Chicas coches y anuncios

Hay un anuncio de televisión que me pone de mala ostia o me deprime, según mi estado de ánimo, aunque también es verdad que la mayoría de veces simplemente pienso qué mierda de anuncio. Probablemente eso pertenece a la parte de la mala ostia, pero hagamos la vista gorda; prefiero esta noche no dejar lugar a la indiferencia. Y ese es el anuncio del Audi A3. Su idea consiste en presentar el transcurso de la vida de una persona mediante escenas, que van asociadas a cada uno de los años, desde su nacimiento hasta aproximadamente los treinta. Pues bien, mi problema es que no me encuentro en el anuncio. Sobre todo a partir de los veinte, oye. Del resto ni me acuerdo ni me importa. Pero no en mi querida veintena, por el amor de dios y la virgen María. Y por mucho que busco, siempre lo mismo. No, no estoy. Porque yo no he frecuentado mujeres y fiestas como las del anuncio. Que lo sé, leches, que me acordaría, seguro. Que no me veo, que no me localizo, que no me sitúo.

Y supongo que es por eso que el anuncio me da rabia. Por esa escena de los veinticinco años, con dos chicas guapísimas que según el creativo de turno debería yo haber conocido por aquel entonces saliendo de un piso que, también según el creativo de turno, debería yo haber tenido también por aquel entonces. Para poder invitar así a las dos chicas guapísimas, claro; y es que una cosa lleva a la otra, todo el mundo lo sabe. Así que en conclusión, creo que al final esto va a ser sólo envidia, simple envidia, pero de la peor. Nada de envidia sana, porque ya puestos a practicar pecados capitales (la envidia es el sexto), hagámoslo con aplicación y esmero.

Ah, y respecto al coche, que es de lo que va el anuncio, pues bien. El A3 me gusta pero no me mata, aunque a estas alturas, y según el mismo creativo de turno, yo ya debería tener uno. Esperaré a que me lo regale, que yo a los regalos no les hago ascos.

Pero sentado; esperaré sentado. Al coche a las chicas y al piso. Aleluya.