m. pide consejo

Hoy pido consejo, que con toda probabilidad no seguiré. Así que si es usted de los que no dan consejos, o de los que no dan consejos si no se les va a hacer caso, puede ahorrarse la lectura de hoy. Le veo el lunes, si el cielo no cae sobre nuestras cabezas.

Imaginen ustedes que les gusta escribir, que llevan rumiando en la cabeza una historia desde hace meses, y comienzan a sentirse con ganas de ponerse a ello. Imaginen además que, como me decía el otro día uno de mis "amigos" (es curioso que me conozcan tan bien; o yo soy transparente, o ellos son adivinos, o es que pierden demasiado tiempo leyendo lo que escribo), son ustedes pretenciosos y tienen cierta fe, relativa, en sus propias posibilidades (nada que ocultar, algunos ya me conocen bien). No demasiada, sino la suficiente como para intentarlo, al menos. Imaginen que esta vez, también, el ánimo les acompaña.

Hecha la composición de lugar, digamos que se da esa conjunción de circunstancias, y me pongo a escribir. He valorado dos alternativas para el eventual resultado. En la primera, una vez a la semana de manera constante y salvo circunstancias de orden mayor que lo impidan, publico aquí los avances realizados, con cierto orden y coherencia, algo así como una novela por entregas. Esto tiene como ventaja que probablemente me obligue a continuar, pero al mismo tiempo, el texto a veces puede requerir un par de pensadas que no le voy a conceder; y si es lo suficientemente bueno en su conjunto como para ser publicado comercialmente, con toda seguridad la publicación "en abierto" frustrará cualquier opción.

En la segunda alternativa, que implica una mayor fe y una mayor pretensión, me guardo lo que escribo para mí, y si acabo algún día, le intento dar salida por los cauces habituales: premios, editoriales, etc. El principal problema en este caso es la dedicación y continuidad, a causa de la adicción desarrollada a la atención y criterio de la gente (ustedes). En otras palabras, tengo fe en algunas cosas, pero no tanta en mi fuerza de voluntad. Obviamente, ambas opciones pueden influir —y adelanto que lo harán— de manera sensible en la periodicidad de publicación de este blog, que últimamente es excesiva.

Ahora imaginen todo eso si son capaces y tienen ganas, y más allá de preferencias personales, pónganse en mi lugar y díganme qué harían ustedes.

Nada más por hoy. Pasen un buen fin de semana y nos vemos, si todo va bien, el lunes. ¡Ah! Los comentarios continúan moderados, pero no se quejen que soy raudo en su publicación.