Pulseritas

Ayer me crucé por la calle con una bonita y sexy individua que llevaba cinco pulseritas de estas de plástico que se suponen que son para asociaciones benéficas, lo que además de todo lo dicho, la hacía algo ridícula. Cinco. Nada más y nada menos. No entiendo como aquello le resultaba cómodo, aunque supongo que le resultaba fashion, y ya se sabe que para presumir hay que sufrir. Creo que fue Amstrong (bueno, obviamente no él en concreto) el precursor de esta curiosa iniciativa, con una contra el cáncer. Aquello parecía buena idea, y como lo parecía, y al decir por la popularidad que ha adquirido, lo era, ahora tienes n+1 pulseritas de cualquier asociación que se te pueda ocurrir. Y lo mejor es que se han puesto de moda y son, al menos en Valencia, lo más pijo que hay —similar a las pantunflas esas de pueblo— entre los pijos y pijas adolescentes y no tan adolescentes (¿por qué últimamente tengo la impresión de que la adolescencia se ha alargado hasta los veinticinco años? ¿Me estaré haciendo mayor?).

Y no es que me importe, más bien al contrario, me alegro de que a alguien se le haya ocurrido una iniciativa para sacarle la pasta a todos esos niños de papá; supongo que es una aplicación inteligente de la maquiavélica (de Maquiavelo) frase el fin justifica los medios. Aunque claro, lo que pasa es que luego se pone en la calle la gente de la AECC (Asociación Española Contra el Cáncer) y como el bote verde y la pegatina no molan tanto —o igual que las suscripciones a AI, Cruz Roja, Greenpeace, Médicos del Mundo, etc... no se ven— pues ni Dios les da un duro, ¿porque quién quiere una pegatinilla chunga pudiendo tener una pulserilla chorra?

Y es que no hay nada como estar a la moda.

(Creo que los comentarios a partir de ahora van a ser menos frecuentes. Exámenes y la necesidad de escribir —otras cosas— son dos buenas razones)