Mi barómetro

Este es mi barómetro personal. Y es que cuando estoy cansado se me ponen los párpados azulados. No se me cae el pelo ni se me ponen negras las uñas ni me duermo de pie. No hablo en ruso chino francés o gaélico. No voy en bicicleta sin manillar ni conduzco con las manos, ni pretendo hacer el pino en el cuarto de baño. No escucho grupos de rock en los museos y no voy por ahí con la espalda desnuda o con los calcetines puestos al revés. No empiezo los libros por la última página, ni leo las palabras de detrás hacia delante, no intento volar y no deletreo cualquier palabra que pronuncio. No duermo con los ojos abiertos ni me ducho dentro de la cama. No utilizo las camisetas como pantalones ni los pantalones como camisetas, no me pongo la ropa interior al revés ni cuento los segundos con los dedos. No suspiro constantemente, no soplo como si me fuera en ello la vida y no pienso en rosas verdes, amarillas o incluso rojas sin necesidad. No salto como una liebre silvestre, ni supongo que soy un aborigen australiano en medio del metro de Moscú. No intento hacerme pasar por un canguro ni por un mafioso siciliano ni por un ejecutivo americano ni por un policía inglés. No me hago trenzas ni tiro de mi pelo para que crezca más rápido. No tengo trastornos de personalidad ni psicosis ni paranoias ni esquizofrenía. No me salen sarpullidos y no me machaco los dedos de los pies con un martillo neumático. No veo el mundo de color rosa, ni de color verde, azul o amarillo exclusivamente. Ni otras muchas cosas que no caben aquí. No, nada de eso. Nein.

Yo sigo siendo tal como soy, pero con los párpados ligeramente azulados, incluso morados si el agotamiento así lo ordena. Tan sólo eso. Quizá debería ir al médico, eso dice mi madre, pero no todo el mundo tiene un barómetro orgánico y a mi me gusta el mio.

No, ahora no estoy cansado. O al menos no más de lo razonable a estas horas. Y sí, este post es un poco raro. Ya lo sé.