Tol mundo e güeno

La Alameda de Valencia está formada por cuatro carriles, dos en cada dirección, más un espacio de aparcamiento en batería a cada extremo lateral, y otros dos de aparcamiento en cordón, que sirven de mediana.

Aunque es necesario ir hasta la altura del puente La Peineta, también llamado de Calatrava, para cruzar al otro lado del río a la altura del Gobierno Militar, la mayoría de las personas, en lugar de continuar por el lado que han aparcado hasta el paso de cebra, cruzan al otro lado por la calzada y desde allí van hasta el puente, evitando la espera del semáforo.

Y eso es precisamente lo que he hecho yo hoy, como cada mañana, pero al pasar por la mediana, he golpeado con mi móvil, un pequeño Sony Ericsson, levemente y de forma totalmente inintencionada el retrovisor de un coche blanco aparcado, dentro del cual se encontraba una chica rubia sentada. Pues bien, cuando me he girado a disculparme, por la, repito, leve y totalmente inintencionada colisión, hubiera jurado que de tener un Kalashnikov (AK-47), aquella chica me habría acribillado a balazos allí mismo, por la cara de pocos amigos que ha puesto la muy gili... ay.

Por lo que he llegado a la conclusión de que a) me alegro de que los permisos de armas no se concedan tan libremente en este país como en los EEUU, b) no se puede ser educado (su respuesta al impacto ha sido totalmente desporporcionada), y c) de la mala hostia que me ha puesto la cara con la que me ha obsequiado, al poco más de media hora de levantarme y con el frío dándome en el cogote, estoy seguro de que en ese momento, de haber tenido un M16 y si se hubiera producido el ataque, habría respondido a las hostilidades y acabado con ella sin ningún tipo de contemplación.

Creo que ya se me está pasando...

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Aviso a conspiranoides: los nombres de los subfusiles AK-47 y M-16 están asignados a los protagonistas de la escena en cuestión sin ningún tipo de consideración ulterior sobre nacionalidades.