Que sean 30 euros, por favor

Comenté el otro día que me encontraba en un dilema y no sabía si irme el fin de semana —o lo que me quedaba de él— al pueblo (y lo repito, pero qué rural queda eso) o quedarme en Valencia. Ya sabéis cual fue mi elección. Pero antes, tuve que parar en una gasolinera. Dicho a modo de película de Antena3 del domingo por la tarde, lo que sigue a continuación es la narración de los hechos que acontecieron esa noche (o más bien, de diez minutos de esa noche en los que casi no era ni de noche).

Llego a la gasolinera sobre las ocho y media. Ésta está partida en dos por la carretera, de modo que en un lado se encuentran los principales servicios y en el otro, sólo algunos surtidores (la verdad es que la palabra surtidor me evoca más la Fontana di Trevi que una gasolinera). A esta última parte es donde voy yo, condicionado por el sentido y dirección de mi destino (el infinito y más allá... o casi). Paro y bajo del coche, pero allí no hay nadie, y sé que no es autoservicio. Uno, dos, tres minutos... y cuando estoy a punto de irme, aparece una chica con el uniforme de Repsol -creo, porque la verdad es que la vestimenta tampoco es que fuese la monda de interesante- jugándose la vida cruzando la carretera. Buenas noches, Buenas, noches, treinta euros, por favor. Silencio. La miro disimuladamente, para variar, o al menos lo que yo pienso que es mirar a alguien disimuladamente. No recuerdo si ella me mira, pero supongo que no. Es atractiva, aunque el uniforme no es que le favorezca demasiado. Me gusta el piercing que lleva en el labio. Llega un camión y le pregunto si quiere que siga yo, pero me contesta que no me preocupe, que él puede esperar, que va a llevarle un rato. Sonríe. Sonrío. Bueno, como quieras y espero a que acabe.

Treinta euros. Le pago, levanto las cejas indicando un bueno, ya está y añado un hasta luego por lo bajini, a lo que ella contesta con algo parecido. Arranco el coche y me encamino a la salida de la gasolinera, despidiéndome de nuevo cuando paso a su lado. Pero como mi coche se cala si en los treinta segundos después de arrancar no lo mantengo acelerado sobre las 3000 rpm (sí, está pendiente de que lo lleve al taller), esto es lo que se le ocurre hacer justo cuando me paro en el STOP. Lo arranco, lo acelero, y sin pensarlo demasiado, doy marcha atrás 15 metros, me pongo a su altura e intentando parecer valiente, Perdona, no hago esto muy a menudo —eso es verdad— pero me preguntaba si te apetecería ir al cine o a tomar algo algún día. Sí, claro, cuando quieras. No era la respuesta esperada —pero si la deseada—, así que balbuceo un Bueno, pues me paso por aquí y hablamos. Me despido, ruego a Tutatis para que el coche no se cale ahora, y enfilo la carretera de Madrid.

Y como le había dicho, me pasé por allí al día siguiente y nos intercambiamos los móviles —los números, graciosos— aparte de unas pocas palabras, aunque sólo fuese para cerciorarme de que no lo había soñado. Y ahora estoy decidiendo si película, si cerveza, si viernes, si sábado, si tarde, si noche, si cena, si no cena, si le llamo hoy, si le llamo mañana, si los Pepe's si los Lois, si la naranja o si la azul, si me paso a verla, si no me paso, si Kinépolis o si ABC (si cine equals true) y si italiano o no (si cena equals true). Entre otras. Lo que, con mi indecisión, puede ser algo que me lleve horas e incluso días.

Y hasta aquí puedo leer. No sé si os parece un poco raro, probablemente sí, pero bueno, yo creo que no es tan salvaje. Tampoco es que tenga muchas ganas de meterme en líos últimamente (siento mucho que alguna persona lo haya tenido que comprobar personalmente) por ahora, pero creo que al menos puede resultar divertido —para ambos— y quién sabe qué más. Al menos podré decir que al menos una vez en mi vida he hecho caso del típico El no ya lo tienes, porque desde luego, con las mujeres soy un cobarde, aunque cada vez me dais menos miedo ;). Y esto me hace pensar que tengo que empezar a hablar menos de mí y más de loquesea mientras no sea yo. Que me aburro de y a mi mismo. Ah, y empezar a pensar, que tengo muchas cosas que decidir.

Esto me recuerda que La Mujer Tirita hablaba hace unos días de estas situaciones en las que nos cruzamos con alguien que a simple vista nos atrae, nos parece interesante, o simplemente nos mantiene la mirada unos segundos más que los demás. A mi esta vez me ha salido bien, aunque ya veremos.