¡Hola, Marina!

Hola.

Por mi parte no ha habido mucho que contar estos últimos días; paso por aquí, casi una semana después del último post, sólo para que sepan que no he abandonado el barco y continúo en la brecha, si es que existe algo que pueda llamarse así. Entre ustedes y yo, la verdad es que no estoy atravesando uno de mis mejores momentos, aunque también he de decir que —creo que— no es de los peores. Lo que me queda por decidir es de cuál está más cerca, sin dejar que mi estado de ánimo influya en ello; si ya me cuesta ser objetivo de normal, imagínense ahora. Resumiendo, que no me encuentro demasiado creativo y las pocas ocasiones en las que lo estoy, me faltan ganas y fuerza de voluntad para escribir. Y vengo aquí a decirles eso; ¿no les parece contradictorio y sobre todo, una irritante manera de hacerles perder el tiempo?

Bueno.

Pasando a otras cuestiones menos sombrías, me gustaría ponerles una foto de mi sobrina Marina que nació justo ayer, pero no tengo permiso de los padres y no quiero que me metan una demanda, que ya saben que estas cosas se miran mucho. Ya ven que por lo menos, no todo van a ser malas noticias.

(Tengo varios correos por contestar. Sean pacientes, por favor.)