Crash & algo más

Después del fracaso de Charlize Theron con su traje de cuero y sus acrobacias de rana histérica (¿para qué saltar cuando puedes andar?), M. pensó que sería bueno acercarse por el cine, seguir la recomendacion de Cattz y ver Crash. Y M. se alegra de haberlo hecho porque hasta Sandra Bullock, a la que aborrece, le ha gustado.

M. piensa que la película en cuestión es una de las mejores que ha visto en los últimos meses, si no la mejor, pero es consciente de lo corto de su memoria y que cuando una película le gusta, siempre acaba diciendo lo mismo (como la Novia Cadáver, como Flores Rotas). M. es a veces poco original y no le cuesta reconocerlo. Nuestro amigo incluso volvería a verla, pero se da cuenta de que las películas son abundantes y el dinero escaso, aunque no le extrañaría acabar delante de ella de nuevo en las próximas semanas.

Crash es una interesante película fascinantemente llevada, donde se juega con los estereotipos que cada uno de nosotros utilizamos —y necesitamos— para nuestra vida diaria, y cómo algunas acciones realizadas con unos propósitos concretos o simplemente precipitadas, pueden acabar desembocando en algo radicalmente diferente de lo que nos parecieron al principio. Como Matt Dillon dice, en lo que es una de las principales ideas que rondan en todo momento, «Piensas que te conoces. No tienes ni idea.». En resumen, una película sorprendente que vale la pena no perderse.

M. se siente pequeño ante este tipo de películas, igual que ante grandes novelas o grandes obras de teatro. Pequeño ante grandes historias contadas de una gran forma. Y se siente pequeño porque a veces le gustaría poder crear cosas así, y aunque en su interior piensa, quizá ingenuamente, que sería capaz si de verdad lo intentase, se pregunta a qué está dedicando su vida sin ni siquiera intentarlo. Y se dice que sí, que debería al menos intentarlo, y que lo hará, tarde o temprano, aunque sólo sea para desengañarse. Pero M. prefiere no pensar ahora demasiado en ello, porque ello le deprime, porque es tarde, porque no se siente pequeño, se siente algo fracasado y porque a M. le gustaría poder empezar la semana como una persona y no como un zombie.

Así que M. os desea buenas noches y buenos días a todos, según leáis esto ahora o mañana.

Yo también.

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Y M. vuelve a no sabe qué hacer con su filosofía, pero se convence de que ese es tema para otro día.