Soy un buenazo

Soy una persona pacífica, muy pacífica. Soy como un perezoso, pero sin uñas. El caso es que yo no me enfado con nadie excepto con la gente con la que tengo mucha, muchísima confianza. Es decir, mi familia, un par de amigos y alguna persona más. Con esas sí, con esas sí que tengo uñas, demasiado afiladas a veces.

Y esta puta manía de ser igual de agresivo que un un caracol sin antenas es algo que a algunas personas les incita, al parecer, con la pretensión de ser graciosos, a convertirme en objetivo de sus gracietas. Bien, pues tengo el defecto de que este tipo de cosas me traigan sin cuidado. Me resbalan, me la traen floja, por lo general, así que nunca respondo, y esto parece que constituye un aliciente adicional. Uno puede ser gracioso una vez, dos veces, y hasta tres, y si la cosa tiene gracia, hasta yo me río de mi mismo. Cuando se es gracioso, claro, porque hay veces que ni eso. Tengo mucho aguante, pero cuando la cosa se repite por norma, aunque yo no me encare contigo y te mande a la mierda, o te diga que dejes de tocarme los cojones —hay días y días—, deberías darte cuenta de que estás meando fuera del tiesto: háztelo mirar. No obstante, como digo, perder el tiempo en cosas así no me vale la pena ni el tiempo empleado. Es tan fácil como que evito el trato con personas así. Para qué.

Da la casualidad además de que mi carácter hacia la gente con la que tengo poca confianza suele ser jovial, alegre y desenfadado, quizá demasiado, de modo que a menudo, ante tales gilipolleces, por hablar con propiedad, que es en lo que se suelen convertir tales gracias, sólo esbozo una sonrisa, aunque pienso otra cosa, claro. Soy una persona que se rie de todo o casi todo, y esto la gente no demasiado inteligente lo confunde; es normal. La principal ventaja de este tipo de comportamientos es que ayuda a valorar la calidad de las personas con las que trato.

Quizá alguien se sienta aludido por este post; nada más lejos de mi intención. Esto es sólo la descripción de un comportamiento que se repite y se ha repetido de forma recurrente en mi relación con muchas personas. Y si alguien se siente identificado, debería analizar porqué.

Así que recuerda, si algún día te cruzas con alguien y no quieres que piense que eres un capullo mientras te sonríe, no le toques los cojones demasiado, y si lo haces, que os podáis reir los dos. Aunque a lo mejor él no tiene tanta paciencia y te rompe la cara. Y yo... algún día la cuerda va a acabar rompiéndose, ya lo verás.

Si es que soy un buenazo.