Sueños

Esta noche he tenido un extraño sueño.

Conduzco con mi coche por una carretera, con un paisaje verde a cada lado que recuerda a una de esas carreteras estrechas en los Pirineos. Mi familia va dentro del coche, y al llegar a una curva en pendiente descendiente, me encuentro con una hilera de coches encabezada por un Audi A4. A pesar de la baja velocidad a la que se mueve, se acerca tanto al lateral de mi coche que me arranca el retrovisor y yo salgo despedido por la ventanilla (sí, por la ventanilla), cayendo al suelo.

A continuación, aparezco con mi coche doscientos metros antes, justo antes de entrar en la curva, rodeado de la gente que iba en los coches que seguían al Audi. Estamos todos bien, y a la izquierda ya no está el paisaje de antes, sino una especie de Masía alejada unos quinientos metros, precedida por un gran campo de tomateras. Mi hermana sale con dos tomates en la mano, y cuando está casi a la altura de la carretera, alguien sale desde dentro de la casa y llega a su altura rápidamente... demasiado rápidamente. Sin más, se da la vuelta y mi hermana sale gritando detrás de ella ¡Un euro dos tomates!¡Un euro dos tomates! sin éxito. La gente ha desaparecido.

Lo siguiente que veo soy yo dentro de la casa. En realidad, veo sólo una habitación con una ventana al fondo, y aquí sucede lo más extraño del sueño: tengo la sensación de haber estado aquí antes, y no sé si es una sensación del sueño o de fuera de él, lo que parece sugerir que hay algún tipo de consciencia durante el sueño y además, yo soy consciente de ello en éste. Es decir, no se si mi yo del sueño siente que ha estado en esa casa antes, o es el yo real el que siente que ha soñado con esa casa antes. Esta confusión no me abandonará en ningún momento e incluso permanece algún tiempo después.

La chica de la Masía me habla de un concierto de un grupo llamado Marmota, de Barcelona, de una visita a esa misma casa hace unos meses, con más gente, y hablo con ella. Al parecer, nos conocemos de antes y tenemos bastante confianza. La conversación es fluída y rápida, alegre. En un determinado momento, dice algo entre risas y de repente la palabra aparece escrita en el suelo, en letras legras sobre fondo blanco. Le pregunto como ha hecho eso, y me contesta riendo, aunque no recuerdo la respuesta.

Me asomo a la ventana y veo el mar, pero estoy a doscientos metros sobre la playa, como en lo alto de un acantilado, pero yo sé que no es así, aunque no intento encontrar una explicación. Es extraño el contraste entre ambos extremos de la casa. La playa sólo se extiende en una pequeña superficie debajo de mi, quizá de cien metros cuadrados, y cubierta en su mayor parte por un toldo verde, de modo que casi no veo la arena. En el resto de la costa, no hay playa, tan sólo rocas. Ahora tengo la certeza de estar en Gandía. El aire está limpio, y me fijo en las personas que hay en el agua. A pesar de la altura, las distingo con claridad. Una de ellas parece estar jugando con algún tipo de pez que debe medir unos cuatro metros. Veo otros peces así, y no tengo ninguna duda de que se trata de tiburones. Justifico internamente con esa visión mi fobia al mar y lo comento con ella.

De repente estoy sentado en una mesa de madera vieja, con el que debe ser su novio o marido. Por momentos, parece haber un niño, pero no estoy seguro. A veces está y a veces no, es confuso, aunque no le presto demasiada atención. Él es moreno y delgado, y lleva el pelo engominado, hacia un lado. Su cara es delgada y estirada, con las facciones muy marcadas. En general, su aspecto es siniestro, oscuro. No es desagradable en sí, ni me da miedo, es sólo raro, su forma de hablar, su comportamiento, su manera de mirarme. Me recuerda a Crispin Glover en Willard Movie. Ella está cocinando detrás de nosotros, haciendo lo que parece ser la cena, y él me habla, aunque no recuerdo sobre qué ni si yo le contesto. En algún momento, él se dirige a ella de una manera que no me gusta, y en ese instante le odio por un segundo. La conversación, o el monólogo, dura poco y no recuerdo nada más.

Y eso es todo. Asusta, la verdad, si se pone uno a intentar interpretarlo, así que voy a dejarlo como ejercicio al lector ocioso.