El hombre y la Tierra

Anoche salió en la cena el tema de Félix Rodriguez de la Fuente. Al parecer, con motivo del vigésimoquimo aniversario de su muerte, a algún programeja de Telecinco se le ocurrió, a falta de vagos, chulos, putas y gilipollas varios con los que llenan el programa, la feliz idea de remover un poco los huesos de su ataúd, con un reportaje en el que, partiendo de que los documentales de este señor estaban un poquillo amañados, y que no era, en definitiva, el San Francisco de Asís que todo el mundo creía, se pasaba a una difamación en toda regla. Todo ello sin aportar ninguna prueba, como suele ser habitual.

Creo que es bastante público, a estas alturas, el hecho de que el águila y los lobos de Dr. Félix estaban amaestrados y que las cosas no eran probablemente, tan naturales y espontáneas como por ejemplo, un reportaje actual del National Geographic. A nadie le sorprende eso ya, viendo tantas veces a este hombre levantar al lobo jefe de la manada en brazos—no intente hacer eso en casa. Pero también es bastante público que colaboró en la fundación de ADENA, en la delegación española de WWF (World Wildlife Fund), y que fue uno de los principales causantes de que el lobo no fuera exterminado de este país, ayudando a estimular algún tipo de conciencia ecológica en la gente.

Y no es que dude de lo que esta gentuza dice en el "reportaje", sino que ni siquiera puede considerarse como el gérmen de una duda razonable. Para dudar, hay que pensar que algo puede ser cierto o falso. Y en este caso, no puede tomarse como verdad o mentira. No puede tomarse como nada, como nada en absoluto. Su reputación les precede.

Pero la cuestión no es esa. La cuestión es, a cuento de qué, veinticinco años después, sale esta panda de hienas, patéticamente autoerigidos en estandartes de la verdad, a difamar la memoria de alguien que no tiene posibilidad alguna de defensa (Lola Flores says 'hi'). Y es que por lo visto ni muerto lo dejan a uno en paz.