Fin de semana

Hola, buenas noches.

No sé ustedes -sería ilusorio, y demasiado narcisita, pensar que este es el único blog que leen-, pero ya saben que yo no soy mucho de contar mi vida en clave de diario. Ya saben, ayer hice esto y aquello, y nosequién dijo esto y aquello. No. Pero claro, si he empezado así es porque hoy debería ser una excepción. O eso, o sólo estoy haciendo tiempo, y haciéndoselo perder a ustedes. Al fin y al cabo, dije (prometí) que el viernes escribiría algo, y al final no escribí nada. Lo intenté, pero un explícito reportaje gráfico sobre la importancia sexual de los pechos femeninos me lo impidió. De todas formas, nadie ha muerto por ello -espero-, y ahora ya saben -si no lo sabían ya- que yo también miento de vez en cuando. Y que abuso de los incisos en la narración, eso también.

En realidad este fin de semana no ha habido nada memorable que contar; ha sido todo bastante tranquilo. El malabarismo -65 lanzamientos de tres bolas en cascada de momento- progresa adecuadamente, y he empezado a probar otras cosas, pero lo cierto es que me está dejando agotado; sospecho que tres bolas de 180g home made son demasiado pesadas para mis enclenques brazos, por mucho que mi señora diga que el body pump es "físicamente más exigente". Esa frase es mía. Y un carajo.

Les informo además que ya tengo casi definida la historia para mi eterna y jamás comenzada novela. Es un poco un popurri de varias historias, pero encajan a la perfección, y es el mejor argumento que se me ha ocurrido hasta el momento. Es simple y creíble. Eso sí, esta no se la voy a contar a todo el mundo que conozco, como suelo hacer. (...) No se preocupen, dentro de unos meses vendré aquí con la misma justificación de siempre, otra idea nueva y bla bla bla. Y seguiré sin escribirla; ya me conocen. Ay. ¡Es *tan* duro tener *tan* poca fuerza de voluntad! Mi vida es un infierno. O casi.

Y eso es todo. Hasta mañana, buenas noches.