Un cuento "un poco" raro

Érase una vez, érase que se era, o había una vez, una guapa y rica princesita llamada Endesa que vivía tranquila en un país lejano. Un buen día, el rey lejano del lejano reino, decidió que estaría bien casarla con un conde de la región del noreste, por nosequé de un campeón nacional. El polaco tenía de nombre Gas Natural. El problema era que, como el conde polaco era rico pero no tanto, andaba escaso de dinero para pagar la boda, por lo que había pensado en prostituir a nuestra amiga para sacar algo de dinero. Mal asunto, se rumoreaba en la corte. Y he aquí que tanta habladuría llamó la atención de un rico y acaudalado príncipe teutón de nombre E·ON, que no gustaba nada, pero nada de nada, al lejano rey.

Meses más tarde, después de muchos cotilleos, amenazas y discusiones entre los dos reinos, el alemán por una parte y el lejano por la otra, nuestro lejano rey accedió de mala gana a que pudieran casarse, si la princesa así lo quería. Pero, y en estos momentos la historia se torna algo confusa, por aquel entonces le aparecieron varios novios lejanos a nuestra princesita; con nombres Acciona y Cajamadrid, parecía que su intención no era otra que dar por culo a nuestro querido pretendiente alemán -por supuesto, o al menos eso esperamos, no de manera literal- y joderle en sus pretensiones casamenteras. Aunque se rumorea que el lejano rey estaba detrás de todos ellos, empeñado como estaba en que su niña bonita no abandonase el país, nada de esto pudo ser confirmado.

A pesar de los pesares, nuestro amigo el alemán no desistía de sus intenciones iniciales. A la niña le gustaba la pasta, y todo sea dicho, éste era el que más le daba. Hay que decir en este punto, queridos amigos, que a pesar de su enfado, el rey la reina del país teutón tampoco gustaba de que se presentasen pretendientes extranjeros en palacio para pedir la mano de sus príncipes y princesas, aunque esa es otra historia.

Así que todo siguió, siguió, y siguió, hasta que un buen día de repente se presentó en palacio un apuesto príncipe italiano, de nombre ENEL que, este sí, complacía a nuestro lejano rey ya que éste, en lugar de una boda, se conformaba con ser pareja de hecho. Qué cuento más raro es este, ¿verdad? Pues sí. Y esta historia, que parece a estas alturas más un culebrón venezolano que un cuento de príncipes, princesas, reyes, palacios y países lejanos, se complicó aún más. Porque al parecer, según cotilleos de palacio, el rey italiano y el de nuestro lejano país habían llegado a un acuerdo para enlazar a sus respectivos, y aquello no gustó nada ni al príncipe alemán ni posiblemente a su rey reina, del que se dijo que podía intentar casarse con algún vástago del rey alpino, para que éste anulase el acuerdo con el lejano rey.

Y aquí queda de momento la historia. Nuestra princesita no ha abierto aún la boca; no ha decidido aún si quiere casarse con E·ON o por el contrario, se lo va a montar rollo liberal con el italiano ENEL, y los lejanos Acciona y Cajamadrid, todos a la vez. Tampoco se sabe si el alemán seguirá intentándolo o se ha cansado de que todo el mundo quiera darle por culo, pero lo que parece claro es que, al final, el conde polaco se ha quedado con un palmo de narices. Como suele decirse, mucha yegua para tan poco jinete.

Continuará...