De bancos y utopías

Desde que soy pequeño, siempre he tenido una morbosa curiosidad por la flexibilidad de las cosas. Dicho de otra forma menos fina, siempre he sido amante de doblar pequeñas piezas de plástico y comprobar su resistencia... hasta que por lo general acaban por romperse sin remedio. He de confesarles que con esto de la crisis financiera, y sin querer parecer frívolo, me ocurre algo parecido. Tengo realmente interés por saber si esto seguirá así durante un tiempo y luego volveremos a lo de siempre, o acabará por romperse de una vez por todas.

Desde un punto de vista, el problema es que, al menos en el caso del plástico, una vez rota, no suele haber marcha atrás, por mucho que en televisión anuncien las bondades del Super Glue; por mucho que uno lo intente, a los diez minutos de secarse el pegamento, la pieza vuelve a separarse en dos y se queda así para siempre, abandonada en un cajón o tirada a la basura. Pero visto de otra forma, aunque tras la dichosa rotura solía venir un período traumático, cuya tensión y longitud era proporcional a la importancia de lo que había roto, al final todo volvía a ser lo mismo. En el peor de los casos, escondía la pieza o simulaba una rotura accidental, y en el mejor, son cosas que pasan. Semanas después, cuando me abordaba la curiosidad, volvía a hacerlo; hoy en día aún lo hago con el rabillo de las tapas de los bolis Bic.

Les debo confesar que hace ya unos años, en mi época más idealista y hablando con mi padre sobre temas sociales, siempre tenía la impresión de que la única forma de que este mundo cambiase de una vez por todas era que la soga empezase realmente a ahogar a la gente; que se generase una situación límite, que permitiese a las personas adquirir conciencia de su situación vital y les incitase a actuar en consecuencia. Por suerte o por desgracia, ahora ya no soy tan idealista ni creo lo mismo. Aunque todo esto se rompiese hoy, con las bolsas mundiales cayendo en picado (y apuesto a que el BCE comiéndose las uñas por bajar o no los tipos de interés), o mañana, o el mes que viene, me juego con ustedes la mano derecha a que dentro de cinco años todo seguirá básicamente igual, en lo que a índices de pobreza y distribución de la riqueza a nivel mundial se refiere. Vivimos en una sociedad triste y mayoritariamente alienada, y ajena a tejemanejes financieros y políticos; dejando aparte los mecanismos de autoprotección que el propio sistema tiene, tensar la soga sólo sirve para lo que sirve: para ahogar a las personas.

Lo bueno, si es que hay algo bueno en todo esto, es que la gente muerta no paga sus deudas, y eso tampoco interesa. Claro que aunque se dice que dios aprieta pero no ahoga, de los bancos no sabe uno qué pensar.

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Actualización 13:30h: Cuando no les quedaban uñas, el BCE, la Fed y el Banco de Inglaterra han decidido bajar a la vez los tipos, medio puntito, que no es poco... Muy bueno El Economista, que lo anticipaba a primeros de la mañana.