Ah, look at all the lonely people...

Opción Uno (1)

«Si bien los bloggers disfrutan de lo que hacen, enfrentar la presión de publicar con regularidad, sin dejar de ser agudos, ingeniosos e incisivos es demasiado».

Afortunadamente, no se puede dejar de ser algo que no se es, así que estoy a salvo. De algo me tenía que servir la mediocridad.

 

Opción Dos (2)

No puedo con mi alma.

Que alguien me la guarde, por favor, sólo hasta después de navidades. Da poco trabajo y no ensucia nada.

Se gratificará, o no.

 

Opción tres (3)

Joder, las doce, te dices, y rebuscas en tu cabeza algo sobre lo que escribir. Pero como a estas horas tu cabeza hace ya muchos minutos que está en standby, recurres a esas tonterías que escribes en cualquier papel -que viene a ser ese cualquier papel que está cerca de ti cuando se te ocurren-, pero como las escribes en ningún lado en particular, pues es natural que no las encuentres. En las noticias tiene que haber algo interesante. Lo hay, pero demasiado espeso. Esta noche es todo demasiado espeso, incluyéndote a ti. Menudo panorama. Casi la una, y tu ahí, delante del maldito portátil sin saber qué escribir. Quizá podrías poner esta canción de los Beatles pero la letra no te pega en estos momentos con tu estado anímico ni con cola, así que tampoco es plan.

A lo mejor hay algo en lo que escribiste hace tiempo. Total, quién se va a dar cuenta de que tu creatividad esta bajo mínimos. Pasando por posts antiguos, te preguntas cómo coño podías (¡tú!) escribir aquello hace tan sólo unos meses. Bueno, entre tanta cosa inservible, esto quizá sirva... «ijoputas, me estáis matando»... joder, no, compórtate. Queda algo transgresor, pero no es cuestión de ir insultando a la gente. O bueno, ¿porqué no? te preguntas. Pues porque no, te contestas. Y decides que mejor que tu esquizofrenia continúe su diálogo -o monólogo, no lo tienes del todo claro- en otro momento, no a la una de la madrugada y mientras intentas apañártelas, sin mucho éxito, para escribir algo.

Pues eso. La una. Mierdamierdamierda. Bueno, al menos ya lo tienes, aunque no puedes con tu alma, piensas, y ahí encuentras algo vagamente atractivo. Te das cuenta de que se parece al del anuncio por palabras, pero tan sólo en algún aspecto teológico (alma y dios) y en la extensión. Es corto, quizá demasiado corto, pero no acaba de estar del todo mal, aunque desde luego, no es lo mejor que has escrito. Pero tampoco lo peor, y eso es un gran consuelo.

Ahora veremos qué coges y qué descartas, y como lo montas para que quede decente, lo que a la una y cuarto de la noche es mucho pedir. Decides incluir a los Beatles, aunque aún no sabes cómo, y te pones a escribir, sin estar muy seguro de lo que estás haciendo, sin creértelo demasiado, sin excesivo convencimiento, y pensando que quizá deberías no escribir nada esta noche, pero bueno, ya que has llegado hasta aquí, ¿por qué no acabar? Después de todo, es sólo un comentario más, y mañana será otro día y otro post. Quizá no les guste, o quizá sí, pero el caso es que tampoco se trata sólo de eso, ¿no?

De repente, sin saber muy bien cómo ese pensamiento ha alcanzado tu cabeza, eres consciente que la Navidad ya está aquí, y tú apenas te has enterado; dios mio, cómo pasa el tiempo, piensas, y te aconsejas sabiamente que será mejor que te pongas a escribir antes de que den las dos y te pongas nervioso de verdad.