La jaula de acero

Para mí, la más lúcida descripción de qué somos, en qué nos hemos convertido y hacia dónde vamos:

 

«Uno de los componentes constitutivos del espíritu capitalista moderno (y no sólo de éste sino de toda la cultura moderna): la conducción racional de la vida sobre la base de la idea de profesión, nació del espítiru del ascetismo cristiano.

[...]

El puritano quería ser un profesional, nosotros tenemos que serlo. Pues al ser trasladado de las celdas de los monjes a la vida profesional y comenzar a dominar la eticidad intramundana, el ascetismo contribuyó a erigir aquel poderoso cosmos del orden económico vinculado a los presupuestos técnicos y económicos de la producción mecánica que hoy domina abrumadoramente el estilo de vida de todos los individuos que nacen en este engranaje (no sólo de quienes participan directamente en la actividad económica) y tal vez seguirá determinándolo mientras no se haya apagado el último resto de carburante. De acuerdo con Baxter, la preocupación por los bienes exteriores debería estar sobre los hombros de sus santos sólo como "un abrigo fino que en todo momento uno se puede quitar". Pero la fatalidad hizo que el abrigo se convirtiera en una jaula de acero. Cuando el ascetismo se puso a reconstruir el mundo y a actuar en él, los bienes exteriores ganaron sobre el ser humano un poder creciente y al final invencible, como nunca antes en la historia. Hoy su espíritu ha abandonado esa jaula, quién sabe si para siempre. En todo caso, el capitalismo victorioso ya no necesita este apoyo una vez descansa en una base mecánica. [...] Donde no se puede poner el "cumplimiento de la profesión" en relación directa con los valores culturales supremos, hoy el individuo suele renunciar a interpretarlo.

[...]

Nadie sabe aún quién habitará en el futuro en esa jaula ni si al final de este enorme desarrollo figurarán profecías nuevas, o un potente renacer de viejas ideas e ideales o más bien una petrificación mecanizada adornada con un pavoneo exagerado. Pero entonces podría llegar a ser verdad en relación con los "últimos seres humanos" de este desarrollo cultural lo siguiente: "Especialistas sin espíritu, hedonistas sin corazón: esta nada se imagina que ha alcanzado un nivel de la humanidad desconocido".»

 

Max Weber, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Extracto de la edición de Jorge Navarro Pérez, Ed. Istmo, Madrid, 1998, p. 258-259. La cursiva es del original, la negrita es mía.