Querido invierno

Querido invierno,

Me gustaría comenzar esta pequeña misiva agradeciéndote tu presencia un año más por estos lares, con la que nos traes los siempre bonitos paisajes y las siempre entrañables navidades. Pero creo que eres suficientemente inteligente como para deducir, por la forma de decirlo, que no voy a hacerlo. Porque no sería sincero, y a ninguno de los dos nos gusta la hipocresía. Así que voy intentar ser todo lo breve y claro que sea capaz, para que en el futuro no hayan malentendidos de los que podamos alguno de los dos arrepentirnos.

Tú no me gustas; no me gustas nada. Es más, te aborrezco la mayor parte del tiempo. Supongo que de poder pasarme estos cuatro meses viviendo al lado de una estufa, mi opinión sería diferente, pero el caso es que las cosas no son así y no podemos ni tenemos el derecho a cambiarlas, aunque tú a veces lo hagas. Y digo cuatro meses porque esa es otra; vienes cuando te da la gana y te vas exactamente en el mismo momento. Nada de ceñirte a las fechas oficiales, acordadas desde hace mucho tiempo. Si al menos fuese sólo eso. Pero no, tú no. Tú haces de tu capa un sayo y tomas las decisiones sin consultarlas, sin atender a razones ni pensar en las consecuencias que se pueden derivar. Conociéndote, es de esperar esta actitud egoísta e irresponsable, así que no sé de que me sorprendo. Probablemente es que soy un ingenuo y no aprendo nunca.

No me extenderé mucho más, no te preocupes. Lo que quiero decirte, y disculpame por el lenguaje que voy a utilizar, es que no sé porque no te largas de una puñetera vez. Me encanta la nieve, pero creo que ya vale, que estoy harto de tanta ola fría de los cojones. Harto de levantarme cada mañana como un puto pingüino, harto de dormir con tanta manta encima que cualquier día amaneceré planchado como un cromo si no asfixiado por el peso, harto de parecer el muñeco de Michelín y harto de aguantar tus cambios de humor día sí día también. Así, querido amigo, que te cojes el frío, la nieve, el viento, el hielo y todo lo que te hayas traido y te lo llevas a tomar por saco como mínimo hasta el año que viene. Y si no vuelves, yo al menos no te voy a echar de menos.

Espero haber sido suficientemente claro y espero no volver a verte jamás. Que lo pases bien y hasta nunca.

Atentamente,

M.