Palomitas pitas pitas pitas

Hola holita hola, niños, niñas y pelotitas de goma.

El pasado domingo vi Valiant, una entretenida —gracias, principalmente, al personaje que dobla Florentino Fernández— pero intrascendente pelicula de animación por ordenador. Un seis o siete sobre diez, quizá. Por ello, hoy vengo aquí, desde los remotos confines de... de... de mi habitación, para hablar de un entrañable animal. De ese bonito animal que simboliza la paz y el expolio perpetuo a las oliveras, del que se sirvió Noé para "desembarcar" tras el diluvio universal, que pintó Picasso y muchos otros grandes artistas. Es decir, La Paloma, con mayúsculas. Y no me refiero a la Paloma, esa rubia de diecisiete años que vive en el tercero y que tú piensas que te provoca con sus minifaldas, ni tampoco hablo del Palomo, el maromo de la Paloma y que como te vea mirándola con esa cara de lascivia te va a cruzar la cara. No.

Vengo a hablar, breve pero explícitamente, del ave, la paloma, cuyo nombre zoológico ni lo sé ni me importa. Esos simpáticos y divertidos animales, que veo cada mañana tras aparcar, ejercitarse en el ¿bello? ¿arte? de la danza del apareamiento. Esas ratas voladoras, que transmiten innumerables enfermedades y lo cagan todo con mierdas semilíquidas de magnitud considerable y de mayor corrosidad. La paloma. La puta paloma. Esos bichos asquerosos, infinitamente inferiores al halcón, que las supera en belleza y en cualquier otra virtud alada que se pueda imaginar. Por eso, me resulta indignante que estos señores pongan a la paloma como el prota bueno de la peli, y al halcón como el nazi malo malísimo. Y que además, el halcón no se coma a la paloma. Señores, ¡ni aunque sea por razones históricas!

Así que para vengar el honor del halcón, este agosto quizá me coma un par de palomas, como ya hice el verano pasado. Las mataré, las cocinaré y me las jalaré. Id rezando, bichos inmundos. Vuestro final está cerca.

(Y me entero por la radio que ZP quiere ponernos un Ave no un ave a cada español en la puerta para el 2020. No se ría, no se ría, de la Bruja Avería. Pues a mí, plim.)