Me estoy quitando

No sé como empiezan el resto de adicciones, pero supongo que todas más o menos por lo mismo: empatía con tu entorno social. Ves a los demás, y de algún modo, por socializarte, por ese sentimiento de rebañ... digo de grupo, pues a poco que te descuides, ¡zas!, caes. He de reconocer, por orgullo, que yo tardé bastante en caer, y no fue por falta de oportunidades. Que si tómate esto, que si quieres una, que ya verás como te gusta, que te va a animar... pero yo, ná de ná, firme como una roca. Ahí, ya daba igual una que cien, en mis trece: no.

Pero claro, uno no es de piedra, no, no lo es, y va creciendo, y oye, que a mi la adolescencia me llegó tarde y claro, cuando llegó, pues llegó. Y caes, ya lo creo que caes, joder, hasta el fondo. Y después de la primera, una vez lo pruebas, ya no hay vuelta atrás. Al principio piensas eso de tranki, yo controlo, y que cuando quieras, pues lo dejas; ah no, yo no soy un adicto, esto lo tomo sólo porque me gusta. Que no te hace falta, que tú eres dueño de ti mismo. Tú dominas la situación. Y sin darte cuenta, como todo el mundo está en el ajo, pues tú también, así que te tomas uno, y otro, y otro, y otro, aquí, allí, por la mañana, por la noche, por el mediodía, por la tarde, y llega un momento en que ya no sabes cuándo has de parar, dónde está tu límite. Sin darte cuenta tú mismo te has convertido en un drogadicto, así, como quien no quiere la cosa. Terrible.

Eso sí, el día que te lo tomas en casa, ese día... ese día ya eres mayor, te sientes mayor. Da igual que lo tomes a menudo con los colegas, o antes de salir de fiesta, en casa de alguien (tío, que me lo ha traido un amigo de Colombia), o que quedes por ahí a tomar algo y para animarte un poco, pues caiga alguno (y siempre cae). No importa, porque hasta que no te lo tomas en casa, no cuenta. Pero ese día... ese día . Ese día ya eres un hombre, un Hombre, con mayúsculas, y no te da miedo mirar a los ojos de la muerte ni a los ojos del perro del vecino. Ya eres un poco más como tu padre, y de alguna forma eso te hace sentir mejor.

Pero llega un momento, cuando llevas mucho tiempo enganchado, en que empiezas a ser consciente de que de una manera u otra, has de ponerle freno. Consciente de que no puedes continuar, porque te estás dejando el sueldo y la salud. De que eres, lo repito, un drogadicto, con todas sus sílabas: dro-ga-dic-to. Y cuando ese día llega... ¡ay, cuando ese día llega! Es una revelación traumatizadora. Y a esa conclusión llegué yo el otro día, por mucho que me pese. Pero de alguna forma se empieza.

Así que he decidido que poco a poco, tengo que desengancharme, aunque me cueste: voy a empezar a tomar descafeinados.

Por mis huevos que sí.

--

Me estoy quitando [mentira que te visto yo pal polígano...]

Me estoy quitando [que no, que no era pa mi, que era pa otro que también...]

Se está quitando
Estoy buscando al doctor pa que me de la receta

pa olvidarme de tu amor y no volverme majareta

(Extremoduro, Me estoy quitando)