¿Soy gilipollas o qué?

Este fin de semana de fallas me he vuelto a dar cuenta, como otras muchas veces, de que esto de hacerse mayor no mola nada, y de que, a partir de una cierta edad, eso de quedarse de fiesta hasta las tantas (para cualquier valor de "las tantas" superior a las siete horas) sí porque sí, sentado en una acera como hace uno a los diecimuchos o veintialgunos, sin una razón justificada, pues como que mucha gracia no tiene. Y es que cuando se es absoluta y completamente libre de llegar a casa de fiesta pasadas las siete, ocho o nueve de la mañana, o de dormir en casa o no —y no me refiero que a uno le den libertad para hacerlo, sino que se asuma con toda normalidad que simplemente puedes esa noche dormir en otro sitio porque es tu vida—, el hecho de poderse quedar hasta tal hora por el mero hecho de quedarse, pierde todo su sentido.

Porque llegada una cierta hora, si no existe la citada razón, se para uno un momento y piensa aquello de estoy cansado, tengo ganas de irme a dormir y la música de este antro no me entusiasma. ¿Qué coño estoy haciendo yo aquí? ¿Soy gilipollas o qué?

Aunque bien visto, estaba yo pensando ahora mismo eso mismo, porque estoy cansado, tengo ganas de irme a dormir y lo que estoy escribiendo no me mata... Y ya sabéis el resto...