Catorce de julio (II)

Querido diario,

Hola de nuevo; hoy es la segunda vez que escribo, aunque esta tarde no ha sido demasiado productiva. La somnolencia y el malestar me han hecho quedarme en casa, y aunque el pañuelo de papel y yo seguimos siendo tan íntimos como solíamos serlo años atrás, creo que me encuentro algo mejor; me sigue doliendo ligeramente la cabeza, pero menos que este mediodía y desde luego menos que esta mañana. Tampoco me encuentro tan agilipollado, y supongo que las casi tres horas de siesta han ayudado en eso. Desgraciadamente, y como era de esperar, no he disfrutado de ellas, sino que me he levantado sudando, para variar. Todavía no sé si mañana por la mañana estaré en condiciones de ir a trabajar, aunque espero poder ir por la tarde o el miércoles como muy tarde.

Como decía, no he aprovechado demasiado la tarde. En realidad, el día en su conjunto ha sido bastante estéril, excepto en su vertiente más excretiva (¿?), por decirlo de alguna forma. He estado leyendo cómo el Gobierno estadounidense nacionalizaba el quinto banco más importante del país, Indymac, y cómo parece que el "efecto subprime", si quieres llamarlo así, está muy lejos de acabarse; Fannie Mae y Freddie Mac lo saben muy bien. Por supuesto, aquí quien pierde es principalmente el ciudadano de a pie; muchos se han hecho multimillonarios con todo este montón de mierda financiera, pero de esos sólo pillarán a unos pocos. Sigamos. En la línea de lo dicho, Lehman Brothers se parece cada vez más a un cadaver y aquí al otro lado del charco, y a raíz de la situación de Fadesa-Martinsa, las promotoras siguen pidiendo ayuda, tensando la cuerda con las entidades bancarias ("No les interesa convertirse en inmobiliarias") en un tonillo más que sospechoso. Lo mejor de todo esto, si es que hay algo bueno, es que todas las predicciones y análisis que prestigiosas entidades bancarias y financieras hicieron hace tres meses ya no sirven de nada, porque son incapaces de predecir nada: no dicen absolutamente nada de lo que está pasando ahora, por lo que las cosas han cambiado tanto que tocará volverlos a hacer; esa es la razón por la que la economía, por mucho que a algunos les pese, sólo puede considerarse una "ciencia" explicativa, en la línea de la sociología o la historia, y no predictiva, como las matemáticas o la física. En otras palabras, y en lo que me toca más de cerca (seré iluso), que aunque hay estudios que dicen que el BCE podría subir otro cuartillo de punto antes de final de año, mañana Alemania se puede ir a la mierda (y nosotros con ella) y entonces quizá bajen; y eso no lo sabremos hasta mañana, por muchos índices y valores que consultemos. Seguramente eso lo podría saber alguien, pero ese alguien muy probablemente estaría aprovechando esa información para hacerse de oro y diamantes. Así de caprichosa es la economía, pero ya hablaremos de eso en otro momento.

Antes de irme, dado el espesor, me parece interesante remarcar el profundo subnormalismo de Jennifer López, también conocida como JLo, que, según dice elmundo.es: "Jennifer López insiste en vestir a sus gemelos con un nuevo diseño de ropa cada día. Con 38 años, a la estrella casada con Marc Anthnoy, no le gusta que sus hijos de cinco meses, Emme y Max, lleven la misma ropa dos veces." Lo que te decía: subnormalismo profundo, o abismal. Te dejo, pásalo bien. Yo sigo sudando, y empiezo a preguntarme si no tendré algo de fiebre, ya que me da la sensación de que calor mucha no hace... Mañana te cuento, si puedo.

Hasta luego, querido diario.