Adicción a la miseria

Siempre he pensado, de hecho es algo que, como muchas otras cosas, repito bastante a menudo, que la desdicha invita a la inspiración. Sentirse desgraciado es tremendamente productivo, siempre, claro está que no te conduzca al suicidio. Esto no lo sé por experiencia personal, aunque intuyo que muerto uno sólo produce gusanos. 

Pero no sólo llama a la creatividad. El caso es que veces somos más felices siendo infelices, aunque parezca absurdo. O no. Pobrecito de mí, qué voy a hacer ahora. Qué coño. Qué coño. Creo que era Nietzsche —entre otros, claro, porque seguramente Dovstoieski también hablaba de eso, aunque vete tú a saber si sí o si no— el que hablaba del placer que sentimos las personas al regodearnos en nuestra propia miseria.

Supongo que, aventurándome a decir algo sobre lo que no tengo ni puta idea (qué novedad y qué gran ocurrencia), el hecho de que sea tan difícil salir de la depresión tiene, vagamente, algo que ver con esto. Somos alérgicos a la felicidad y adictos a la desgracia.