Cuatro años menos un día y treinta más uno

Hace cuatro años menos un día que empecé este blog, como una manera de dar rienda suelta a, llamémoslo así, mi vida interior. No confundir con vida intestinal, sino como inquietudes intelectuales et al. Desde ese día, esto ha evolucionado —prácticamente igual que la mayoría de los blogs— hasta el punto de ser un producto de mero entretenimiento más que una vía de desahogo personal. En otras palabras, y como se habrán dado cuenta, la mayoría de las veces no escribo porque tenga algo que decir, sino porque tengo que decir algo, lo que es una sutil pero importante diferencia. Hace ya bastante que pienso en eso, por supuesto sin llegar a ninguna parte, como en muchas otras cosas. Por una parte, les confieso que supone una satisfacción continuar con esto en marcha después de tanto tiempo, y ver que aparentemente ustedes me siguen leyendo, y por otra, opino que puede resultar interesante leer dentro de unos años lo que opinaba ahora. Claro que aunque para lo primero vale casi con cualquier cosa, para lo segundo es imprescindible contar con contenido "íntimo" y personal que me aporte algo en el futuro; ustedes ya me entienden. Poner gilipolleces puede entretenernos a todos diez minutos y poco más, pero a mi me aportará poco o nada dentro de un tiempo, porque en este mundo de gilipollas las gilipolleces son como los límites, ya saben: tienden a infinito. Además, a todo eso hemos de añadirle todas esas ocupaciones alternativas que van surgiendo de vez en cuando, o esas otras que llevan esperando casi demasiado, y de las que les he hablado más de una vez. En definitiva, que les estoy hablando de las eternas excusas.

En cualquier caso, todo eso es sólo algo que estaba pensando, que he pensado en el pasado y que seguro que mañana seguiré pensando, y a partir de lo cual no he sacado ninguna conclusión. Lo que tenga que ser, será, lo que es una manera bastante absurda —y en cierto modo determinista— de ver todo esto. Por cierto, si no se lo había dicho, hoy es mi cumpleaños.