No somos gomas elásticas

Mientras venía hacia casa esta noche, he encontrado de súbito explicación para todos esos crímenes y actos que aparecen en portada (no hablo de maltratos a mujeres) de las páginas de sucesos de los periódicos. Los protas de la historia son dos gilipollas dentro de un BMW y un Focus respectivamente, hablando a dos metros de distancia uno del otro, y a 15 km/h en medio de una rotonda que suele cogerse en torno a los 50 km/h. Como si estuviesen solos en medio del universo. Siento llamarlos así (gilipollas, por si falla la memoria), pero no se me ocurre nada más descriptivo.

Si a eso le añades un día de una tensión excesiva, un cansancio físico y anímico, y mucha mucha predisposición al conflicto, el resultado es que acabas pensando qué parte de su cuerpo tendrá que radiografiarse primero si le embistes a 60 km/h por detrás. ¿Una diferencia de 45 km/h será suficiente para una fractura cervical? Gilipollas hay muchos. ¿Qué más da uno más uno menos?

Afortunadamente para mí, para mi coche, para mi cuenta bancaria y sobre todo, para él, soy una persona con sentido común. Ni conduzco a 15 km/h como si estuviese en el garaje de mi casa ni voy metiéndome ostias porque sí.

La moraleja de esto es sencilla. Coge a alguien, estiralo mucho mucho mucho, ténsalo tanto que esté a punto de romperse, y sigue estirando. Lo que resulte de eso puede ser cualquier cosa, y el resto de las personas "normales" se echarán las manos a la cabeza sin entender cómo aquello pudo ser posible. Estoy seguro que muchas de esas historias de sucesos tienen una justificación injustificable de este tipo.

(Aviso: esto no es una aproximación a mi estado de ánimo actual, es simplemente un pensamiento transitorio igual que muchos otros. Que nadie se me asuste, por favor.)