Inventario

Confesiones. Brevemente y antes de irme a la cama en la miseria de mi soledad.

Tengo tengo tengo. Veamos. Tengo un piso que reformar; cocina, baño, ventanas, parqué. Eso para empezar. Y gustos caros, tengo gustos caros. Ropa, comida, muebles, etcétera. Lo común. Y tengo tengo tengo, tengo una novia con los mismos gustos caros. Ropa, comida, muebles, etcétera. Lo común. Lo común y arroz con bogavante. Lo común y fideuá. Y tengo, por último, y obviamente, una hipoteca. Una de las que duelen todos los meses. Un buen ejemplar.

Pero de momento, aparte de eso, tengo sólo un colchón, un somier, sus patas y poco dinero. Me gustaría tener más, pero no lo tengo. Más o mucho más, puestos a pedir, pero no. Porque lo que tengo no es mucho, sino poco dinero. Poco. Suficiente, pero poco. No me quejo, no. Sí me quejo. Podría estar peor, sí. Gilipolleces. Y mejor. Claro que tengo un colchón, un somier, cuatro patas, salud y amor. Más. Más gilipolleces, digo. Que tengo poco dinero, decía.

Así que fijaos la de cosas que tengo y la de cosas que no tengo. Y ni he empezado, pero es que ahora mismo, lo que tengo, es sueño.