¡Rómpete!

Siempre fui un niño bastante inocente. Inocente por no decir un poco tonto, aunque sólo a ratos. He de decir en mi defensa que ahora sigo siendo bastante así, bastante ingenuo, aunque a decir verdad, no sé si eso mejora las cosas. Bien, que más da.

Creo que el ejemplo más característico de todos, completamente verídico y que mi madre no se cansa de contar en cualquier ocasión que se presta a ello, fue el día en que me mandaron llamar al ascensor. Ya sabéis. Lo típico, niño, sal y llama al ascensor. Y yo lo llamé. Pues claro. Porque pulsar un botón no es llamar a nadie ni a nada. Así que lo llamé... literalmente: a gritos. Cuando me imagino a mi mismo en el portal de mi casa de Burjassot (calle Bernat y Baldovi, para los curiosos), gritando a todo pulmón Ascensoooooooooooor, Ascensoooooooooooooor, me siento bastante divertido. Pero la verdad es que no quería hablar de eso, y menos mal, vista la extensión de lo escrito.

Porque otra de las cosas que siempre me llamó la atención, o más bien, me volvía muy loco, es el cartel de Rómpase en caso de incendio. Aunque yo aún sigo sin verlo demasiado claro, es obvio que significa Rómpase el cristal en caso de incendio, y no Rómpase usted en caso de incendio. Y no es que me apasione que me hablen de usted. Sí, ya lo sé. Ahora lo entiendo, pero durante mucho tiempo, siendo niño, siendo joven y siendo casi no tan joven, leer aquello era un poco como un ¿Qué? ¿Que me rompa? ¿Cómo que que me rompa? ¿Yo?, algo a lo que no le encontraba ningún sentido por más vueltas que le daba. No sé si al final lo pregunté o llegué a la solución por mi propios medios (me extraña), pero a pesar de todo y como ya he dicho, confieso que a mí no me acaba de cuadrar el asunto, así que a lo mejor si un día me encuentro en medio de un incendio, voy y me rompo.