Póker (o mierda de juego)

Acabo de perder algo más de diez (10) euros al estúpido -y absurdo- juego del póker, pérdida que es la principal razón de que esté aquí escribiendo esto y no delante de la mesa con mis ex-compañeras ludópatas. Uno debe reconocer cuándo la suerte no está de su lado, aunque es cierto que uno debería reconocerlo antes de llegar a perder diez (10) euros. Quizá no les parezca mucho. A mí sí; demasiado. Dicen que la esperanza es la última cosa que se pierde, pero nadie dijo que mientras tanto, vas perdiendo otras cosas casi sin darte cuenta. Mala cosa, esto de la esperanza. Muy mala.

Algún idiota dijo alguna vez que afortunado en el juego, desgraciado en amores. Pero teniendo en cuenta que mi novia es mi principal acreedora, eso destapa ciertas contradicciones que no soy capaz de asimilar; suerte que no creo en la sabiduría popular. He pensado que quizá debería comenzar a apostar al ajedrez, para resarcirme de mi pérdida económica, aunque me temo que si la suerte deja de ser un factor, entonces la apuesta deja de ser rentable. No sé, déjenme pensarlo.

Y comenten, coño, que me siento solo.

Y no, no. Puede haber, probablemente la haya, estoy seguro de que la hay, gente que sepa jugar a ese estúpido juego, pero esto, aquí, y ahora, es pura suerte. Y yo *no* estoy de suerte