El hábito no hace al monje

Ahora que después de cinco horitas de trabajo estoy más relajado, más pacífico y más despierto, creo que puedo contestar al meme que me pasó el otro día Suco y ayer Pululi, así que ahí van mis cinco hábitos extraños, que al final no se si van a ser hábitos o manías (porque, ¿qué es exactamente un hábito extraño?).

Prime: Dormir y sus preliminares. Esto es un hábito en sí mismo. Para empezar, a diferencia de mucha gente, suelo dejarlo todo preparado para cuando me levante por la mañana. Pero no sólo la ropa. Los móviles, la cartera, la chaqueta, y si procede, la fiambrera con la comida, pero con el tenedor y el cuchillo a su lado: cualquier cosa para ahorrar tiempo. Y todo dispuesto para que no se me olvide nada, o mejor, para que no tenga que recordar nada. Si he de llevarme algo, lo pongo sobre la ropa del día siguiente, o le pongo las llaves del coche encima. Incluso pongo el coche en la orientación necesaria para no tener que hacer maniobras in the morning. Y eso no es todo. Programo el despertador quasi obsesivamente cada noche, a pesar de que todas las mañanas me levanto a la misma hora; nada de ponerlo a las siete menos cuarto. Qué trivialidad, por dios. Yo calculo cuánto tiempo me ha llevado esa mañana vestirme y salir de casa (hoy he me he levantado a las 06:46h y encendido el coche a las 07:07h), cuanto tráfico había (fluído, hasta llegar a mitad de Poble Nou donde había una pequeña retención a causa de un tractor) y a qué hora he llegado a aparcar (07:32h), y en función de esto, reprogramo el despertador respecto a la hora del día anterior un minuto arriba, dos minutos abajo, luego tres arriba, uno abajo, y así hasta que quedo satisfecho. Es como si un minuto más de sueño pudiera ser la diferencia entre un gran día y un día horrible, pero no puedo evitarlo. Para acabar, tengo que -necesito- ir al baño (a mear, vamos) como máximo cinco minutos antes de meterme en la cama. Si pasa más tiempo, empiezo a pensar en el martirio de levantarme a mitad noche, me empiezo a sugestionar... y tengo que volver a ir. Ya lo sé, es un poco raro.

Segon: Café. Este ya es conocido, aunque quizá no sea estrictamente un hábito. El café lo tomo solo y absolutamente sin nada de azúcar (eso es importante). Y no solamente eso, sino que cualquier otra cosa me provoca arcadas. Café con leche, arcadas. Café con azúcar, arcadas. Además, me gusta quitar la espuma de la superficie con la cucharilla y comérmela (¿la espuma se come? ¿se bebe?) aparte del resto del café.

Tercer: Esto le resulta molesto a algunas personas y otras creo que lo malinterpretan. Y es simplemente que me gusta mirar a los ojos de la gente. Es un pequeño entretenimiento que tengo desde hace mucho tiempo y que me produce bastante satisfacción. Lo hago sobre todo cuando voy andando por la calle, pero también cuando conduzco busco los ojos en los coches que vienen en sentido contrario (cualquier día la DGT lo prohíbe), en los espejos retrovisores del coche de delante, en la gente que veo por la calle... A veces la otra persona devuelve la mirada e incluso se llega a dar un pequeño -y cómplice- momento de reconocimiento mutuo, y a veces no. A veces se ven cosas en los ojos de los demás, y a veces no.

Cuarto: En cuarta posición, hay algo que no siempre puedo hacer, dependiendo con quien vaya. Quizá no sea tal hábito cuando no lo hago siempre, pero sí siempre que me lo permiten o cuando voy solo, así que creo que aceptamos pulpo. Y es que cuando voy al cine me gusta quedarme en mi asiento hasta el final de la película. Y cuando digo final, me refiero al momento en el que encienden las luces de la sala y dejan de proyectar sobre la pantalla. Cuando ha salido eso de Soundtrack available at nosequé records y el logo de Panavision. Cuando estás casi siempre ya solo en la sala y han empezado a limpiarla. Cuando ya no hay queda nada que ver. Es en ese momento cuando me levanto y salgo del cine... si no voy con alguien que no lo entiende y para evitar explicaciones acabo saliendo antes.

Quinto: ... y último. Aquí tengo varios candidatos, a cada cuál más extraño, así que voy a poner el primero que de me ha venido a la cabeza. Me gusta beber agua en recipientes no convencionales, como cucharas, cacerolas, tazas, etc etc. Me gusta cómo cambia la percepción del sabor del agua al beberla con una cuchara y se vuelve más metálica (pruébalo), igual que es diferente cuando la bebes de un botijo, o directamente de la jarra o del grifo, en lugar de beberla en un vaso. Obviamente, luego lavo los cacharros (siempre los cojo de los que han sido fregados y están encima del banco secándose), aunque desde que tenemos lavavajillas he abandonado un poco esta costumbre. Hay otros hábitos igual o más extraños, pero he llegado a los cinco y ya soy suficiente raro de momento.

Bien bien bien. En el original que me pasó Suco, había que pasar esto a cinco blogs, y aunque hay muchos a los que se lo pasaría, ahí va, Chasky, Balita, Reve, Mara y Pnac.

A quién no conteste, cuatrocientos enanos le sodomizarán durante el resto de su vida (están ya contratados), así que por mi no lo hagáis, hacedlo por vosotros. Dejo la elección en vuestras manos.