Montesa, 17 de octubre

Ayer domingo volvimos a Montesa, y aunque llevaba bastante cansancio acumulado de toda la semana y tenía unas agujetas terribles a causa de la clase de caballo del sábado, no me puedo quejar de cómo fue la mañana. La salida de este domingo ha sido bastante multitudinaria, ya que éramos inicialmente 12 personas y al final hemos acabado siendo 17; por suerte, había material para todos, aunque se ha echado de menos algún reverso adicional.

Hemos comenzado calentando como siempre en la cara norte del Tormo Gros. Rosa II, un IV+ ha servido para romper mano y tras ésta, he encadenado Pijus Magnificus, un 6b que la última vez me quedé con ganas de montar por la masificación de gente, y que pensaba que me iba a dar más guerra. La dificultad de la vía se concentra en el último tercio, y comienza con un paso complicado más de técnica que de fuerza; una vez pasado, el camino hasta la reunión no es sencillo pero nada especialmente complicado. Después de mi la ha intentado David, pero no ha tenido éxito.

Tras esta, Alex y yo nos movimos a la Paret de la Mola, donde conseguí encadenar con cierta dificultad Xila, un 6a+ que hace tiempo que tenía atragantado. En este caso, superé con cierta rapidez el primer paso, y el segundo se me enquistó hasta que localicé el agarre necesario. Alex, en su línea habitual, no encontró demasiados problemas.

Tras ésta, pasamos a La Panxa, un 6b que la última vez con Marcos fui incapaz de montar en condiciones. Alex la encadenó en su primer intento, y aunque yo necesité un par de intentos para superar la salida y tuve una caída en el diedro que hay casi a mitad de vía, pude conseguirla sin mayores problemas. Aprovechando que estaba "por la zona", repetí La colmena, el primer 6a+ que monté hace ya mes y pico, con enjambre de abejas incluído. Una vez superado el primer tercio de la vía, ésta se relaja y se convierte más en un 6a o incluso un V+ apretado.

Para acabar la mañana, ya bastante cansado y sin demasiada fuerza en los brazos, monté Tuli Lola, un 6a que la última vez encadené, pero en la que esta vez tuve que descansar quedando colgado de la última chapa. Y con esto y un bizcocho, volvimos a casa y a estas horas del lunes todavía me cuesta encontrar una parte de mi cuerpo en la que no tenga agujetas o esté magullada. Claro que sarna con gusto no pica, ¿o sí?

Más fotos, todas ellas de Ana y Alex (mi cámara estuvo sólo de excursión), a continuación.