Life is beautiful

Si les digo que no tengo tiempo para escribir, espero que se lo crean. Claro que hagan lo que hagan, eso no cambiaría mucho, más que la percepción que tienen de mi persona y su credibilidad (i.e. la de mi persona) en un ámbito más bien reducido de la población mundial, algo que admitámoslo, no es mucho en términos universales; también es verdad que si lo reducimos todo a esos términos, alguien podría decir que nada que pensemos es mucho. Eso es falso, no obstante. Golpeen con todas sus fuerzas el dedo meñique de su mano derecha con un martillo, y les puedo asegurar que no habrá nada tan intenso, grande y descomunal como su dolor, incluso en términos universales. Así que no desprecien su punto de vista, es importante.

En cualquier caso, más allá de reflexiones que no merecen ser llamadas así, es cierto, créanme: no tengo tiempo. Así que tras esta breve introducción les dejo con una frase con la que, a las tres y media de la mañana en un laboratorio del Georgia Tech hace algo más de siete años, Jimmy Chang y yo cerramos un trabajo de Arquitectura de Computadores:

Life is beautiful