Garabatos

Hace unos años me encontré con una agenda en la que había algunos poemas de Manuel Machado, ilustrados por dibujos de este autor, aunque aquello era más bien un montón de palotes mal dibujados, más propios de un niño de cinco años que de un ilustre literato.

Siempre me he preguntado qué lleva a alguien a pensar que un genio de la literatura ha de serlo por cojones de la pintura, de la escultura o de cualquier otra disciplina artística. Si ni siquiera puede decirse que un gran novelista sea necesariamente un gran poeta, o un acuarelista genial domine de igual forma el óleo, no entiendo cómo alguien puede considerar a priori, previo a toda crítica, que los garabatos que un gran poeta dibuja en unas hojas de papel son obras de arte.

Es posible, puede que sí y puede que no, que todo genio de una determinada disciplina -y no sólo, ni principalmente, artística- posea un especial talento creativo que la mayoría de los mortales no poseen, pero lo importante -para mí- es que sea capaz de plasmarlo en algún tipo de actividad, en algún tipo de material, en crear una obra, que es realmente lo que le diferencia del resto. La creatividad no sirve de mucho sin esfuerzo; al contrario de lo que se dice, pienso que las intenciones son buenas, pero lo que cuentan son los hechos. A todo el mundo se le ocurren a diario ideas geniales, pero no por eso son genios. Yo puedo imaginar cuadros impresionantes, pero soy totalmente incapaz de llevarlos a la práctica.

Por eso considero además, conservadoramente, lo admito, que cualquier obra que pretenda sustentarse en una idea, en un concepto, y no en un objeto físico (algo que por cierto tampoco suele ser una garantía), es una tomadura de pelo, más parecida a las inexistentes ropas del emperador que a lo que su autor pueda querer dar a entender; o le falta talento o le falta voluntad. Pero este camino es demasiado largo y escarpado para recorrerlo en un solo párrafo.

En conclusión, la respuesta que siempre encuentro a esa pregunta, a esa puta manía de genializar cualquier trabajo de un genio es la misma: el mundo está realmente lleno de gilipollas. Así que, tras 29 años de confirmaciones de este terrible hecho, a partir de ahora voy a conservar todas las tonterias que dibuje, pinte, escriba o esculpa -bueno, eso aún no, pero lo que haga falta-, por si algún día me da por ser famoso, y por si algún día me da por morirme.

Y os aconsejo que hagáis lo mismo porque nunca se sabe.