Nunca me ha gustado decir adiós

Nunca me ha gustado decir adiós. En castellano, concretamente. No sé desde cuando, y reconozco que no es algo que haya surgido de mi; posiblemente lo leí en algún libro, pero desde entonces, son contadas las veces que me he despedido de alguien diciendo "adiós". Y puesto que he olvidado la razón, pienso que es porque (me) suena a expresión demasiado tajante, que cierra la puerta a cualquier futuro reencuentro; es más bien un "hasta nunca". Después de decirlo, (me) parece que no queda nada más que decir. Y por eso, la mayoría de veces —aunque no todas— que lo digo es porque realmente estoy queriendo decir un "hasta nunca", pero sin tener que mostrar el resentimiento tan explícitamente como en esta última fórmula. Así que en general, prefiero un hasta luego, porque me gusta pensar que habrá un luego, un después aunque no sepa cuando o si en realidad lo habrá; saber que dejas la puerta abierta siempre es agradable. Manías.

Lo que ocurre es que, con la costumbre, he acabado diciéndole "hasta luego" hasta al mecánico del coche, y a ese me encantaría poder decirle hasta nunca, neng. Campions!

(Help me out / Yeah, you know you got to help me out / Yeah, oh don't you put me on the back burner / You know you got to help me out)