Un reloj y una venganza

Esta noche he ido a ver V de Vendetta. Ha sido un impulso, un esta noche tengo que ir al cine. Un me da igual si solo o acompañado. Un he -de necesidad, casi de obligación- de ir al cine. Pues bien, señores y señoras, damas y caballeros, niños, niñas y pelotitas de goma, déjenme decirles algo. Vayan ustedes a verla. No, mejor, VAYAN USTEDES A VERLA. No se la pierdan. Impresionante. Quizá discrepen ustedes una vez vista; ninguna sorpresa. Pero no se la pierdan, sólo por el por si acaso. Háganme caso, coño, aunque sea por una vez. Va-yan-a-ver-la. Punto. Sigamos.

Antes de entrar, mi madre me llama porque me había regalado un reloj. Le da pena que fuese siempre mirando el móvil. Es cierto, no miente, voy siempre mirando el móvil. Mi madre nunca miente, y no es porque sea mi madre. Aunque no lo fuese, tampoco mentiría. Bien. Un reloj de esos sin ticket, de los de esto no se devuelve porque es un regalo y no me da la gana. Emocionado me ha dejado, la pobre mujer.

Al llegar a casa, me encuentro con el reloj de la foto, un reloj que me regaló mi ex, Lorena (nada que ocultar a este lado del universo), un reloj que siempre pensé que había perdido en Oliva. Y que al parecer, a la vista de los acontecimientos, no perdí. No sé si ha aparecido, como le pasaba a Jonás, en un lugar obvio a la vista de todos. No creo, aunque nunca lo busqué aquí. Porque siempre pensé que se había perdido allí (nunca pensé que lo había perdido; yo nunca lo perdí, porque se perdió él solo). Y todo el mundo sabe que "aquí" y "allí" no difieren sólo en dos letras. El caso es que, después de todo, recupero mi reloj. Confieso que me resulta increíble.

Y para acabar, y está mal que yo lo diga, después de mirarme al espejo unos segundos, buscando los cambios que el gimnasio ha podido provocar en mi complexión muscular (ninguno apreciable, obviamente), he acabado afirmándome en algo que ya sabía. Que uno es como el vino: gana con los años. Pero sí, está mal que yo lo diga, aunque ya lo haya dicho. Y es que para qué andarnos con falsas modestias, tal y como esta el patio. Pues eso.