorte de parásitos de unos y otros ya tenemos bastante.

Como sé que son ustedes de mi misma opinión, he decidido traerles una recomendación de esas que se agradecen. Algo en lo que puedan entretenerse frente a la caja tonta sin sentirse como si estuvieran comiendo basura en un estercolero. La serie que les propongo hoy, The Wire, ostenta al parecer el título de mejor serie de ficción de la televisión, en clara disputa con Los Serrano Soprano (perdón, lapsus mortal), a decir por los entendidos. Ya sé que carecemos de memoria, y me abstengo de decir si es o no la mejor serie de todos los tiempos, pero desde luego, no tengan ninguna duda de que es una de las mejores cosas que he visto.

Incluyendo el cine.

Tres de julio

Querido diario,

Hace unos cuantos días que no me pasaba por aquí, por cuestiones de trabajo y falta de tiempo. Entre trabajar, la piscina, ocio personal variado (poco) y comprar algo en las rebajas, confieso que no me queda demasiado tiempo libre para pasarme a dejar unas palabras. Algo saco, sin embargo, como puedes ver. Como es evidente por lo dicho, continúo con el firme propósito de convertirme en el próximo Johnny Weissmuller, si no Mark Spitz; sé que queda lejos, pero como dice el anuncio, Impossible is Nothing. Cincuenta piscinas tres o cuatro veces por semana es el objetivo por ahora, en mi opinión más que suficiente de momento; como era de esperar y gracias a Dios ya no me duele la espalda, aunque sigo sudando como vayan ustedes a saber qué animal, puesto que como un cerdo no puede ser (gracias, Agus :^). No, no jadeo, por si alguien tiene curiosidad. En definitiva, que estoy empezando a sentirme algo en forma, y he perdido algo de peso; poco, pero menos es nada y tampoco es que me sobren quince kilos.

Dicen las estadísticas que en estas rebajas cada españolito de a pie se gastará una media de casi cien (100) euros. Yo llevo ya cuatrocientos (400), entre dos trajes de Pedro del Hierro, unas corbatas, unas camisas y un cinturón, así que siguiendo la regla estadística correspondiente, tres personas de este país no se gastarán ni un duro; no les va mal, tal y como están las cosas; además, eso viene a ser lo que habitualmente gastaba yo en rebajas, por lo que lo único que he hecho es compensar mi saldo histórico. Parece mentira, pero tengo ganas de estrenar la ropa nueva; quién me iba a decir a mí, hace tres o cuatro años, que me haría ilusión estrenar un traje una camisa o una corbata. Creo que de momento esa será toda mi aportación al gasto común, al menos en relación con, llamémoslo así, el uniforme de trabajo. Es posible que caiga alguna cosilla adicional, pero serán zapatillas o algo más relacionado con mi tiempo libre y mi "estilo" indumentario. Hay una gorra que me gusta, pero lo admito, no me siento tan guay, y no me veo con ella; no es que no tenga edad, es que no tengo ni un Mini ni un Golf. Y disculpen mis prejuicios, pero nunca dije que no tuviese.

Estoy pensando en elaborar una serie de entradas de coches estéticamente feos, o peor. Quizá alguno de mis lectores posea uno de ellos, pero como todo el mundo sabe, no se puede contentar siempre a todo el mundo. Se me ocurren sin pensarlo demasiado cuatro o cinco modelos, aunque seguro que alguno más surge. Aparte de eso, no tengo demasiadas ideas en relación con el blog, como es evidente por la periodicidad de publicación; estoy pensando en recuperar algunos de los textos antiguos que más me gustan, y que gran parte de mis lectores seguramente no hayan leído. Quizá parezca que es una medida "de relleno", pero creo que puede funcionar y a algunas personas les gustará; sería como reponer una vieja serie de televisión.

Y hablando de series, hemos consumido ya la tercera temporada de la genial The Office, aunque la cuarta ya está en emisión al otro lado del charco, pero en inglis; no es que los subtítulos me cansen, ya que casi podría verla sin subtitular —no así la versión de la BBC—, pero puedo esperar, seguro. La otra gran estrella del "canal DVD", o "canal portátil" si quieren, Anatomía de Gray, tampoco tiene una cadencia suficiente para colmar la parrilla televisiva semanal, por lo que voy a intentar implantar el día de The Wire, el día de Los Soprano y quizá hasta el día de Roma; tengo no poca resistencia ajena, pero con un poco de esfuerzo quizá lo consiga. Es cierto que llegando a casa a las nueve y pico, no te sientas en el sofá antes de las diez y media, y a esas horas con que estés un poco cansado, no apetece demasiado prestar atención a la caja tonta, así que presumo que la programación anunciada se cumplirá únicamente en parte.

Hay más cosas, pero tengo que irme. Me disculparás las faltas y fallos que pueda contener el texto, pero hoy no tengo tiempo para releerlo en profundidad, así que esto es lo que hay. Sólo esto.

Hasta luego, querido diario.

The Office (NBC)

Hace unas semanas que empezamos a ver la versión estadounidense de The Office, casi sin darnos cuenta. Tras casi dos temporadas, ignoro qué tal será la versión original inglesa, pero esta es muy buena. Muy buena. Y por eso mismo, me resultaba curioso que Cuatro la Sexta hubiese decidido programarla después de Buenafuente a las tantas de la madrugada, y así se lo hice saber a Laura. Me contesté yo solo.

La realidad es dura: esta serie no es apta para todos los públicos. No se trata de "discriminación intelectual", pero es un hecho que hay gente incapaz de entender el humor negro, o gente que prefiere Lina Morgan a los Monty Python. Quizá usted sea de esos.

Si no lo es, The Office le gustará.

¡Es ficción, idiota!

Hace tres meses no sospechaba que por estas fechas estaría totalmente enganchado a series de ficción en lugar de películas: Californication, Dexter, Anatomia de Grey, Life on Mars, Los Soprano, The Office, A dos metros bajo tierra o Mad Men son algunas de las que he visto o estoy pendiente de ver, y la lista es cada vez más larga; los representantes nacionales reseñables son pocos aunque suelen dar la talla, siempre en mi opinión: Cuestión de sexo, Aída, La que se avecina, y para de contar. Justo en este momento nos encontramos en el capítulo 17 de la segunda temporada de Anatomía de Grey, serie que imagino devoraremos en un par de semanas, a pesar de que jamás me había atraído lo más mínimo, e inconscientemente casi podría decir que me negaba a verla. Pero ya ven, ahora la consumo como si fuese un yonki (sí, Laura más).

Eso significa que ayer me acosté viéndola. Y esta noche, por cómo me he levantado, intuyo que he soñado algo relacionado con ella, o me ha provocado algo que me ha dejado mal sabor de boca. Es decir, que me he levantado jodido. Sé reconocer una estupidez cuando la digo, y lo que viene a continuación es una bien grande, pero esta serie —algo que no me había pasado con ninguna otra hasta ahora— hace que mi vida me deprima. Porque a través de la comparación, me hace ser consciente de mi rutina diaria, de mi monotonía vital, pero además me lleva más allá y me machaca, exagerándola y enseñándome una realidad que no existe: me muestra mi vida como un encefalograma plano y me hace pensar cosas que aún sabiendo que no son reales, no son reconfortantes.

La acabaré, pero no me gusta esta serie. Es una cuestión personal; me divierte pero me hace sentir miserable; muy miserable. Sí, culpa mía y de mis estados de ánimo. Y ya sé que últimamente cuento lo que me viene en gana. Igual que antes, pero ahora se nota más. ¿Pero saben qué? Supongo que de momento esto es lo que hay y blogs los hay a millones. Literalmente.

Dexter

Cuando empiezas a ver Dexter, la voz en off del personaje y sus pensamientos introspectivos te hace ser un poco escéptico; pero qué coño es esto. Como dicen en Microsiervos, te sientes un poco incómodo y tentado a quitar el DVD y ver otra cosa. Y como dicen allí, entonces aguantas un par de capítulos, a ver qué tal, y lo único que te queda es degustar los diez capítulos restantes pegado al sofá (o donde quiera que vean ustedes la tele).

Dexter Morgan es el forense especializado en restos de sangre del Departamento de Policia de Miami, y asesino psicópata en sus ratos libres ("proyectos personales"); claro que no se carga a cualquiera, y el criterio no es baladí. Y poco más les voy a contar. Ayer acabamos de ver el último capítulo de la primera temporada, y ya tengo algunos capítulos de la segunda en la recámara.

No tengo nada más que añadir, en realidad; la serie engancha como pocas y tiene un desarrollo fluído, sin estiramientos innecesarios. Alguno, y no un cualquiera, ha dicho incluso que Dexter es la mejor serie de 2006, así que para qué seguir. Les digo lo mismo que con Californication: consigan la serie, es altamente recomendable, y pásenlo bien.