Sus majestades los Reyes Magos de Oriente

Está mal que yo lo diga, lo sé, lo sé lo sé lo sé, y ya sé, también sé que no es la primera vez que que que que lo digo, pero qué qué qué qué le voy a hacer si tengo buen gusto; no puedo, lo admito, evitarlo, porque, evitarlo, no puedo, admitirlo tengo que. Seguro que alguien por ahí -al menos una- me va a dar la razón, por interés propio o quizá también por amor a esa verdad tan maltratada. Y sí, claro, para qué negarlo, quizá o mejor, con toda probabilidad, será esa la causa de este narcisismo que me da por exhibir en ocasiones y disimular en otras tantas. 

Y si a esa tendencia natural a un razonable, lógico, específico, delicado, notable y estético, admitámoslo, como tercera confesión de la noche, fashion victimism, le sumamos que en estas fechas tan ¡tan! entrañables me entra un ataque de monarquitis aguda, a mi este yo siempre tan republicano, y me da por obsequiarme con presentes en nombre de sus majestades los Reyes Magos de Oriente, además de que nunca ¡nunca! he sido capaz de aplacar mi ya más que a estas alturas obvio demonio consumista, acabo por sumar a mi vestuario, ¡primero!, una preciosa chaqueta Adidas, roja, rayas blancas laterales con su correspondientes letras en la espalda, e inspirada en la camiseta que la selección nacional checa portaba en el mundial de 1970, y ¡segundo!, unas zapatillas negras de la misma marca con el nombre de Gerd Müeller en color oro y que son básicamente y casi exactamente la idea que llevaba desde hace algunas semanas. Y digo yo, aunque esté mal repetirlo, Mr. Adidas, que debería pedirme usted la mano porque nuestro noviazgo va camino, si seguimos los dos igual de enamorados uno del otro -usted de mis dineros, yo, de sus diseños- de dejarme a mi en la ruina más absoluta, aunque como bien reza la sabiduría popular, gusto con sarna no pica, y a mi de momento esta no me pica demasiado.

Pero antes de la conmemoración de nuestra monarquía oriental, tuve ocasión de ser obsequiado el pasado uno (1) de enero, con objeto de mi santo, y en acto de flashback, con un fantástico tomo de la serie Corto Maltese del maestro Hugo Pratt (se exige reverencia), compuesto por diez fantásticos fascículos que estoy actualmente en proceso de lectura. Y a quien le debo este regalo, he de decirle que tanto me da Hugo Pratt como Milo Manara (¡CLICK!), al que ya he mencionado alguna vez, así que cualquiera de los dos es bienvenido.

Volviendo al más inmediato pretérito, dicen las malas leng... quiero decir, las mujeres, que los hombres somos como niños, y no les falta razón, por lo que si continúo enumerando, poco tiempo más (por no prolongar excesivamente la tortura), lo que me han dejado los reyes, no debería caer en ningún tipo de absurdo ni ridículo más que aquel al que estoy condenado por mi condición humana y en este caso, masculina. Tanto el reloj Swatch, el DVD de Sin City, el suéter de Zara o el bluetooth para evitar una multa por hablar con el móvil conduciendo -algo que hago demasiado a menudo, aunque admito sin problemas que si no lo hago más no es por que crea que supone tal grado de distracción como la DGT se empeña en asegurar, sino por miedo a la multa correspondiente- merecen más espacio del que les acabo de dar, pero paso sin más a mencionar al ilustrador Michael Wm. Kaluta, al que he descubierto gracias a un Art Book que mi progenitor (dibujante de cómic, por lo que me lleva ventaja en esto del tebeo) ha tenido el detalle de regalarme. Siendo fan de Bisley, no está de más encontrar de vez en cuando -aunque no puedo decir que (yo) sea un especialista- un ilustrador más clásico que tiene auténticas maravillas.

Y eso es todo. Mencionar que sigo —¿perpetuamente quizá?— buscando mujer, ya que como era de esperar mi petición no fue atendida. Ahora se acaba esta navidad tan odiada, y nos quedamos con el frío, las rebajas, los exámenes y un montón de trabajo. Yupi yupi yupi. Estoy en éxtasis. Ahora hasta fallas de tirón. Tres meses, Pascua, verano y navidades de nuevo. Yúju. Como pasa el tiempo. Por cierto, Cocodrile está bien, vivito, coleando (justo como yo) y más contento que unas pascuas con su nuevo disco. Y yo mañana me voy el finde a Albacete por invitación de unos amigos. Estaré bien.

Se ha acabado el tedio por hoy. Pasadlo bien.