Hazte vago

Como lo que he colgado hace un rato no me mata, y sé de buena tinta que a vosotros tampoco, ya que la mayoría no tenéis ni pajolera idea de qué coño es la recursión, la iteración o las pollas en vinagre (sí, he dicho "coño", "pollas" y "pajolera", todo en la misma frase), pues he decidido contaros cómo ser vago te puede ahorrar un dinerillo, y ya de paso aplacar ese acentuado instinto voyeur que os caracteriza.

Pues bien, como todo el mundo sabe ser vago es malo; no está penado por la ley, pero casi. Pero no sólo es malo, sino que además de ser un desperdicio, un inútil, una lacra, una carga y no sé cuantas lindezas más todas ellas acompañadas de la palabra "social", si eres vago irás al infierno, vendrá el coco y te comerá —yo me pregunto el qué, porque igual a algunos nos compensa—, y se te caerá la piel a tiras con regocijo de aquellos que se ganan el pan con el sudor de su frente.

A pesar de todo esto, el mundo está lleno de vagos; los hay por todas partes. Mires donde mires, allí hay uno. El tema tiene al parecer mucha popularidad, pero yo, a pesar de mi gran sentimiento de rebaño y mi evidente empatía social, hasta ahora no había considerado hacerme socio de un club tan numeroso. No obstante, al comprobar el dinerillo que me ahorra seguir una política relajada —sobre todo eso, relajada— de vagancia uniforme y constante, y después de poco pensar y poco reflexionar -para ir acostumbrándome-, me voy a unir a ellos sin hacer demasiados esfuerzos.

Porque la cuestión es que necesito desde hace meses unos auriculares nuevos y pilas para el mp3, el cual está muerto de risa —o de pena— encima de mi mesa. Y cada día cuando salgo del coche por la mañana para andar hasta el trabajo, me digo que ese paseo sería más agradable con música, y me acuerdo de que necesito unos auriculares nuevos y pilas para el mp3. Y cada día cuando salgo del trabajo por la tarde para andar hasta el coche, me digo que ese paseo sería más agradable con música, y me acuerdo de que necesito unos auriculares nuevos y pilas para el mp3. Y cada vez que paso por delante del Corte Inglés, es decir todos los días, me acuerdo de que necesito unos auriculares nuevos y pilas para el mp3.

Y al mismo tiempo, siento un cansancio infinito y pienso: por dios, pero qué pereza... y continúo andando.