¡Libertad!

¿Saben ustedes aquello de todo por el pueblo, pero sin el pueblo? Porque parece que a eso juegan —aunque llevan haciéndolo desde siempre— nuestros políticos europeos. La Unión Europea va camino de aprobar el llamado "Plan de Acción de lucha contra el terrorismo", a raíz de los últimos atentados en Londres, y para mayor seguridad del ciudadano. Entre otras cosas, obligaría a las operadoras de telefonía móvil e Internet a registrar y guardar los datos de las comunicaciones, aunque aparentemente, no el contenido de éstas, al menos no el de las llamadas y correos electrónicos (¿qué pasa con los mensajes de móvil?). El Reino Unido apoya incluso la utilización de cámaras públicas, algo que por cierto, y de acuerdo a un periódico gratuito, ya está listo para ser utilizado en el metro de Valencia. Tócate los cojones.

Bien. A esta gentuza —lo siento— se le llena la boca de palabras como "libertades civiles", "derechos individuales", "jerarquía de derechos", y hacen que todo parezca más bonito, más seguro, más coherente, más razonable. El patético ministro inglés de Interior incluso se atreve a decir que «La libertad de no ser filmado por una cámara no es tan grande como la libertad de tener un juicio justo». Será para usted, porque no acabo de entender de dónde saca esa ficticia jerarquía de derechos. Hay una cosa que se llama derecho a la intimidad, ¿lo sabía usted?. O incluso dice que «los ciudadanos aceptarán algunos sacrificios en su libertad en ciertas circunstancias si se les asegura transparencia para entender el porqué». Ah, ¿pero nos piensan preguntar?

Y no es sólo que de esa información pueda hacerse un mal uso —la palabra es control—, o que pueda pasar a manos de terceros no autorizados o incluso autorizados. Ese es obviamente uno de los problemas, pero la cuestión es que hay una cosa que se llaman derechos, y el Estado no es nadie para eliminarlos. Aunque éste se crea que lo es todo.

Nada. Al final, parece que a fuerza de muertos y atentados, lo van consiguiendo. Limitar la libertad de las personas, con la connivencia y colaboración de todos esos políticos incapaces de ver más allá de sus propias narices. Y lo triste es que, con cámaras o sin ellas, con retención de datos o sin ellos, seguirán matando. Porque a ellos, una vez muertos, se la trae floja que les graben.

Pero a mí no.